Noches blancas: prosa de Dostoievski rompe puentes
Esta novela breve del escritor ruso llega a México en la traducción de Marta Sánchez-Nieves y con las ilustraciones de Nicolai Troshinsky

Nostalgia, soledad, ilusión y un amor inocente en San Petersburgo son algunas claves que alimentan a Noches blancas, novela breve del escritor ruso Fiódor Dostoievski, descrito por Stefan Zweig como “el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos”.
El volumen, que llega a México en la traducción de Marta Sánchez-Nieves y con ilustraciones de Nicolai Troshinsky, cuenta la historia de un idilio entre dos jóvenes que se conocen de manera fortuita a la orilla de un canal, quienes llevan vidas paralelas y que esperan confluir al cobijo de aquella luz eterna.
“La novela nos aproxima a un Dostoievski que puede disfrutar cualquier lector y que puede funcionar como un primer encuentro, antes de llegar a libros más largos y filosóficos. Aquí tenemos una novela con una carga de melancolía y belleza, en una atmósfera de noches blancas, fenómeno natural donde San Petersburgo recibe 24 horas continuas de luz natural”, comenta a Excélsior Sánchez-Nieves.
Además, la ficción es encarnada por un personaje solitario, idealista e introvertido –de quien no sabemos su nombre–, quien busca un instante de felicidad, hasta que conoce a Nástenka, una mujer que le descubre el amor.
Pero más allá de la ficción, Sánchez-Nieves también habla sobre lo que implica una traducción y lo que hoy está en juego con la inteligencia artificial generativa.
“Traducir es un oficio que acerca culturas y rompe puentes —ojalá rompiera puentes entre culturas y naciones—, que no deja de ser un oficio manual, que requiere mucho cuidado y al que hay que prestarle atención porque nos lleva a otros mundos que, de otra forma, no conoceríamos.
“Pero es un oficio y como tal hay que valorarlo, porque no somos personas que estemos en una torre de marfil con pluma y papiro, sino que somos una especie de zapatero remendón que vivimos de esto, o que queremos vivir de esto, pero si no podemos hacerlo, tenemos que abandonar la profesión y a ver quién nos va a facilitar ese acceso a la literatura de otros mundos”, asevera.
Sánchez-Nieves también habla sobre la idea de colocar el nombre del traductor en la portada y acepta que es insuficiente.
“El tema del nombre en la cubierta está muy bien, pero a veces es como un arma de doble filo, porque queda bonito, veo mi nombre, le puedo mandar una foto a mi madre, pero se trata de que el reconocimiento de la sociedad venga acompañado de un reconocimiento económico, porque a veces las traducciones son malas o no son todo lo buenas que debieran, pues el traductor tiene que hacer un libro al mes y a veces eso es imposible”, expone.
Y es que cuando el traductor acepta más encargos para vivir de forma medianamente digna, apunta, “uno no puede dedicarle el tiempo suficiente (a una traducción) para que salga realmente bien, y luego también hay que tener en cuenta que, por lo menos en España, el mercado editorial juega muy rápido y puede retirar una novedad en los próximos 15 días”, en especial los grandes grupos editoriales, que cada vez exigen entregas más rápidas.
Así que, en este punto, acepta, es importante cuidar el oficio. “Un zapatero remendón no puede hacer un zapato a mano o arreglar una bota con rapidez para que no se te vuelva a meter el agua, y esa parte, tal como funciona ahora mismo el mercado editorial en España, es algo muy loco que perjudica la calidad. De hecho, te diría que hay editoriales a las que les da igual si se traduce de una forma u otra mientras el libro se venda bien”.
¿Y qué ocurre con la IA generativa?, se le cuestiona a Sánchez-Nieves, que celebra una década de haber traducido Noches blancas, que le concedió el XI Premio de Traducción Esther Benítez y recién llega a México.
“Es muy gracioso, pero triste que ahora empecemos a hablar mucho del traductor humano, como si fuera algo (excepcional). Pero, bueno, la IA ha irrumpido, aunque yo creo que hay editoriales que seguirán cuidando todos los pasos de la edición del libro y que entienden que a veces hay que esperar algunos años para ver un libro en otra lengua… Entonces, yo creo que siempre habrá un reducto para la calidad”, concluye.
EL EDITOR RECOMIENDA



