Pese a resguardo, persisten carencias; Archivo Concepción Béistegui
Aunque el acervo histórico no está en el abandono, enfrenta pendientes como su restauración parcial, el cambio de guardas y su digitalización

La investigadora y escritora Angélica Solchaga aseguró que el Archivo Concepción Béistegui, integrado por más de 8,000 fojas, no se encuentra en el abandono ni en riesgo de perderse, sino que está “perfectamente organizado, catalogado y registrado”, por lo que no se encuentra en riesgo ni está en el abandono.
Así lo dijo durante una visita al acervo resguardado en el Museo de Sitio del Antiguo Hospital Concepción Béistegui —en el número 7 de la calle Regina, en el Centro Histórico—, administrado por la Fundación para Ancianos Concepción Béistegui (IAP), que dirige Angélica Patricia Rodríguez Alemán.
Sin embargo, durante un recorrido realizado por Excélsior no sólo se confirmó que parte del acervo está en buenas condiciones, sino que también existen pendientes y carencias que requieren atención y recursos presupuestales.
Por ejemplo, aún está pendiente la digitalización de los documentos históricos, la restauración de documentos que visiblemente están en proceso de deterioro y concluir el trabajo de la fototeca.
A esto se suma la ausencia de dataloggers para llevar el control de temperatura y humedad del espacio, el necesario cambio de guardas de primer y segundo nivel, así como la falta de señalética física y digital que indique la existencia del acervo in situ, además de un espacio de consulta y de un responsable que atienda a los visitantes.
Esto, luego de que Francisco Hernández, anterior encargado del archivo, alertara la posibilidad de que el conjunto documental pudiera perderse, ante la falta de claridad sobre su conservación y apertura.
PAPELES DAÑADOS
En la visita, se pidió a Solchaga el acceso a los documentos que recibió Béistegui como agradecimiento por su apoyo financiero.
Al respecto, la investigadora reconoció que “justamente esos son los (documentos) que requieren restauración”.
Incluso, el contador del inmueble, Román Garnica O., expuso que los tenía en su oficina, en un fólder, porque Francisco Hernández le había comentado que “tienen hongos y andaba buscando a alguien que los pudiera restaurar y proteger”.
¿Qué ocurre con estos documentos que se están deshaciendo?, se cuestionó a Solchaga. “Esto está superdictaminado por la UNAM, pero, bueno, eso es lo que hay que concienciar a las administraciones, de las joyas que tienen en sus manos, del valor histórico de todos los acervos. Entonces, a título personal te agradezco mucho que estés aquí, porque si alguien ha luchado por este archivo he sido yo”.
¿Cuál fue el diagnóstico de la UNAM respecto de estos papeles? “La realidad es que como son documentos muy sensibles, la UNAM no se los quiso llevar, porque aparte tiene que pasar por ese proceso administrativo de cartas, autorizaciones, o sea, qué flojera. Entonces, la UNAM lo que quiso fue venir aquí con su laboratorio, traer un grupo de estudiantes y que trabajaran acá, pero en ese tiempo, entre 2017 y 2018, pues la administración ya no lo permitió”.
MIRADA DEL INAH
Durante el recorrido también estuvo presente Miguel Nájera, encargado de bibliotecas y archivos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien luego de visitar el espacio hizo un breve diagnóstico: “Visualmente veo el archivo en buenas condiciones”.
Sin embargo, coincidió en las carencias antes expuestas, desde la necesaria señalización del espacio hasta el cambio de guardas, los dataloggers, la restauración de los papeles dañados y un diagnóstico a detalle para determinar el tipo de intervención que se le tiene que hacer a cada uno de los documentos.
“El día de hoy yo vengo a ver cómo está la situación, entregaré mi reporte y nos reuniremos las áreas especializadas (la Coordinación de Conservación y la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia) para ver el manejo”, expuso a este diario.
En la visita se detalló que el museo de sitio cuenta con una biblioteca con 475 libros de los 3,000 que alguna vez tuvo, así como cientos de objetos quirúrgicos de los siglos XIX y XX, y una botica con 75 frascos de cerámica esmaltada, hechos ex profeso en Lunéville, Francia, aunque más de 300 fueron regalados como galleteros durante la administración pasada, detalló Solchaga.
Documentos requieren diagnóstico
Durante la visita, este diario consultó a Miguel Nájera, del INAH, sobre qué pasará con este acervo en el mediano plazo, si se mantiene en las condiciones actuales.
“Por eso decía lo del datalogger, precisamente, para ver cuáles son las condiciones de humedad en este espacio, porque si hay mucha variabilidad podría considerar un posible riesgo.
“Ahorita, revisando y viendo, lo que yo creo que sí urge es hacer el cambio de las guardas de primer nivel para buscar el tipo de papel ideal”, expuso.
También reconoció que se requiere de una intervención en parte de los documentos, por lo que sería necesario revisar el tema internamente con el INAH.
Además, en el caso de la digitalización, reconoció que ese trabajo no podría realizarse en el museo de sitio, pero al considerar su extracción, “se tendría que realizar un avalúo y un seguro para su traslado”.
Además, reconoció que, luego de la digitalización, se tendría que determinar el software que se requeriría para subir la información
Finalmente, coincidió en que tanto el museo como su página web deben anunciar claramente que resguardan este archivo histórico.
Juan Carlos Talavera
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