Así se blinda el Super Bowl LX: el operativo que lo convierte en prioridad de seguridad nacional

El gran juego de la NFL activa el nivel SEAR-1 y coordina a más de 30 agencias federales, estatales y locales

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El Super Bowl LX tiene un nivel de seguridad que servirá para otros eventos como la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos 2028REUTERS

En la narrativa pública, el Super Bowl LX será recordado por el choque entre Seahawks y Patriots, por el rating televisivo y por el show de medio tiempo de Bad Bunny. En los despachos federales y en los centros de mando de seguridad, el partido del domingo en el Levi’s Stadium tiene otro nombre y otra jerarquía. Para el gobierno de Estados Unidos es un evento SEAR-1, una designación reservada solo para acontecimientos de importancia nacional o internacional significativa.

Esa clasificación, otorgada por el Departamento de Seguridad Nacional, coloca al Super Bowl apenas un escalón por debajo de eventos como una toma de posesión presidencial. No es un adorno burocrático. Es el marco que activa recursos, protocolos y una coreografía de agencias que empieza a ensayarse hasta 18 meses antes del kickoff.

En un clima político tenso y polarizado, la NFL y las autoridades locales han buscado un mensaje de continuidad. Normalidad, en el lenguaje del Super Bowl, significa una operación de seguridad de máxima escala, diseñada para que el espectáculo ocurra sin sobresaltos visibles.

Cathy Lanier, directora de seguridad de la NFL y ex jefa del Departamento de Policía de Washington, ha sido clara. La presencia federal alrededor del Super Bowl LX será consistente con ediciones anteriores y con otros eventos globales como la Copa del Mundo o los Juegos Olímpicos de Verano de 2028. En la práctica, eso se traduce en la participación coordinada de cerca de tres docenas de agencias de los tres niveles de gobierno.

La ausencia de agentes de Inmigración y Control de Aduanas dentro del estadio es una nota que ha llamado la atención en el debate público. Para los planificadores de seguridad, sin embargo, no altera el corazón del operativo. El diseño responde al estándar SEAR-1, no a coyunturas políticas específicas.

Un operativo que no improvisa

El plan que hoy se ejecuta comenzó a delinearse hace año y medio. La planificación del Super Bowl LX atravesó fases de análisis de riesgo, simulacros, evaluación de inteligencia y coordinación interagencial antes de entrar en su etapa final durante la semana del juego.

Lanier subrayó un dato clave para entender el tono del despliegue. No existen amenazas conocidas, específicas o creíbles asociadas al partido o a los eventos paralelos. Esa frase no implica relajación. En el universo SEAR-1, la ausencia de amenazas concretas no reduce el nivel de vigilancia, sino que obliga a sostenerlo.

Jeff Brannigan, agente especial coordinador federal del Departamento de Seguridad Nacional, lo resumió con una idea que se repite en cada Super Bowl moderno. La seguridad es un esfuerzo combinado entre agencias, pero también requiere la colaboración del público. La consigna es tan simple como estratégica. Un evento de estas dimensiones no se protege solo con uniformes y tecnología, sino con millones de ojos atentos.

El comisionado Roger Goodell reforzó esa visión al despegar el operativo de cualquier lectura partidista. El Super Bowl LX, dijo, involucra activos únicos a nivel federal, estatal y local, todos trabajando de manera conjunta. No hay cambios estructurales en ese enfoque, independientemente de la administración en turno.

Política, música y cálculo de riesgos

Algunos factores, sin embargo, han simplificado ciertas capas del dispositivo. El presidente Donald Trump no asistirá al Super Bowl LX. Su ausencia elimina uno de los escenarios de mayor complejidad para los responsables de seguridad, el que implica proteger a un jefe de Estado en un evento masivo y altamente televisado.

La decisión no fue casual. De acuerdo con un reporte de Zeteo, asesores del presidente evaluaron como alta la probabilidad de una reacción hostil por parte del público en California, un estado donde Trump mantiene niveles bajos de popularidad. A eso se suma un contexto cultural poco favorable, con artistas como Bad Bunny y Green Day, figuras centrales en la semana del Super Bowl, que han sido críticos abiertos del presidente y de sus políticas.

Para el aparato de seguridad, estos elementos no son anécdotas. Son variables que se integran al análisis de riesgo y que influyen en la asignación de recursos. Un Super Bowl sin la presencia presidencial reduce la necesidad de ciertos anillos de protección, aunque no altera la arquitectura general del operativo SEAR-1.

El Super Bowl como ensayo general

Más allá del domingo, el Super Bowl LX funciona como laboratorio. Cada edición es una prueba de estrés para el modelo de seguridad estadounidense aplicado a eventos de escala global. Las lecciones aprendidas aquí alimentan planes futuros para la Copa del Mundo, los Juegos Olímpicos y otros acontecimientos donde deporte, política y espectáculo convergen.

El objetivo final es que nada de esto sea visible. Que el aficionado solo perciba fluidez, orden y celebración. Detrás de esa experiencia hay meses de reuniones, mapas, simulaciones y coordinación entre agencias que rara vez comparten titulares.

En el tablero estratégico de Estados Unidos, el Super Bowl LX no es solo football. Es un ejercicio de Estado. Un evento SEAR-1 que, por diseño, aspira a pasar desapercibido en todo lo que no sea el juego mismo.