Pervive ritual huasteco de petición de mano en Veracruz
Para muchas familias nahuas esta ceremonia de respeto entre familias es un paso indispensable antes del matrimonio

CHICONTEPEC.– En varias comunidades indígenas de este municipio, la ceremonia de petición de mano continúa realizándose con fuerza y significado, pese a los cambios sociales y a la migración que han transformado la vida cotidiana en la región. Para muchas familias nahuas, este ritual sigue siendo un paso indispensable antes del matrimonio y una expresión de respeto.
De acuerdo con autoridades comunitarias, la práctica se mantiene especialmente en localidades donde la vida ceremonial conserva un peso central en la organización social. Allí, la unión de una pareja no se concibe como un acuerdo individual, sino como un pacto entre familias que deben reconocerse, dialogar y establecer compromisos mutuos.
La ceremonia suele iniciar con la visita de un mensajero o mediador, quien acude a la casa de la familia de la joven para solicitar formalmente el permiso. El encuentro incluye un diálogo ritual cargado de cortesías, silencios y fórmulas tradicionales, así como la entrega de presentes —pan, café, aguardiente, tamales o gallinas— que simbolizan reciprocidad y buena voluntad.
Para los mayores, este proceso no solo legitima la unión, sino que reafirma la continuidad cultural. “Mientras haya quien respete la palabra y el consejo, estas costumbres no se van a perder”, expresan habitantes de la zona.
Gabriela Cortés, antropóloga especializada en la región huasteca, aseguró que esta tradición continúa aunque cada vez son menos las parejas que llegan a unirse bajo estos protocolos.
“Muchos jóvenes han emigrado y pierden estas costumbres, llegan casados o ya hicieron su vida en pareja sin casarse o se ajustan a los rituales modernos porque no hacen su boda en el pueblo”, explicó.
Sin embargo, otros regresan para continuar la tradición.
“Este no sólo es un compromiso de dos, son dos familias que se unen y la unión se consolida con el ritual de petición”, reiteró la antropóloga Gabriela Cortés.
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