Irán expande su control marítimo

Esther Shabot

Esther Shabot

Editorial

El régimen iraní descubrió durante la guerra que sostiene contra EU e Israel un arma tan o más poderosa que los misiles y los drones. Se trata del bloqueo que ejerce sobre el estrecho de Ormuz, que le ha permitido manipular el tránsito marítimo por esa vía con las graves consecuencias que conocemos. En especial el flujo del petróleo y del gas ha sido afectado, al grado de que los precios internacionales de esos insumos se han ido por las nubes los últimos dos meses y medio. Una vez descubierta esta arma, ha decidido en esta semana intensificar el castigo a sus rivales al anunciar, con mapa en mano, el establecimiento de una “zona marítima controlada”, que muestra las áreas que de ahora en adelante quedarán bajo control de las fuerzas armadas iraníes.

Resulta que, en ese mapa, se señala que las áreas bajo su control se extenderán ahora más allá del estrecho de Ormuz, para abarcar aguas marítimas en las cercanías y alrededor de puertos de Emiratos Árabes Unidos (EAU) y de Omán. El comunicado iraní especifica que “el tránsito a través de esa área con el propósito de pasar por el estrecho de Ormuz requiere de la coordinación y autorización de la Autoridad del Estrecho del Golfo Persa”. Se especifica también que, en algunos casos, Irán cobrará hasta dos millones de dólares por el permiso de transitar por esa vía. Cuota que no operará para navíos de países amigos, como China, por ejemplo.

Desde que empezó la guerra el 28 de febrero, el promedio de buques que transitaron diariamente por el estrecho fue de tan sólo 10, cifra muy por debajo de los 130 que acostumbraban pasar anteriormente. El Baker Institute for Public Policy ha estimado que las pérdidas para los países árabes exportadores del golfo han sido de dos billones de dólares diarios, mientras que las pérdidas de Irán por el bloqueo estadunidense a sus puertos se calculan en 500 millones de dólares diarios. Ante ese panorama, Emiratos Árabes Unidos anunció planes de acelerar la construcción de un nuevo oleoducto vía su puerto de Fujairah, con objeto de eludir el obstáculo del paso por Ormuz, pero evidentemente se trata de un proyecto que tardará tiempo en cuajar.

El anuncio iraní de la ampliación de las aguas marítimas bajo su control fue inmediatamente rechazado tanto por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, como por los países árabes del golfo, al considerarlo un abuso y una agresión a sus intereses soberanos. El vocero del presidente de EAU, Mohamed bin Zayed, declaró de inmediato que “el régimen iraní está tratando de imponer una nueva realidad nacida de una clara derrota militar, pero sus intentos de controlar el estrecho de Ormuz o de atentar contra la soberanía marítima de EAU son sólo fragmentos de fantasías”. Todo lo cual indica que se sigue intensificando el conflicto entre las partes, porque hay que recordar que a lo largo de la guerra los ataques de Irán contra blancos de EAU fueron muchos más en cantidad que los que recibió el propio Israel. Incluso ahora que está en vigor el alto al fuego, EAU acaba de ser víctima, a principios de esta semana, de un ataque de las milicias chiitas de Iraq –proxys de Irán– contra la planta nuclear emiratí de Barakah.

Los gobiernos de EAU y del resto de los países árabes del golfo afirman que Irán está creando un precedente peligroso al apropiarse de la vía marítima más importante del mundo, por lo que advierten que hay que defender el principio de la libertad de navegación a toda costa. Bahrein, Kuwait, Qatar, Arabia Saudita y EAU están recurriendo a la Autoridad Marítima Internacional para que actúe a fin de forzar a Irán a desistir de su plan, pero es evidente que el régimen de Teherán está envalentonado y está fincando su sobrevivencia y su recuperación económica en su control del estrecho. Por ahora parece poco probable que se rinda ante las presiones, por lo que probablemente la recuperación de la libertad de tránsito por Ormuz sólo se conseguirá mediante una negociación con EU que derive en beneficios diversos para el régimen iraní. Si así fuera, habría que concluir que muy pocos de los objetivos de la ofensiva estadunidense-israelí contra la cruel teocracia de los ayatolas, se habrían alcanzado.