París, el santuario eterno de Elena Garro
La narradora y poeta mexicana, Elena Garro, vivió en la Ciudad Luz un total de 20 años en cuatro periodos; la embajada de México en Francia abrió una biblioteca en su honor

“Lejos de París me siento perdida”, “París me dio la alegría que perdí en México”, “En París me he sentido reconfortada”, “Nadie se puede arrepentir de vivir en París” y “París no cansa nunca”. Éstas son algunas frases que la escritora mexicana Elena Garro (1916-1998) dedicó a la Ciudad Luz, a la que consideraba un santuario donde podía crear.
La narradora y poeta vivió en la capital francesa un total de 20 años en cuatro periodos distintos, explica en entrevista su biógrafa Patricia Rosas Lopátegui: la conoció en 1937, regresó y se quedó de 1946 a 1952, después de 1961 a 1963 y, finalmente, se estableció de 1981 a 1993, cuando volvió definitivamente a México.
En una de sus despedidas de la urbe gala, la novelista, cuentista y dramaturga detalló en uno de sus diarios: “El 6 de junio de 1952 dejo París. (...) Cuando arranca el tren, tengo la impresión de que he muerto”.
Biblioteca Elena Garro en París
La especialista en la vida y la obra de, Elena Garro, afirma que el enamoramiento por París de la también periodista y activista social se debía a que la inspiraba. “Aquí escribió muchos de sus mejores poemas y el primer borrador de su novela cumbre, Los recuerdos del porvenir, hacia finales de 1951”.
Por todo esto, considera, “es muy significativo y relevante” que la embajada de México en Francia haya inaugurado la Biblioteca Elena Garro, en su residencia oficial en París, el pasado 19 de marzo, en el marco del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre el país azteca y el galo.

La catedrática de la Universidad de Nuevo México narra que la apertura de la biblioteca, a la que donó unos 25 libros, entre obra de Garro, algunas primeras ediciones, y títulos de su autoría como biógrafa, formó parte de un homenaje que incluyó la mesa redonda “Elena Garro, de ida y vuelta en París”.
En el conversatorio, organizado por Blanca Jiménez Cisneros, embajadora de México en Francia, y Alicia Moreno, a cargo del protocolo, participaron los especialistas Rocío Luque, Pamela García Maldonado, Alejandra Díaz y Eduardo Ramos Izquierdo.
Lopátegui leyó un texto de Francisco Guerrero Garro, sobrino de Elena, quien vivió con ella siete meses en París en los años 60, pero no pudo asistir a la velada por motivos de salud.
“Querían hacer un acto significativo para homenajearla y reconocer su trayectoria y su legado. Desean que la biblioteca albergue toda la obra de Garro y los trabajos de investigación en torno a ella. Doné un acervo semilla, además de fotografías y manuscritos, que irá creciendo poco a poco. Planeo conseguir más primeras ediciones”, destaca.
Libros de Elena Garro donados a la nueva biblioteca
- La casa junto al río
- Y Matarazo no llamó...
- Un corazón en un bote de basura
- Revolucionarios mexicanos
- Un traje rojo para un duelo
- Sócrates y los gatos
- Obras reunidas (Teatro)
- Memorias de España 1937
- Inés
- Testimonios sobre Mariana
La egresada del Tec de Monterrey espera que, con este reconocimiento, las editoriales francesas se interesen en traducir la obra de Garro, considerada una de las escritoras más importantes del siglo XX. “No está traducida al francés, excepto Los recuerdos del porvenir, pero con el título de La amante de Iztepec, que deja mucho que desear”.
Elena Garro y sus viajes a París
La biógrafa evoca que Elena Garro vivió París en distintos momentos históricos. “Llegó por primera vez en junio de 1937. Tenía 20 años. Había terminado de leer a Alejandro Dumas y ve la ciudad a través de la literatura.
“Regresó de 1946 a 1952, casada con el poeta Octavio Paz, en plena posguerra, y enfrentó la escasez de comida y la falta de luz. Pero fue uno de sus periodos más creativos. Construyó un sinfín de poemas, como A mi sustituta en el tiempo (1947), que se ha convertido en una de sus composiciones más icónicas”, detalla.

La doctora en Letras indica que, cuando Elena retornó de septiembre de 1961 a junio de 1963, radicó en la casa que había habitado Molière, en la calle l’Ancienne-Comédie. “Escribió mucho teatro, La dama boba y reafirmó Felipe Ángeles. Estaba feliz. Regresó a México por un proyecto cinematográfico con Marcel Camus, basado en su relato Sólo de noche vienes; que incluía a su prima Amalia Hernández y a su ballet. Pero no se logró”.
Y Elena Garro se estableció en París por última vez de 1981 a 1993. “Encontró su santuario después de haber padecido el ostracismo en Nueva York y en Madrid. Y seguía escribiendo. No debió regresar a México de nuevo, pues no volvió a escribir. Lo hizo por su hija Helena Paz”, dice.
Lopátegui acaba de presentar en España su libro “Elena Garro: Secuelas del patriarcado”, con los materiales que resguarda la Universidad de Princeton.
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