Dejar la soledad, abrazar la amistad: el club de los fantasmas tristes 2
La escritora e ilustradora británica Lize Meddings hurga, a través de estos personajes en el miedo, la inseguridad y el aislamiento que enfrentan los jóvenes

“Dibujé un fantasma porque yo misma me sentía como uno. No tenía amigos ni un lugar al que realmente perteneciera o en el que encajara. Me sentía simplemente flotando a la deriva”, comenta Lize Meddings.
“Convertir un fantasma en personaje no fue una elección consciente, sino una representación visual de cómo me sentía”, explica la escritora e ilustradora británica que trazó su primer fantasma para un cómic a los 20 años.
“Los fantasmas encarnan la sensación de aislamiento o de estar flotando, invisible para el mundo que te rodea. No encajas del todo, pero sigues ahí. Y ahora, tras dibujarlos durante la última década, también significan un gran sentimiento de unión”, afirma en entrevista con Excélsior.
Así nació la historieta El club de los fantasmas tristes (Ediciones Castillo), cuyo segundo número acaba de publicarse en español y la autora, que cumple 35 años este 2026, vino a promoverlo a México.
La serie narra la amistad entre diversos fantasmas adolescentes y los sentimientos de soledad e inseguridad que deben vencer para mantenerse unidos.
“Los jóvenes siempre se han sentido solos e inseguros a lo largo de la historia, porque es cuando estás descubriendo quién eres y eso conlleva desafíos. Y ahora es peor, porque las redes sociales ofrecen muchas más comparaciones.
“Estar más conectado no es necesariamente algo bueno. ¿Cómo puedes dedicar tiempo a mejorar en dibujo, baile o canto cuando te dicen que la inteligencia artificial lo hará todo?”, señala.

Meddings revalora la tristeza. “La idea de procesar lo que nos hace sentir mal es muy importante para saber lo que nos hace sentir bien. No sabes lo que te hace feliz hasta que descubres lo que definitivamente no te hace feliz.
“¡Y no podemos escapar de ello! Literalmente, todo el mundo se siente triste, puede ser circunstancial o abstracto; pero somos criaturas que sienten y piensan, y tratar de ocultar tu tristeza no ayuda a nadie”, agrega.
Aclara que si bien la amistad es fundamental, “la idea de que ‘necesitas amigos o, si no, eres raro’ es perjudicial para los jóvenes. Especialmente con lo mucho que el capitalismo favorece el individualismo e, incluso, el aislamiento.
“Ser raro es bueno. No es un fracaso personal si sientes que no tienes amigos. El mundo está configurado de esa manera y no eres sólo tú. Lleva mucho tiempo encontrar a tu gente. Todos
necesitan con quién hablar y, antes de esos ‘amigos’ realmente buenos, pueden estar la familia, los maestros”, añade.

La creadora confiesa que diferenciar a cada uno de los personajes-fantasma fue lo más difícil a la hora de escribir la serie. “Una vez que empecé, todos desarrollaron sus propias personalidades. Los pequeños detalles son muy importantes. Aprendí a añadir pistas visuales, por lo que verás mangas largas, mangas a rayas e incluso gafas. Sólo para facilitar la lectura”.
Admite que tuvo que exagerar a sus personajes, debido a las limitaciones de sus rostros. “El objetivo es mostrar lo similares que podemos ser todos; así que no pasa nada si no estás seguro de quién es quién cuando la lees. El mensaje es el mismo independientemente de quién hable”.
Dice que El club de los fantasmas tristes comenzó “como una forma de compartir mis sentimientos, no para hablar sobre salud mental. Luego evolucionó hacia eso, pero no lo hice con esa intención”.
Sobre otros temas de su interés, Meddings indica que “me preocupa que se destruyan las esperanzas y los sueños de los jóvenes y la tecnología, que está diseñada para que te vuelvas adicto a ella.
“Quizás yo sea la parte equivocada del algoritmo y la situación no sea tan pesimista; pero en Reino Unido, por ejemplo, vemos cómo los jóvenes de clase trabajadora se ven excluidos del mundo del arte, porque sólo los niños ricos pueden permitírselo”, detalla.
Concluye que “me inspira que la gente me cuente su punto de vista y me lleve a un lugar en el que no he estado, o a uno en el que sí y lo vea desde una perspectiva diferente. Lo único que quiero es ser empática y comprensiva”.
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