El Acapulco que no sale en las postales: Brenda Ríos publica "Sweet Acapulco"

En esta obra, la escritora reconstruye la memoria del puerto entre la nostalgia, la violencia y la desigualdad, para retratar una ciudad que va mucho más allá del destino turístico.

En "Sweet Acapulco", Brenda Ríos recrea, a manera de biografía, el puerto donde nació.
En "Sweet Acapulco", Brenda Ríos recrea, a manera de biografía, el puerto donde nació.Foto: Cortesía Libros UNAM.

La exploración desde la víscera de un mito llamado Acapulco. Crónicas y divagaciones del último paraíso en la Tierra es el subtítulo que acompaña a Sweet Acapulco (Debate), el libro más reciente de la escritora Brenda Ríos.

Nacida y criada en el puerto guerrerense, la narradora desmonta el edén de película para narrar la historia de los escombros de su ciudad natal, los recuerdos de infancia y la convivencia familiar; pero también la pobreza, la corrupción, los descabezados del narco, las casas invadidas, los ritos de iniciación en la normal de Ayotzinapa y los rugidos de las motos.

“Exagero, pero no miento, por eso le puse crónicas y divagaciones. Aunque me queje, es una carta de amor a lo que perdí. Es una biografía de la ciudad donde nací”, comenta en entrevista.

Desde que era chica, la gente decía ‘Acapulco se va a levantar’. Me tocó el coletazo de los buenos tiempos. Hablabas con los meseros viejos y te contaban de las jugosas propinas que dejaban los gringos, de la fiesta eterna, de las cosas lujosas que veía ya abandonadas, como la casa del Negro Durazo”, afirma.

La ensayista detalla que su casa estaba a diez minutos de la playa Caleta. 

“Cuando iba a la escuela pasaba junto el mar. Mi papá era director de primaria y nos cambiaba de plantel cuando lo movían en el trabajo. Me tocó lidiar con unas zonas del puerto que, en ese momento, no tenía consciencia de que eran marginales y estaban sin vegetación”.

"Sweet Acapulco" habla del declive de este sitio turístico al que cada vez acuden menos turistas extranjeros.
"Sweet Acapulco" habla del declive de este sitio al que cada vez acuden menos turistas extranjeros.Foto: Cortesía Editorial Debate.

Señala que su hogar estaba cerca del de la escritora María Luisa Puga (1944-2004). “Nos separaban 40 años, pero la conocía. Me daba risa que su abuela no tenía dinero, pero tenía cocinera y una persona que le limpiaba la alberca. Eso es muy de la clase trabajadora de Acapulco. Mi mamá era secretaria, ganaba poco, y teníamos una muchacha que nos ayudaba”.

La también poeta recuerda que, en el verano, iba con sus primos a nadar a las albercas de los hoteles

“Tomábamos hielos y agua. Me detenían a mí porque era morena y mis primas son güeras. Y así me forjé el carácter, me ponía exigente y aprendí a defenderme”.

Indica que lo que más le duele es ver cómo se perdió la urbe

Después del huracán Otis, la zona costera tardó un año en recuperarse. Pero el Acapulco tradicional sigue mal. Van menos extranjeros y se quedan poco tiempo. Los comerciantes deben pagar cuotas de extorsión. Los restaurantes y los autobuses tuvieron que ser resguardados por la Marina y creció la presencia militarizada”.

Quien imparte talleres de Escritura Creativa evoca que su tío le contó que, “cuando entró a la normal de Ayotzinapa, fue testigo de diversos abusos. Se tuvo que organizar en pandillas para defenderse, pues los grandes se metían a la cama de los más pequeños. Había rituales de iniciación. Es un submundo horrible”.

Ríos adelanta que en un par de meses publicará el libro de poesía-crónica Todo vive en medio de la tierra, que confeccionó durante una residencia artística en Brasil. “Recreo estos paraísos construidos a partir de la pobreza, donde la gente es irónicamente feliz. Está agradecida sólo por ver el mar”.