Rosa Montero disecciona los claroscuros de la identidad
En su novela Animales difíciles, la autora española profundiza, desde la ciencia ficción, en la realidad del ser humano.

“La ciencia ficción que a mí me interesa es la que se utiliza como una herramienta metafórica para hablar del ser humano, de lo que somos y para profundizar en la realidad”, afirma la escritora española Rosa Montero (Madrid, 1951), que recién publica Animales difíciles, novela que cierra la serie de la detective Bruna Husky, ambientada en el año 2011, cuando investiga un atentado en las instalaciones de la empresa tecnológica Eternal.
Para este cierre, Bruna ya no es la poderosa tecnohumana de libros anteriores —Lágrimas en la lluvia, El peso del corazón y Los tiempos del odio—, debido a que dejó de ser un clon de combate de dos metros de altura.
En esta novela me interesa la identidad en todos sus matices”, explica Montero, explorando lo que somos, cómo nos vemos y el conflicto que hay del ser humano con su cuerpo, “porque no hemos elegido el cuerpo en el que vivimos ni cómo somos, y ese cuerpo está lleno de necesidades perentorias que, al final, nos enferma y nos mata”, comenta a Excélsior.

- TÍTULO: Animales difíciles
- AUTORA: Rosa Montero
- EDITORIAL: Seix Barral, México, 2025; 366 pp.
Montero señala que no le será difícil cerrar el ciclo y dejar al personaje de Bruna
Por otro lado, la también autora de El peligro de estar cuerda y La ridícula idea de no volver a verte acepta que los escritores crean novelas para construir un mundo con personajes estables para visitarlos a menudo; sin embargo, ella considera que no le será difícil cerrar el ciclo y dejar a Bruna.
Desde el inicio no sabía cuántos libros iba a escribir sobre ella, pero cuando pensé y escribí Animales difíciles me di cuenta de que sería el último, porque el conflicto que enfrenta es uno de los más angustiosos: la inteligencia artificial, que es un peligro que enfrentamos en nuestro mundo, y también le había dado otra frontera de lucha: su identidad”, explica.
Recordemos que Bruna había sido una replicante y una clon de combate, fortísima atlética y, de pronto, en Los tiempos del odio, al final, cuando ella está a punto de morir, entra a un experimento y tanto su memoria como su datación emocional son transferidas al cuerpo de otra tecnohumana, en este caso dedicada al cálculo, que es una birria de cuerpo, es decir, de mala calidad, y que sirve para explorar la identidad, el fanatismo y la vejez que nos secuestra, describe.
Ciencia ficción con base en hechos reales
Montero también reconoce que nunca tuvo en mente explorar guerras apocalípticas ni habitar un futuro desbordado. “Siempre he dicho que mis novelas de Bruna son las más realistas y este libro habla del hoy, del ahora, del nosotros y ésa es la ciencia ficción que me interesa, la que me permite profundizar en nuestra realidad.
Además, siempre he querido hacer un mundo que fuera no sólo posible, sino probable en un desarrollo hacia el futuro. Entonces, todas las cosas de las que hablo tienen una base real. Por ejemplo, en esta novela aparece este terrorista que ataca un almacén de tecnología de punta y para ingresar se vale de una capa de invisibilidad.
Entonces, tú puedes leer eso y decir: ‘¡Vale, Harry Potter!’, pero no es así, porque la novela te dice que es una capa de Quantum Stealth, y si tú buscas en internet, te darás cuenta de que es un material de invisibilidad desarrollado por una empresa canadiense, desde 2019, y aunque es semirrígido, dentro de 80 años pienso que podrán producir materiales más flexibles”, aclara.
¿Por qué decidió enfocarse en la identidad? “Es algo tremendo, pero somos animales sociales que dependemos de la mirada de los demás para construirnos. Juan Villoro, muy amigo y admirado, me contó una vez la historia de una práctica cruel que hay en una comunidad mexicana, creo que en Chiapas, que se llama Los plantados”.
Dicha práctica, abunda, consiste en que una comunidad se pone de acuerdo para implantar una idea en el cerebro de una persona, convenciéndola de alguna fortaleza inusitada o de una característica especial que puede llevarla a realizar acciones extremas o presas de un fanatismo inexplicable.
Todos dependemos del reflejo de la mirada de los otros y la única manera en la que podemos controlar eso es cuidando muy bien en quiénes nos miramos. Si esto es la construcción de la personalidad en un mundo tan desarraigado como el nuestro, en el que la gente está sola y atomizada, con un ruido ensordecedor de las redes sociales… todo eso hace que la gente enloquezca y se fomenten políticas del odio como las que hoy vivimos”, concluye.
*mcam
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