El sentido y propósito del acuerdo con Europa

Julio Faesler

Julio Faesler

Editorial

Aun lo potencial tiene fuerza propia. El progreso se logra transformando en hechos lo que puede ser. Se trata de previsión y esfuerzo. Combinación de imaginación y empeño que prevalecieron sobre circunstancias adversas que pudieron haberlas frustrado. Pero no fue así. Las fases en que hubo éxitos sólo perpetuaron la imagen de un México de amplio futuro.

Así ha sido. Los pasos que damos firmando ambiciosos acuerdos internacionales lo confirman de nuevo. Seguimos siendo país de grandes posibilidades, pese a que nosotros no nos creamos capaces de alcanzarlos. Ahí está el detalle.

A diferencia de otros países que han avanzado impulsados por su firme convicción de ser capaces, nosotros nos perdemos en nuestros defectos, viéndolos como irremediables: el típico “por eso estamos como estamos”… tema de derrota que cunde y debilita.

Las confusiones del mundo actual sirven de cómodo diván en que descansar nuestra depresión colectiva. Sabemos, resignados, de otros países, desprovistos de recursos, que partieron de una profunda pobreza, pero se desarrollaron en nuestros mismos años hasta llegar a lucir niveles inesperados de prosperidad y prestigio. Mal provistos nos vemos para aprovechar las extensas oportunidades de crecimiento que compartiéramos con los que nos invitan a la superación. Como el nuevo Acuerdo Global con la Unión Europea que ayer firmamos.

Mal provistos también nos encontramos con el gobierno de Morena, que no se desengancha de sus compromisos con las turbias y destructivas mafias criminales que heredó del iluso tabasqueño, hoy en su particular exilio autoimpuesto. Miles de productores en todo el país son víctimas de la violencia interminable en la que operan. La inseguridad todo subyuga. En lo socioeconómico, la situación condena a la población a depender del subsidio de los programas sociales en lugar de llamar a una acción general de producir bienes y servicios suficientes, reducir importaciones, crear empleos formales y, así, conquistar una verdadera soberanía nacional.

La coyuntura es grave. El Acuerdo Global con Europa confirma las desgravaciones arancelarias previstas y la descripción de las inversiones que se planean para México en una amplia gama de sectores. El acuerdo es ejemplo de la ruta que podríamos seguir para modernizar a Mexico y abrir esferas de productividad al gran potencial desaprovechados. No sólo lo anterior, la cooperación entre los firmantes abarca temas de gran altura, como en materia de salud y ecología.

Todo esto no será posible en tanto prevalezca la obsesión autócrata del gobierno actual, junto con el desarticulado Estado de derecho y las disminuidas garantías individuales. La meta de perfeccionar el marco jurídico y asegurar equidad y solidaridad exige el respeto a la ley y el funcionamiento de órganos públicos competentes. Pero la ideología del gobierno se ha identificado con entidades contaminadas en la ilegalidad y estrechado su mira hasta convertirse en un régimen personalista dictatorial.

De esta manera México se aleja de los equilibrios democráticos que animan los mecanismos que sustentan los acuerdos con los 27 países de la Unión Europea. Mientras dure  esta situación no podremos corresponder a cabalidad con los compromisos de los múltiples  arreglos que se enumeran. La solución consiste en un comportamiento inspirado en la equidad y democracia y que a México corresponde practicar. De no ejecutarlo así, será imposible que fluyan las inversiones y las áreas de cooperación amplia que se describen en los textos que en estos días se convienen. El Acuerdo quedará, por lo tanto, exclusivamente en los privilegios arancelarios. El sentido verdadero de la Asociación con Europa será nulo.

La decisión es nuestra y no sólo de los funcionarios actuales de gobierno. La aspiración ciudadana de vivir en una sociedad donde imperen y se respeten las condiciones que favorezcan el desarrollo de todos requiere extirpar de raíz la corrupción, tanto en el sector público como en el privado, y allanar el camino para que sea realidad la recomposición  de la Cámara de Diputados en las elecciones del año próximo.

No tiene sentido suscribir acuerdos internacionales si no podemos cumplir. Esperemos que el excelente trabajo que han realizado los distinguidos equipos públicos y privados no haya sido de balde.