Rolando Villazón: “Mozart fue el primer freelance de la música”
Durante un conversatorio en el Festival Paax GNP, el tenor mexicano explicó que el compositor austriaco dejó de depender de mecenas para vivir de su obra, una decisión que marcó su legado y transformó la historia de la música.

PLAYA DEL CARMEN.— “Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) no fue un músico que creó música para describir su alma o construir su biografía, sino para ganarse la vida, especialmente en Viena, cuando ya no logró contar con algún mecenas. Eso fue para nuestra fortuna, porque entonces se volvió el primer freelance (de la música)”, comentó ayer el tenor mexicano Rolando Villazón durante el conversatorio que ofreció en el marco del quinto Festival Paax GNP.
Esto luego de asombrar al público, la noche del jueves, con el concierto ¡Viva la zarzuela!, donde interpretó romanzas y duetos al lado de la soprano española Serena Sáenz. Y agregó: “Mozart fue violinista, consumado pianista, tocaba la viola, era director de orquesta y le fascinaba hacer música con los demás, y eso es lo que sentimos al escucharlo: que él está haciendo música con nosotros y por eso se siente cercana”.
“¿Qué es Mozart?”, se cuestionó Villazón.
Para mí es mi mejor amigo, es esos 10 minutos diarios que lo escucho y lo que me impulsa a hacer cualquier cosa… Yo creo que cada uno de nosotros tiene su propio Mozart, el divertido, el serio, el profundo, el espiritual, el crítico de la iglesia, aunque, al mismo tiempo, era muy religioso.
“Cada uno de nosotros que amamos a Mozart tenemos nuestra propia versión y pregúntenle a cualquier cantante. Por ejemplo, a uno de los nuestros, de los más grandes como Francisco Araiza o Ramón Vargas, que lo han cantado muchísimo y les contarán una historia como si se tratara de un amigo con el que se fueron a tomar vino, a platicar y filosofar. Todos tenemos un Mozart hasta el fondo del alma”, aseveró el tenor mexicano que es director artístico del festival de la Semana Mozart y de la Fundación Internacional Mozarteum.

Villazón también dedicó una parte de la charla, guiada por Gerardo Kleinburg, a los peligros de las redes sociales, de las cuales él se mantiene alejado. “La verdad es que llegué tarde al futuro y nunca me voy a acostumbrar a apachurrar los botones en la pantalla. Fue por pereza que no cambié, pero resultó ser muy benéfico, porque hoy tengo tiempo de hacer lo que me encanta, como leer un libro por semana y escuchar música sin hacer nada más.
La verdad es que llegué tarde al futuro y nunca me voy a acostumbrar a apachurrar los botones en la pantalla. Fue por pereza que no cambié, pero resultó ser muy benéfico, porque hoy tengo tiempo de hacer lo que me encanta, como leer un libro por semana y escuchar música sin hacer nada más.
“Aunque eso es algo que ya hemos olvidado, porque en los conciertos se piensa más en poner el celular para grabar, es decir, ya no estamos sólo participando del evento musical y viviéndolo”.
Otro de los peligros que observa en las redes es “la necesidad de presentarnos como el personaje principal de nuestra historia, haciéndolo de una manera artificial”, lo que como artistas es un peligro porque se convierte en una prioridad, “cuando lo más importante es ser el mejor artista que puedes ser, entregarte a la música y no tu mejor look en un Instagram”.
Y agregó:
“Nietszche decía que nosotros tenemos que ser una obra de arte y las redes sociales pueden contribuir a eso, pero pueden hacer que esa obra sea muy superficial… Las redes sociales tienen el peligro de transformarse en una prioridad (para el artista) cuando tendrían que ser sólo un instrumento, donde la fama y la reputación son consecuencias, y no metas. La única meta tiene que ser artística… Pero hoy se puede ser famoso sólo por ser famoso; es fama por fama”.
Por último, lamentó que las redes hayan propiciado la extinción del misterio en torno a las grandes figuras como Montserrat Caballé o Mario del Mónaco. “Se ha perdido un poco el misterio y se ha banalizado la figura del artista”.