Su bebé es el mejor oro para patinadora italiana... y le robó el show en entrevista

En 2022 puso una pausa en su exitosa carrera para ser mamá y ahora en Milano-Cortina ha regresado con su pequeño en brazos para demostrar que se puede lograr todo.

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Francesca Lollobrigida y su bebe con la medalla de oroCaptura de pantalla

Francesca Lollobrigida no solo corría contra el cronómetro y sus rivales en la pista de hielo; corría contra el viejo estigma que dicta que una deportista de élite debe elegir entre la gloria y la maternidad. El día de su 35º cumpleaños, la italiana se regaló a sí misma la medalla de oro en los 3 mil metros, pero el momento que dio la vuelta al mundo no ocurrió durante la carrera, sino en la zona mixta.

El protocolo saltó por los aires. Su hijo, ajeno a la solemnidad del metal dorado, se convirtió en el auténtico protagonista de la entrevista, recordándole al mundo que detrás de la "mujer de hierro" hay una madre que ha desafiado las convenciones. Eso sí, el pequeñito tenía el metal en su cuello y quería que dejaran en paz a su mamá para tenerla toda completa para él.

La trayectoria de Lollobrigida hacia este oro ha sido un ejercicio de audacia. Tras el éxito en los Juegos de Pekín en 2022, donde cosechó una plata y un bronce, la italiana se encontraba en la cima de su carrera. En ese momento de máxima exposición, tomó la decisión que muchos consideraban un "suicidio deportivo": hacer una pausa para ser madre.

El mensaje que quiero mostrar es que no elegí entre una familia, ser madre y ser patinadora de velocidad. Fui valiente, y por eso estoy tan orgullosa de mí misma”

La imagen de Lollobrigida con su hijo tras la victoria es un manifiesto visual. En un deporte donde la potencia física y la recuperación son críticas, su regreso a lo más alto del podio a los 35 años rompe el techo de cristal biológico que a menudo se impone a las atletas.

La italiana ha demostrado que la maternidad no es un punto final, sino un capítulo que puede coexistir con la ambición profesional. Hoy, el oro brilla más no por el metal, sino por la pequeña figura que, a su lado, robó el espectáculo y validó la valentía de una mujer que se negó a elegir.