Nayelli Ojeda: moldea la fragilidad en Yugen
La cineasta mexicana convierte el barro, la memoria y la incertidumbre en una historia sobre los lazos que resisten al tiempo

Durante ocho años, la cineasta mexicana Nayelli Ojeda convivió con barro, marionetas, hojas secas y fuego azul para levantar Yugen, un cortometraje de stop motion que nació desde una pregunta simple y dolorosa: cómo sobrevivir a la idea de perder a alguien que amas.
La historia sigue a una niña que vive conectada con su hermana a través de un fuego misterioso. Pero detrás de esa fantasía hay otra historia más real: la de una directora intentando sostener un proyecto mientras el tiempo, la falta de recursos y hasta los temblores ponían la producción constantemente en riesgo.
Amo profundamente a México y Yugen es una carta de amor a México y a lo que representamos. Por supuesto que fue un proyecto con mucha incertidumbre desde el inicio: la búsqueda de financiamiento, los retos de producción… Nos tocó pandemia, temblores, fallas en el equipo, no contábamos con un foro totalmente equipado. Todo eso te transforma como creadora y también desde la producción, porque tienes que resolver problemas técnicos, logísticos y humanos para poder llevar a cabo el proyecto”, confesó Ojeda a Excélsior.
La idea comenzó mientras tomaba un taller de barro oaxaqueño en el Centro Cultural Diego Rivera, en Tláhuac. Ahí entendió que la cerámica podía hacer algo más que decorar una historia; podía convertirse en parte de su emoción y de su discurso.
Yugen es un cortometraje de stop motion de fantasía mexicano. Una niña de cerámica convive con su hermana a través de un fuego azul, pero cuando este fuego decide llamar de vuelta a los árboles de la vida, ella debe decidir si puede conservar a su hermana. De ahí que la historia habla de la fragilidad de la vida y de los lazos que nos sostienen y nos definen”, explicó
La directora descubrió que el barro tenía algo profundamente humano: podía ser sólido y hermoso, pero también romperse con facilidad. Esa contradicción terminó guiando toda la película.
Desarrollé esta filosofía alrededor del material, es decir, de la cerámica. Era el material idóneo para stop motion porque, por sus características, no solamente es sólido, fuerte y bello, sino que también es extremadamente delicado, como la vida humana lo es. Entonces quería complementar la historia no solamente desde la parte narrativa, sino también desde la plástica y los materiales; que desde el mismo diseño de producción los materiales estuvieran contando la historia”, detalló.

Una película hecha con las manos
Mientras buena parte de la animación actual apuesta por mundos digitales y producciones cada vez más rápidas, Ojeda decidió construir el suyo desde lo artesanal. No sólo como una elección estética, sino como una forma de defender algo que siente cada vez más distante en México: el valor de lo hecho a mano.
La directora contó que trabajar con familias artesanas y con materiales orgánicos terminó modificando incluso la manera en la que entendía la película.
La cerámica genera lazos, identidad y tejido social. Yo quería que Yugen utilizara materiales locales con una fuerte identidad arraigada a nuestro país y que además dignificara el trabajo hecho a mano. Quería darle voz y memoria a lo artesanal y también crear un proyecto que pudiera sobrevivir a los años, acercando nuevas audiencias, jóvenes y niños, a recordar el material con el que convivimos en distintas partes del país”, explicó.
Por eso los escenarios fueron construidos con hoja de maíz, nopal, coco y musgo deshidratado. Todo debía sentirse vivo y conectado con la naturaleza. Pero esa decisión también volvió el rodaje mucho más complejo.
En el stop motion cada movimiento requiere tocar físicamente a los personajes, y hacerlo con marionetas de cerámica implicaba convivir diariamente con el desgaste y el riesgo de fractura.
Algo que sucede en una producción de stop motion es el desgaste de los materiales, y con la cerámica eso se vuelve mucho más delicado porque tenemos que manipular constantemente las marionetas. Eso significaba que el acting y la actuación de las marionetas tenían que sostenerse con una animación híbrida a unos y a dos, dependiendo de la emoción, la escena o la complejidad”, recordó.
Con el tiempo, Ojeda entendió que la película no debía imponerse sobre los materiales, sino dialogar con ellos.
En vez de forzarla, era crear una conversación con la materia prima de la animación, que era el movimiento. Y cómo sostener este diálogo durante tanto tiempo, porque el rodaje duró seis meses. Era mantener viva esa conversación con la naturaleza para que la historia pudiera contarse”, agregó.

Ocho años de resistir
El proceso de Yugen avanzó lentamente entre etapas de prueba, búsqueda de apoyos y pausas obligadas por el sistema de financiamiento cinematográfico en México.
Primero llegaron los prototipos, las pruebas con distintos tipos de barro y los intentos por encontrar una técnica que pudiera sostenerse durante meses. Después vino la espera.
Una vez que definimos el camino de la cerámica, buscamos apoyo y finalmente ganamos el respaldo del Instituto Mexicano de Cinematografía para las tres etapas: preproducción, producción y postproducción. Pero los mecanismos de apoyo son anuales, entonces hay periodos en los que debes esperar para recibir el recurso y continuar el proceso”, explicó.
La producción también tuvo que improvisar soluciones. Como no existía un foro adecuado para stop motion, el equipo realizó alianzas con universidades y eventualmente la propia directora diseñó un foro móvil para terminar el rodaje.
Fueron muchos factores externos, incluso naturales, que hacen que una producción se vuelva más compleja y larga. Definitivamente me hizo crecer como directora y como artista. Además, el cine es un trabajo colaborativo y haber coordinado a más de 100 artistas mexicanos también me permitió construir un sentido de comunidad”, reconoció.
Hoy, después de ocho años, Yugen comienza a encontrar su lugar fuera de México. El cortometraje ganó el premio a Mejor Cortometraje de Animación en el Manchester Film Festival y continúa su recorrido en espacios como el Seattle International Film Festival, Chilemonos y el mercado del Festival de Cannes.
Para Ojeda, ese recorrido también refleja un momento distinto para la animación mexicana, impulsada por nuevos modelos de financiamiento y por audiencias que buscan historias más cercanas emocionalmente.
Creo que México es un país muy cercano a las historias y a cómo conectamos emocionalmente con ellas. También ahora hay más información gracias a las redes sociales y existen distribuidoras independientes que permiten que estas películas lleguen a otros territorios. No sólo están los festivales; también existen otras rutas de distribución como ferias del libro, museos culturales y conversatorios”, explicó.
Después de años de incertidumbre, Yugen terminó convirtiéndose en algo más que una película. Es la prueba de que todavía existen historias capaces de construirse lentamente, con las manos, incluso en un tiempo donde casi todo parece hecho para olvidarse rápido.
Datos
- Yugen tardó ocho años en completarse.
- El rodaje duró seis meses.
- Participaron más de 100 artistas mexicanos.
- Ganó Mejor Cortometraje de Animación en el Manchester Film Festival.