Más allá del K-Pop: Seúl es uno de los nuevos centros del arte contemporáneo
La cultura pop coreana está tan adoptada en el mundo que a veces opaca el arte contemporáneo de ese país, que tiene una escena local muy inquieta.

Si has asistido a alguna de las ferias de arte en México, como Zona Maco, seguramente sabes lo entretenido que puede ser. Una semana del arte es un momento en el que la ciudad se llena de creatividad. Artistas, coleccionistas y asistentes se reúnen para disfrutar de días en los que la moda y la forma personal de expresarse de los propios asistentes terminan convirtiéndose en parte de la experiencia.
Ahora imagina esa misma experiencia en una de las ciudades más en boga: Seúl.
Del 2 al 6 de septiembre, Seúl vive una de sus semanas más importantes para el arte, con dos grandes ferias que coinciden en COEX: Kiaf y Frieze Seoul. Cada una tiene objetivos distintos: Kiaf busca resaltar e internacionalizar el ecosistema artístico coreano, mientras que Frieze Seoul, que se celebra del 2 al 5 de septiembre, conecta a la ciudad con algunas de las galerías, artistas y coleccionistas más importantes del circuito internacional.
A pesar de que ambas ocurren simultáneamente en un mismo espacio, recorrer sus pasillos resulta distinto. Las galerías de Kiaf permiten apreciar las obras de artistas coreanos consolidados. En su interior encontramos trabajos de nombres como Chung Sang Hwa y Park Seo-Bo, dos de los principales exponentes del Dansaekhwa, uno de los movimientos más representativos del arte coreano de los años setenta.
También encontramos obras de uno de los artistas coreanos más reconocidos internacionalmente: Nam June Paik. Antes de nuestra actual vida digital, este artista utilizó televisores, videos y telecomunicaciones como medios de expresión y sus obras forman parte de las colecciones de museos como el Smithsonian y el MoMA.
Kiaf parece un espacio interminable. Puedes pasar el día entero entre las galerías sin terminar de apreciar lo que encuentras. El público es variado, pero se nota cierta solemnidad entre los asistentes, como si todos estuviéramos ahí para consumir una parte de la compleja historia de Corea y de las expresiones que dan vida a décadas de intenso cambio.

Entrar a Frieze es una experiencia distinta. Mientras esperábamos a los curadores de las diferentes secciones para hacer un recorrido, vimos pasar a decenas de personas, locales y extranjeras, que disfrutan del arte contemporáneo y lo reflejan también en su manera de vestir y expresarse. Jóvenes que parecen idols, artistas, coleccionistas, figuras de la cultura y visitantes internacionales convergen en esta feria, donde encontramos medios más extravagantes, propuestas más avant-garde y una marcada experimentación con materiales y formatos.
Frieze es un espacio en el que galerías locales e internacionales participan en secciones con identidades muy particulares. Focus pone atención en artistas emergentes y galerías jóvenes; Material Practice explora las posibilidades de materiales como textiles, cerámica, vidrio, metal, madera y papel; y Spotlight recupera a artistas del siglo XX cuyas historias quedaron, en muchos casos, fuera del canon tradicional del arte occidental.
Aquí descubrimos propuestas muy diferentes, como la de Bekhbaatar Enkhtur, escultor nacido en Mongolia, que presenta pequeñas criaturas y figuras que parecen perderse dentro de la escala del espacio.

También pueden apreciarse obras icónicas, como las famosas píldoras de Damien Hirst o las gotas de agua de Kim Tschang-yeul, que compartían espacio con artistas emergentes, instalaciones digitales y propuestas que experimentan con nuevas formas de producir y experimentar el arte.

Es fácil perder la noción del tiempo de galería en galería, conversando con artistas o curadores y disfrutando de la creatividad humana en una era en la que tantas imágenes se sienten impersonales. Pero, sobre todo, esta experiencia muestra un tipo de turismo al que anteriormente no se había asociado Corea del Sur.
En viajes pasados a esta ciudad me enfoqué, como una turista promedio, en muchas de las cosas que seguramente atraen a buena parte de quienes visitamos Seúl: skincare, compras, gastronomía y, por supuesto, K-pop, sin darme cuenta de que el valor artístico de esta ciudad es amplio.
Seúl es una ciudad repleta de galerías, donde los artistas locales tienen el tiempo y el apoyo para crear. Existe una infraestructura cultural pública y privada para asegurarse de que esto suceda. Después de recorrer sus espacios, es difícil no sentir que en este punto del planeta existe una convicción profunda sobre el lugar que el arte debe ocupar en la vida cotidiana. Aquí, el arte no aparece solamente como una herramienta de internacionalización o una fuente de ingresos, sino como parte de aquello que nos construye como seres humanos.
Kiaf y Frieze son una muestra de ello. Este año coinciden, además, con otro de los acontecimientos artísticos más importantes de Asia: la Bienal de Gwangju, que se celebra en una ciudad profundamente ligada a la memoria democrática y cultural de Corea del Sur.
Después de conocer Seúl de esta manera, es claro que existe otra Corea para quienes viajamos atraídos por su cultura: una donde el itinerario puede construirse alrededor de galerías, museos, artistas y bienales.
Tal vez eso sea lo más interesante de este momento: después de años en los que la cultura pop coreana se absorbió como parte de la vida cotidiana en la vida de millones de personas alrededor del mundo, ahora es el mundo el que viaja a Corea para descubrirla.