Etgar Keret: Vivimos en el penthouse de Babel
El escritor israelí habló sobre su más reciente libro, El blues del fin del mundo, en donde cuestiona la inmediatez tecnológica

Tecnologías que producen almas gemelas, concursos de televisión en un mundo sin Dios, relaciones que nacen de la mentira y narraciones surrealistas que lo mismo hablan del racismo que del narcotráfico, la ambición y la eficacia de Tinder. Todo esto aparece en El blues del fin del mundo, el más reciente libro del escritor israelí Etgar Keret (Tel Aviv, 1967), quien apuesta por la ironía para sobrellevar lo absurdo y desternillante del siglo XXI, sobrecargado de tecnología y redes sociales.
Si quisiera conectar nuestra realidad con alguna escena narrativa en el sentido bíblico, creo que sería muy similar a la Torre de Babel”, afirma Keret, ganador del Book Publishers Associations Prize, “porque somos millones de personas que habitamos una Torre de Babel propia, sentados tras la computadora, intentando llevar a la humanidad al siguiente nivel sin dejar de pensar en ese futuro deseado”.
Sin embargo, lamenta que cuando el ser humano se aleja de la virtualidad y mira su entorno inmediato, empieza a odiar a todo el mundo porque no comparten su objetivo. Ese odio despierta cuando salimos de las redes sociales, explica, “porque en el espacio virtual no vivimos en el mundo real, sino que estamos atrapados en el penthouse de la Torre de Babel, dentro de un sueño de Facebook y redes sociales”.

- Título: El blues del fin del mundo
- Autor: Etgar Keret
- Editorial: Sexto Piso, México, 2026; 164 pp.
El mundo tecnológico de hoy cuenta una historia deprimente
¿Qué le preocupa de ese mundo tecnologizado? “Como narrador, lo que me frustra de este mundo tecnológico es que nos cuenta una historia deprimente. Puedo contarles que en diferentes épocas hubo grupos que se sentían dominantes y felices, así que en la historia de un país podías encontrar a un grupo perdedor y a otro ganador, en donde los vencedores vivían felices.
Ahora, todos piensan que están perdiendo: los conservadores dicen que hay muchos locos de izquierda por las calles, mientras los izquierdistas afirman que hay un grupo de fascistas que los persigue… así que, con todas estas palabras virtuales que absorbemos, nos encontramos deprimidos”, asegura.
¿Por qué eligió personajes más cotidianos en este libro? “Todos los personajes principales de los cuentos tienen una especie de versión de mí, lo cual es algo que no podría decir de mis libros anteriores. En este libro siento que me identifico con los dilemas que atraviesan los protagonistas. Es como mirar un espejo. Eso es lo que veo y por eso son así”.
¿Quería reflejar lo absurdo de la inmediatez? “En mi caso, utilizo el absurdo para encontrar la lógica o la racionalidad y fracasar. Muchas veces entro en una historia sin buscar que sea absurda, sino que caigo en el absurdo de la humanidad. La realidad es absurda”.
Pensemos, por ejemplo, que cuando intentaron asesinar a Donald Trump, mucha gente seria, incluso miembros del gobierno, decían que Dios había salvado a Trump porque básicamente él desvió la bala. Esto me hace pensar en todas las situaciones en las que la gente recibió disparos y Dios no desvió la bala, como Gandhi, Martin Luther King, JFK… y entonces caigo en la cuenta de que Dios es trumpista, que no le gustan los pacifistas, pero ¿qué dice de mí y de quien cree en Dios?”, ironiza.
¿Le agrada la inmediatez de nuestro tiempo? “La realidad actual no es apta para vivir, pero es muy fértil si lo que quieres es contar historias”.
La inclinación de Etgar Keret por el cuento o la ficción compacta
Por último, el también autor de Tuberías, De repente un toquido en la puerta y Pizzería Kamikaze y otros relatos habla sobre su inclinación por el cuento o la ficción compacta. “Hace mucho tiempo dije que para mí escribir es como explotar. Y no sé cómo explotar lentamente. Hay algo en la intensidad y la intensidad de las emociones que da vida a la historia y eso muchas veces también exige su brevedad.
El cuento es el formato adecuado para estos tiempos en que vivimos, además de que a este género lo relaciono con el retrato que hacemos de una persona, aunque hay que recordar que vivimos en una época en que ese retrato cambia cada cinco minutos, es decir, un ojo se agranda, la nariz se achica, el cabello se cae… y si paso mucho tiempo haciéndolo, el modelo será inconsistente. Tristemente, vivimos en un mundo de fragmentos y la única manera de retratarlo es a partir de éstos”, concluye.
*mcam
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