Rubén Darío: 5 poemas imprescindibles para entender la literatura en español
A 159 años del nacimiento de uno de los grandes poetas de la humanidad, compartimos 5 de sus poemas más representativos.

Rubén Darío nació en Metapa, República de Nicaragua, un 18 de enero de 1867.
Se trata de es una de las figuras fundamentales de la literatura hispanoamericana. Poeta, periodista y diplomático, está considerado el máximo representante del modernismo literario en lengua española, movimiento que renovó profundamente la métrica, el lenguaje y la sensibilidad poética de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Su nombre completo fue Félix Rubén García Sarmiento. Procedente de una familia paterna conocida como los Daríos, adoptó desde muy joven el apellido con el que alcanzaría proyección universal. Realizó sus estudios elementales en León, donde evidenció una formación humanística precoz y una temprana vocación literaria.
Desde la adolescencia publicó poemas en periódicos locales, caracterizados por un pensamiento liberal, progresista y comprometido con la libertad, la justicia y la democracia. A los 14 años inició su actividad periodística de manera formal.
Tras una estancia decisiva en El Salvador, donde conoció a Francisco Gavidia y experimentó con el verso alejandrino francés, Darío consolidó una innovación métrica que sería distintiva del Modernismo.
En Chile, amplió su horizonte intelectual y publicó su primer libro, Abrojos (1887). Al año siguiente apareció Azul… (1888), obra fundacional del modernismo y punto de inflexión en la poesía en español.
Su producción literaria es extensa y decisiva. Entre sus libros más relevantes se encuentran Rimas (1887), Azul… (1888), Los raros (1896), Prosas profanas y otros poemas (1896), Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas (1905) y Canto a la Argentina y otros poemas (1914).
A ello se suman obras en prosa fundamentales como España contemporánea (1901), La vida de Rubén Darío escrita por él mismo (1913) y Historia de mis libros (1914).
Como diplomático, representó a Nicaragua en Europa y América, residiendo en París, Madrid y diversas capitales latinoamericanas. Su influencia fue determinante en autores como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Valle-Inclán. Falleció en León, cerrando una vida marcada por la creación, el viaje y la renovación definitiva de la poesía en lengua española.
A 159 años del nacimiento de uno de los grandes poetas de la humanidad, compartimos 5 de sus poemas más representativos.
1. Venus
En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud, bajé al fresco y callado jardín.
En el oscuro cielo, Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.
A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante, bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.
«¡Oh reina rubia! -dije-, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,
y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar.»
El aire de la noche, refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.
2. Amo, amas
Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo;
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.
Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

3. Aleluya
A Manuel Machado
Rosas rosadas y blancas, ramas verdes,
corolas frescas y frescos
ramos, ¡Alegría!
Nidos en los tibios árboles,
huevos en los tibios nidos,
dulzura. ¡Alegría!
El beso de esa muchacha
rubia, y el de esa morena
y el de esa negra, ¡Alegría!
Y el vientre de esa pequeña
de quince años, y sus brazos
armoniosos, ¡Alegría!
Y el aliento de la selva virgen
y el de las vírgenes hembras,
y las dulces rimas de la Aurora,
¡Alegría, Alegría, Alegría!
4. Nocturno
Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero rüido...
En los instantes del silencio misteriosos,
cuando surgen de su prisión los olvidados,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
sabréis leer estos versos de amargor impregnados...
Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.
Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
y la pérdida del reino que estaba para mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!
Todo esto viene en medio del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
que penetra y conmueve mi propio corazón.
5. Triste, tristemente
Un día estaba yo triste, muy tristemente
viendo cómo caía el agua de una fuente;
era la noche dulce y argentina. Lloraba
la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba
la noche. Y el crepúsculo en su suave amatista,
diluía la lágrima de un misterioso artista.
Y ese artista era yo, misterioso y gimiente,
que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.
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