Restauran mural de la parroquia de la Sagrada Familia en la colonia Roma
La intervención del mural de Gonzalo Carrasco en la parroquia de la Sagrada Familia reabre el debate sobre la conservación del patrimonio religioso

La restauración de la pintura mural de la Parroquia de la Sagrada Familia, en la colonia Roma de la Ciudad de México, vuelve a poner sobre la mesa un tema recurrente: la fragilidad del patrimonio artístico religioso y la responsabilidad compartida de cuidarlo. En una ciudad donde el crecimiento urbano y la contaminación han pasado factura a numerosos templos históricos, cada intervención de este tipo cobra un sentido que va más allá de lo técnico.
El templo, construido entre 1910 y 1925, pertenece a un periodo particularmente convulso de la historia nacional, atravesado por la Revolución Mexicana y por una redefinición profunda de la relación entre el Estado y la Iglesia. Su arquitectura ecléctica, con rasgos neogóticos y neorrománicos, da cuenta del empeño por mantener viva una tradición estética en un contexto político poco favorable.

Una obra mural en su contexto histórico
En ese marco se inscribe la pintura mural que hoy está siendo intervenida. No se trata solo de un elemento decorativo del espacio litúrgico, sino de una obra que concentra las aspiraciones espirituales y culturales de su tiempo. La escena de la Sagrada Familia en la Gloria del Cielo —poco común en el arte sacro mexicano— se presenta como una imagen de equilibrio y trascendencia.

El autor es Gonzalo Carrasco Espinoza, sacerdote jesuita y pintor, una figura atípica dentro de la historia del arte nacional. Formado en la Academia de San Carlos, Carrasco combinó una sólida preparación académica con su vocación religiosa, desarrollando una obra mural que se extendió por México, Estados Unidos y España.
La pintura fue realizada entre 1924 y 1925 y ocupa cerca de 94 metros cuadrados en la bóveda del ábside. Ejecutada al óleo sobre aplanados de cal, destaca por la soltura de la pincelada y por un manejo del color que aporta profundidad y movimiento a la escena celestial.

Carrasco trabajó en un momento marcado por fuertes tensiones. Su producción antecede a la Guerra Cristera, cuando la manifestación pública de la fe católica enfrentaba restricciones severas. Ese contexto le otorga a la obra una carga simbólica que va más allá de lo estrictamente devocional.
Reconocimiento patrimonial y diagnóstico
La parroquia de la Sagrada Familia está inscrita en el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles del INAH y cuenta con la declaratoria de Inmueble con Valor Artístico del INBAL, un doble reconocimiento que subraya su importancia patrimonial.
El diagnóstico de conservación dejó en evidencia daños acumulados durante décadas:
- Suciedad generalizada
- Eflorescencias salinas
- Abombamientos
- Pérdidas de capa pictórica
Las causas son conocidas: filtraciones de agua, contaminación ambiental y el uso constante de velas e incienso.
Estas alteraciones no solo afectaban la estabilidad material del mural, sino también su lectura visual. La escena había perdido continuidad y claridad, dificultando la apreciación de los valores formales y simbólicos planteados por el artista.
El proceso de restauración
El proyecto de restauración es impulsado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el CENCROPAM, en coordinación con la restauradora Denise Charua Ayala y el Patronato Sagrada Familia Roma. La financiación corre a cargo del propio patronato, un dato que habla del involucramiento directo de la comunidad.

Los trabajos incluyen:
- Limpieza especializada
- Eliminación de sales
- Consolidación de aplanados
- Fijado de la capa pictórica
- Reintegración cromática
Todo se realiza bajo criterios de respeto al original, compatibilidad de materiales y reversibilidad, principios básicos de la restauración actual.
En la intervención participan diecisiete técnicos especializados, además de dos restauradores del Taller de Pintura Mural del CENCROPAM. Las labores comenzaron el 5 de enero y, según el calendario oficial, concluirán el 10 de febrero de 2026.
La restauración no busca devolverle a la obra una apariencia idealizada ni borrar todas las huellas del paso del tiempo. El objetivo es más preciso: estabilizar el mural y recuperar la legibilidad de la imagen para que el espectador pueda acercarse, de nuevo, a la intención original de Carrasco.
Más allá de la intervención técnica
Especialistas en arte sacro destacan la figura de Gonzalo Carrasco como un puente entre la tradición académica del siglo XIX y los cambios artísticos del México posrevolucionario. Su obra, al margen del muralismo social dominante, ofrece otra forma de entender la modernidad artística desde lo religioso.
La intervención también ha reactivado la discusión sobre la conservación preventiva de los templos históricos en zonas urbanas densamente pobladas. Sin planes a largo plazo, advierten los expertos, los esfuerzos de restauración corren el riesgo de quedarse en soluciones momentáneas.
En ese sentido, la restauración de la Sagrada Familia recuerda que el patrimonio no es un conjunto de piezas intocables, sino bienes vivos que requieren atención constante y políticas públicas sostenidas. Cada decisión técnica, al final, implica también una postura cultural.
Más allá de lo material, la recuperación del mural devuelve a la colonia Roma y a la ciudad un fragmento de su memoria visual. La obra vuelve a dialogar con el espacio litúrgico y con la comunidad que lo habita, reafirmando su sentido simbólico.
La restauración de la pintura mural de la Parroquia de la Sagrada Familia no solo rescata una obra de notable calidad artística; también invita a repensar el lugar del arte religioso dentro del relato cultural contemporáneo y el valor de cuidarlo como parte activa del patrimonio mexicano.
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