Una fiesta comunitaria sin reinas ni carros alegóricos
Esta celebración, que ha resistido la comercialización, se sostiene el la música y el baile de sus pobladores

ALTO TÍO DIEGO.- Con música de violín, máscaras artesanales y el zapateado que retumba en las calles estrechas del peñón, la comunidad de Alto Tío Diego inició ayer su tradicional carnaval, una de las celebraciones afromestizas más antiguas del centro de Veracruz.
La comunidad de Alto Tío Diego, en Tepetlán, es uno de los municipios ubicados en la cañada de Actopan, donde se asentaron los esclavos negros traídos por los españoles durante la conquista y junto con Coyolillo, tiene los festejos más representativos de este Carnaval Afromestizo, que anticipa la Pascua religiosa.
La fiesta, que se extiende durante cinco días (finalizará el próximo miércoles 18 de febrero) mantiene una estructura comunitaria que ha resistido la comercialización que caracteriza a otros carnavales del estado. Aquí no hay carros alegóricos, reinas ni espectáculos externos: la celebración se sostiene en la música, el cuerpo y la participación colectiva.
El arranque estuvo marcado por el recogimiento de tamales, una práctica que reúne a vecinos y visitantes en un recorrido casa por casa, acompañado por sones jarochos y zapateado nocturno.
El domingo se dedica exclusivamente a mujeres y niños, quienes protagonizan los recorridos y los bailes con disfraces tradicionales.
Finalmente, del lunes al miércoles, la comunidad se vuelca a las calles desde el mediodía. Por la mañana inicia el zapateado guiado por música de violín, una herencia viva de las tradiciones afromestizas y huastecas de la región.
Por la tarde, las comparsas recorren el pueblo al ritmo de banda de viento, portando máscaras de toros, chivos, burros y caballos elaboradas por artesanos locales.
Con una población de poco más de mil 500 habitantes, Alto Tío Diego conserva un trazo urbano singular: callejones estrechos y pasadizos que obligan a que la música y la danza se vivan de cerca, casi cuerpo a cuerpo. Esa cercanía, dicen los pobladores, es parte esencial del espíritu del carnaval.
Tras Semana Santa, la comunidad celebrará las Pascuas, una réplica de cinco días que reafirma el carácter ritual y cíclico de la fiesta.
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