#PrimeraNETA: Ciento y piquito de días que sofocan en lugar de emocionar. Casi todos los panoramas, buena parte de las acciones o pendientes que se puedan divisar y que algo tienen que ver con el pedacito de mundial que se va a desarrollar en nuestro país preocupan, otros aterrorizan. En lo privado, preocupan las obras retrasadas del Estadio Azteca, que no va a estar listo ni terminado para convertirse en el primer inmueble del planeta en recibir tres inauguraciones de un Mundial. Vale la pena sumarle un detalle muy, pero que muy mayor: Pelé y Maradona han levantado la Copa del Mundo en ese mismo lugar, hoy inconcluso. Otras adecuaciones necesarias en el Akron y en el Gigante de Acero serán al parecer peccata minuta, son estadios nuevos. Eso en lo privado. Lo público es mucho más serio, es más tardado, va más retrasado y es tremendamente burocrático. Visitar hoy de la puerta uno a la siete del AICM, es prácticamente llegar a una obra gris: andenes, grúas, mezcla, ruido, cinceles, cascos, fundas, bailarinas… es un caos. Hoy la obra prometida es una nube de polvo, polvo que llega desde las puertas ya mencionadas, hasta el check in de los vuelos internacionales; allá, al mero fondo de la T1. Todo fuera como una polvareda de mexicanos recuerdos para los viajeros del futbol, pero ¿y lo verdaderamente preocupante? ¿Los protocolos sanitarios ante un probable brote epidemiológico de sarampión en las próximas semanas, están listos? ¿Y la conectividad carretera? ¿Sabrán los visitantes el peligro que representa el simple hecho de salir del aeropuerto a la jungla capitalina? ¿Estarán enterados que los malandros acecharán? ¿Pasará por su cabeza que un viaje de doscientos kilómetros se puede convertir en un viacrucis de ocho horas? Lo dudo.
#SegundaNETA: Y todavía lo público y lo privado podría ser lo de menos, lo conocemos; hemos visto de frente retrasos, burocracia, asaltos, corruptelas y si no son el pan de cada día, sí son las migajas semanales. A este Mundial que está por suceder, hay que agregarle una verdadera tragedia, una desgracia consumada: el futbol en México dejó de ser un deporte de masas, ya no es una fiesta nacional. Y no sé cómo sucedió pero no fue un cambio abrupto, fue silencioso, con dolo y a la mala: se fue el descenso, se cambiaron los formatos, se acabó la urgencia deportiva; se priorizó la experiencia premium sobre la grada tradicional y, al final del día, aquel deporte que podía jugarse con una pelota de papel, sellada con masking tape, hoy es una fiesta de millonarios que tendrán que pagar cerca de 50 mil pesos en la reventa, por un boleto de medio pelo para ver a los ratones contra Corea del Sur.
#NETASextras: ¿Para quién era el futbol, y para quién es ahora? ¿Para el niño que soñaba jugando al 10 en el chapopote, o para el facturero que compra con descaro experiencias premium?
