Ian McEwan alerta por la pérdida de privacidad y el arte de la soledad
El escritor británico reflexiona sobre los efectos de internet, el avance de la inteligencia artificial y el futuro de la novela, convencido de que la ficción seguirá siendo una herramienta esencial para comprender la condición humana.

“La privacidad está amenazada y, más importante, el arte de la soledad y el gusto por la soledad”, afirma el escritor inglés Ian McEwan (Reino Unido, 1948), candidato permanente al Premio Nobel de Literatura, quien ayer charló sobre Lo que podemos saber, su más reciente libro.
La novela arranca en el año 2119 en un mundo parcialmente en ruinas. Han ocurrido guerras, desastres ecológicos y un accidente nuclear, aunque en esa catástrofe McEwan plantea un guiño de esperanza a esa humanidad que intenta recuperar la memoria de inicios del siglo XXI, a partir de sus manuscritos, sus mails, whatsApp y en la poesía de un autor ficticio —Francis Blundy, a quien equipara con Seamus Heaney— para hallar una brújula en ese caos.
Esta novela no es una predicción”, aclaró McEwan. “Difícilmente sabemos lo que pasará mañana. La velocidad a la que ocurren los acontecimientos es radical. Así que (esta ficción) es una manera de especular sobre cómo escribimos la historia o las biografías y cómo interpretamos el pasado, cómo nos situamos en la historia y cómo entendemos también este pasado”.
¿La novela se ha convertido en una frivolidad de nuestro tiempo?, se le preguntó al autor de Expiación, Solar y Ámsterdam. “He estado escribiendo durante 53 años, así que no me veo en una persecución de algo que me parezca frívolo. La novela es una máquina fantástica que nos permite explorar nuestra condición humana. Además, se niega a morir.

Cuando empecé a escribir, en 1970, las revistas presagiaban la muerte de la novela… pero el motivo por el que ésta no ha podido morir es porque sigue siendo nuestro mejor medio de examinar la vida y la mente de cualquiera, incluso la nuestra”.
Y agregó: “Mi sensación es que la novela será algo de nicho; igual y volvemos a la época en la que escritores como Dickens, Tolstói, Flaubert o Cervantes representaban a un país a partir de la ficción. La novela seguirá siendo la persecución apasionada de una minoría”.
¿La IA sustituirá algún día la ficción? “No hay ningún sustituto de la novela, al menos por ahora. Quizá llegue un momento en el que la IA pueda contar historias de nosotros mismos y a partir de ahí se alimentará la historia. Sin embargo, creo que eso no nos va a dar la belleza y el placer. Sí hay gente que piensa que la novela es frívola, como una moda pasajera, pero no lo es”.
¿Como escritor ha reflexionado sobre su huella digital? Los correos que escribí entre 1996 y 2013 se los entregué a una biblioteca de Texas. Creo que nunca he escrito nada significativo en un email y menos en un mensaje de texto. Pienso que algo hemos perdido (con la llegada del mundo digital). Teníamos más perspectiva a partir de las cartas (de personajes como Darwin o Napoléon) que lo que alguien podrá obtener de nuestras comunicaciones por internet.

Lo que lamento de internet comparado con la época en la que empecé a escribir: la privacidad está amenazada y, más importante, el arte de la soledad y el gusto por la soledad. Pensamos que podemos vivir libremente, pero hay menos silencio, privacidad y menos capacidad para dejar tu mente e imaginar… Si internet sobrevive, seremos muy copiosos y los investigadores del futuro tendrán muchísimo material, pero a expensas de la falta de profundidad, porque (en esas comunicaciones) no vamos a ver el alma desnuda de las personas”, advirtió.
¿Ha cambiado su forma de investigar para sus novelas? “El cambio más importante al llegar a los 70 años es que dejé de investigar para escribir. Tengo la sensación de que ya guardo suficientes elementos para googlear en mi mente y en mis pensamientos, que me parecen una multitud… La investigación la hacía durante la escritura, pero ya no la necesito”.
Por último, McEwan habló sobre las amenazas y debates en torno a la IA.
“al vez hemos pasado un punto de singularidad, pues hay programas que se están automejorando y que escriben su código y se están alejando de nuestro control”.
Al respecto, cuestionó la competencia entre China y EU y lamentó la reticencia a regular y frenar esos riesgos, debido a las altas sumas de dinero invertido en los centros de datos de todo el mundo.