La danza folclórica mexicana está en crisis: una crítica al llamado "rescate de tradiciones"
La danza folclórica que se enseña en universidades, casas de cultura y escuelas normales atraviesa, de acuerdo con esta reflexión, una etapa crítica.

La danza folclórica, esa que se aprende en universidades, casas de cultura y escuelas normales, y que se utiliza para montajes que pretenden ser sesudas revisiones del acontecer de comunidades vivas o ya desaparecidas, pasa por una aguda crisis.
El problema que se debe discutir es hasta cuándo se seguirá pretendiendo que lo que sucede en un foro, una plaza o un espacio escénico es un "rescate de tradiciones" y una reivindicación social de pueblos ancestrales que han sobrevivido.
Aunque, como lo señalaba Guillermo Bonfil Batalla, la mayoría de ellos se encuentra en un proceso de negación de su identidad para tratar de asimilarse a poblaciones con una mayor fuerza de trabajo urbano.
El folclor como una forma de expresión artística
El género folclórico debería asumirse como una forma artística que se valida en el propio escenario.
Como ejemplo, es claro que la salida de Rafael Zamarripa y su equipo del Ballet Folklórico de la Universidad de Colima ha significado la pérdida de un repertorio más que valioso, así como de una técnica de zapateado espectacular.
Y qué decir de la torpe y grosera forma de exigirles a Socorro Chapa y Antonio Rubio que se jubilaran para que la Compañía de Danza Folklórica de la Universidad de Chihuahua "evolucionara" y diera paso a lo que en muchos centros escolares se llama el "neofolklor".
Con semejante torpeza, se perdió el repertorio completo que los artistas habían construido a manera de una filigrana. Por suerte, ambos realizaron el respectivo registro de sus piezas en las oficinas de derechos de autor.
Creadores que rompieron con el populismo
Zamarripa, Chapa, Rubio y otros creadores, como Ricardo de León, quien trabajó en un famoso restaurante con eventos inauditos, o Pablo Parga, con sus transgresoras y divertidísimas propuestas de charros que se enamoran de charros, desde hace tiempo se asumieron como creadores.

Con ello, se liberaron del populismo ramplón para entrar en una perspectiva que toma en cuenta la técnica, la poética y los recursos de producción.
Estos artistas entendieron que la danza folclórica también puede construirse desde la creación y la imaginación, sin necesidad de presentarse como una reproducción exacta de una tradición o como una supuesta representación antropológica de una comunidad.
Entre la inspiración y la falsa representación
El tema es escabroso y toca directamente los ideales pseudonacionalistas. Sin embargo, a estas alturas es importante entender que una cosa es inspirarse, como lo hizo Amalia Hernández con su espectacular "Danza del venado", y otra muy distinta es hacerse pasar por antropólogos o especialistas para crear espectáculos fallidos.
La discusión sobre el rumbo de la danza folclórica debería partir, entonces, de reconocerla como una expresión artística con posibilidades propias. No todo montaje tiene que justificarse bajo la idea de "rescatar" una tradición ni presentarse como una reconstrucción fiel de la vida de un pueblo.
El escenario también puede ser un espacio para crear, transformar y proponer nuevas formas de entender el folclor, siempre con respeto hacia las comunidades y con claridad sobre los límites entre la inspiración artística, la investigación y la representación de una cultura.