Rafael Lozano-Hemmer: Crear comunidad a través del arte
El artista digital exhibe 9 instalaciones, en recorrido nocturno, que exploran la luz, el sonido y el movimiento, y se activan con el cuerpo en tiempo real

El artista digital mexico-canadiense Rafael Lozano-Hemmer (1967) está convencido de que el objetivo del arte es “que la gente se junte, se reúna, que sea una excusa para crear comunidad entre participantes de realidades dispares”.
Considera que “esto es fundamental en una época política en la que reina la división. Debemos crear experiencias para interactuar. Ante un nuevo fascismo, como el que estamos viviendo, el arte tiene dos opciones: generar obras casi políticas o sanar a través de la creación de comunidad y de lenguajes”.
Por esta razón, el creador que vive en Quebec (Canadá) desde hace 30 años, explora el poder del sonido, la luz, el calor y el movimiento para dar vida, a través de la tecnología, a instalaciones de gran escala que “no existen sin la participación del público”.

Del 11 de febrero al 25 de abril, el Museo de Arte Moderno (MAM) exhibirá la exposición Rafael Lozano-Hemmer: Jardín inconcluso, un recorrido nocturno que integra nueve instalaciones de gran escala en la Sala Gamboa, el redondel y jardín del recinto. “Tres son estreno mundial y seis son derivadas de otras que he presentado en otras ciudades”.
+Jardín inconcluso, una experiencia totalmente inmersiva para el espectador
Las instalaciones responden en tiempo real al calor, a la voz, al pulso y a los movimientos del espectador. “Me importa que no sean obras tecno-optimistas. Muchos piensan que la tecnología viene a resolver asuntos y creo que es lo contrario. Estoy sumado a las críticas de esta tecnología, sobre todo la inteligencia artificial.
Las cámaras son objetos de depredación. La tecnología está aquí para agredirnos, para encontrarnos. Busco que se conviertan en momentos para compartir. Somos mucho más que nosotros mismos”, explicó ayer en rueda de prensa.
Un faro sensible a la radiación cósmica, una calzada de voces que se configura y disuelve a partir de la interacción de los visitantes con archivos de la Fonoteca Nacional, una instalación sonora compuesta por 3 mil altavoces y un paisaje de luces activado por los latidos del corazón son algunas de las obras con las que Lozano-Hemmer regresa a un museo público mexicano, después de diez años de haber exhibido en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM.
Mis obras se caracterizan por estar inconclusas y fuera de control. La percepción es algo activo. Estamos en constante relación con nuestro entorno. Deseo que ese retrato corporal se convierta en paisaje, en algo que puede desaparecer, olvidar. Inconcluso no es malo, sino algo que nos da esperanza en un mundo mejor”, agrega.

¿Cuáles son las instalaciones de gran escala en la exposición de Lozano-Hemmer?
Las experiencias que se podrán vivir serán Faro colisionador, que integra una luz giratoria cuya intensidad responde a la radiación cósmica y funciona como un marcador del tiempo o un radar que escanea el cielo; Cuerdas vocales, el movimiento de este órgano al leer fragmentos de un texto escrito en 1837 por el científico Charles Babbage.
Además, Calzada de voces, una obra que traduce las palabras emitidas por los visitantes en líneas de luz centelleante, proyectadas en dos intercomunicadores; Caudales resurgentes está dedicada a la poesía indígena contemporánea de México, las palabras aparecen como un flujo de letras que se desplazan a lo largo de trayectorias que no se repiten; y Atmosfonía de campo, instalación que sorprenderá a los visitantes en un entorno interactivo de luz y sonido compuesto por 3 mil pequeñas bocinas.

Y las otras cuatro obras son Reflector espiral, Homenaje a Felguérez, Deriva térmica y Jardín de corazonadas, obra monumental que cierra el recorrido a través de una gran instalación compuesta por 4 mil focos que traducen los latidos cardiacos de los visitantes en luz y sonido.
La idea es crear consciencia de que somos mucho más que nuestro cuerpo, que podemos conectarnos con el universo, con la naturaleza y con otros seres humanos. Pero, a la vez, es celebrar la fragilidad de lo efímero, que estamos aquí por un rato, que compartimos este momento, una sucesión de esos hechos es la vida.
Hacemos arte y estamos conviviendo conscientes de que hay un fin y eso le da sentido, que va a terminar, que nos vamos a borrar”, concluye quien desea instalar su estudio en México.
*mcam
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