¡Miguel Hidalgo no es el de los retratos! Conoce quién es el rostro ‘oficial’ de la independencia
Descubre la historia real de la imagen de Miguel Hidalgo. ¿Quién posó para su óleo más famoso?

Cada mes de septiembre, las calles, escuelas e instituciones de México se tiñen de verde, blanco y rojo, presumiendo en cada rincón la efigie solemne del Padre de la Patria. Pero, ¿Miguel Hidalgo es realmente el hombre de los retratos que vemos? Conoce la historia.
La imagen es inconfundible y está grabada a fuego en la memoria colectiva: un hombre de edad avanzada, calvicie prominente marcada por nimbos de cabello cano a los lados, frente amplia, tez clara y una mirada serena que transmite tanto sabiduría teológica como convicción revolucionaria.
Es el rostro que aparece en las monografías, en los billetes de circulación nacional, en los estandartes oficiales y en los murales de los grandes maestros del arte mexicano. Sin embargo, detrás de esta estampa tan familiar para millones de personas se esconde una de las paradojas históricas más fascinantes de la iconografía nacional: Don Miguel Hidalgo y Costilla jamás posó para un retrato pintado en vida.
El caudillo insurgente nunca tuvo el tiempo, la disposición o la oportunidad de sentarse frente a un artista para inmortalizar su fisonomía antes de ser capturado en las Norias de Bajan y ejecutado en Chihuahua en julio de 1811. Entonces, ¿quién es el hombre del retrato?

¿Por qué no existen retratos en vida de Miguel Hidalgo?
Antes del grito libertario del 16 de septiembre de 1810 en la parroquia de Dolores, Hidalgo era un cura de pueblo con ideas ilustradas, amante de la literatura, el teatro y la viticultura, pero no poseía una posición de alto rango eclesiástico o nobiliario que justificara el encargo de un retrato formal al óleo.
Una vez iniciada la insurrección, la vida del cura se transformó en un vorágine militar e itinerante. Durante los diez meses que duró su campaña al frente del Ejército Insurgente, Hidalgo estuvo en constante desplazamiento a lo largo del Bajío y el centro de México.
La creación de un retrato oficial estaba lejos de ser una prioridad y, tras su aprensión en marzo de 1811 y su posterior juicio en Chihuahua, las autoridades virreinales no mostraron interés alguno en preservar la imagen física del considerado "traidor a la Corona".
Por el contrario, buscaron borrar su memoria mediante la ejecución pública y la exhibición de su cabeza en la Alhóndiga de Granaditas.

¿Existe un retrato cercano a la figura de Miguel Hidalgo?
Uno de los primeros retratos conocidos de Miguel Hidalgo fue la litografía realizada por el artista italiano Claudio Linati, publicada en Bruselas dentro del libro Trajes civiles, militares y religiosos de México.
En esta imagen, Linati retrata a un Hidalgo de pie, con sotana, empuñando una espada y vistiendo una banda militar.
Aunque es una de las versiones más cercanas cronológicamente a la época de la guerra, la historia señala que la estampa responde más a una idealización europea que a un retrato fiel tomado de la realidad.
Lo más cercano a un testimonio gráfico real es una pequeña escultura en barro realizada por el artesano michoacano Clemente Terán. La figura modelada muestra a un clérigo de rasgos mestizos, rostro duro y complexión robusta, muy coincidente con los relatos de Alamán.
Sin embargo, por ser una obra de arte popular y no una pintura académica, no fue la imagen elegida para representar al héroe en el ámbito estatal.

El nacimiento de la pintura de Miguel Hidalgo
El origen de la pintura que todos identificamos como el rostro "oficial" de Miguel Hidalgo nació durante el Segundo Imperio Mexicano.
Maximiliano de Habsburgo buscó legitimarse ante la población adoptando símbolos de la identidad nacional mexicana y, como parte de su política cultural para honrar la memoria de la Independencia, Maximiliano comisionó la creación de una galería de retratos de los héroes nacionales destinada a decorar el Salón de Embajadores del Palacio Nacional.
El gobierno imperial contrató al pintor mexicano Joaquín Ramírez en 1865. Este buscó recrear la fisionomía de una persona anciana con rasgos europeos y porte noble que pueda encarnar la figura de un sacerdote letrado del siglo XIX.
La leyenda cuenta que Ramírez utilizó como modelo a un botánico alemán o a un sacerdote belga traído por la comitiva de Maximiliano para posar con vestiduras eclesiásticas.
Después de la caída del Imperio y la restauración de la República por Benito Juárez, el cuadro no fue destruido; se adoptó como el retrato canónico del Padre de la Patria.
A partir de ese momento, la versión de Ramírez se convirtió en el molde del cual otros artistas tomaron el ejemplo para sus propias versiones de Hidalgo, como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.
La SEP, papelería educativa y México entero tomaron la imagen de Ramírez durante todo el siglo XX y XXI, fijando la imagen de Miguel Hidalgo y Costilla como una verdad histórica incuestionable en la mente colectiva.
El Miguel Hidalgo de los retratos y que todos conocemos no es el reflejo de la persona real que caminó por las calles de Dolores en 1810. Pero es un rostro que cumplió para darle identidad a una nación con necesidad de memoria histórica.