Alejandro Miravete, poeta mexicano: "La masculinidad no es natural, es una construcción histórica"
El ganador del IX Premio Latinoamericano de Poesía Joven Diana Moreno Toscano habla en esta entrevista sobre su proceso creativo y la construcción social de la masculinidad.

En diciembre de 2025, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el poeta Alejandro Miravete recibió el IX Premio Latinoamericano de Poesía Joven Diana Moreno Toscano por De los hombres no recuerdo el fulgor sino la noche herida.
El certamen, retomado tras más de treinta años de pausa, distinguió su libro entre 97 obras procedentes de 11 países. El jurado reconoció una escritura que explora el homoerotismo, la masculinidad y la noche como territorio de fisura.
Pero más allá del premio, que incluye un estímulo económico de 100 mil pesos y la publicación en colaboración con la Fundación Carmen Toscano, el libro es el resultado de un proceso creativo largo, intermitente y, en palabras del propio autor, contradictorio.
Yo no empecé siendo un lector apasionado de poesía. En la secundaria me aburría. Me parecía cursi. Creo que no había encontrado a los autores que me hablaran. Porque eso es lo que pasa: hay textos que vibran contigo y otros no”.

El punto de quiebre llegó años después, ya en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde estudió Lengua y Literaturas Hispánicas.
Ahí me enseñaron a leer. No a escribir: a leer. Y leer bien. Leer literatura es otra cosa. Es entender que el lenguaje está trabajando a otro nivel”.
Te das cuenta de que el deseo está atravesado por violencia. Que la masculinidad no es algo natural, sino una construcción histórica, una ficción política”.
Esa formación se cruzó con los estudios de género y teoría queer. “Ver a los hombres desde esa perspectiva es como desnudarlos. Pero es un desnudo atroz”, dice.
El conflicto que da origen al libro nace de esa conciencia:
Si ya logré desnudar esa violencia, ¿por qué sigo deseándola? ¿Por qué me siguen gustando tanto los hombres si puedo ver lo terribles que pueden ser? Esa contradicción no tiene una respuesta clara. Y la poesía no está para responderla, sino para sostenerla”.
De los hombres no recuerdo el fulgor sino la noche herida fue escrito durante aproximadamente siete años.
Fue un proceso lento, fragmentario. Yo trabajaba en call centers bilingües. Tenía breaks de quince minutos. En esos quince minutos leía poemas. No me daba tiempo de leer una novela o un ensayo filosófico, pero sí un poema. Y también podía escribir uno”.

Sonríe al recordar el chiste recurrente entre poetas: “Te habla recursos humanos, guarda tus poemas”.
Ese ritmo fragmentado influyó en la textura del libro. “El poema es una unidad de intensidad. No necesita tantas horas continuas. Puede nacer en una ráfaga”. Con el tiempo, el conjunto empezó a revelar una coherencia interna.
Primero eran textos sueltos. Luego entendí que estaban dialogando entre sí, que estaban orbitando alrededor de dos polos: deseo y violencia”.
El orden final no fue inmediato: “La estructura llegó al final, cuando pude articular qué estaba explorando. No quería hacer un libro punitivo ni moralizante. No quería condenar al hombre como si eso resolviera algo. La poesía no es un sermón. No es un juicio. Es una exploración”.
En el libro conviven poemas abiertamente homoeróticos con otros de tono más íntimo, incluso familiar.
Esa graduación fue deliberada. Quería que el lector atravesara distintas intensidades. Hay poemas donde el cuerpo es central, donde el erotismo es explícito. Y hay otros donde la herida es más silenciosa, más doméstica. Porque la masculinidad también se construye en la familia, en la infancia, en lo cotidiano”.

Miravete insiste en que el homoerotismo es sólo una de las capas:
Claro que hay deseo entre hombres. Pero también hay preguntas sobre la soledad, sobre la manutención, sobre qué va a comer alguien mañana. Hay precariedad, hay ternura, hay violencia estructural. No es un libro para una sola comunidad. Es un libro sobre la complejidad de ser humano hoy”.
La influencia de Michel Foucault es explícita en uno de los epígrafes.
Foucault fue fundamental para entender que las categorías con las que pensamos la sexualidad son históricas. Que lo que hoy llamamos ‘hombre’ no ha significado lo mismo en todas las épocas. Eso me interesaba mucho: mostrar que la masculinidad no es destino biológico, sino resultado de dispositivos históricos”.
Sobre el premio, el poeta mantiene una postura reflexiva: “Los premios son herencia del siglo XIX, como muchas cosas que todavía estructuran nuestra idea de literatura. No creo que deban desaparecer. Creo que deben ser transparentes, reformarse si es necesario. Pero para quienes no venimos de familias de escritores, pueden ser una oportunidad real”.
En su caso, el reconocimiento significó algo concreto: “La publicación con una editorial que tiene distribución nacional, llegar a librerías grandes, a plataformas digitales. Y también el incentivo económico, que me permitió dejar el call center unos meses y dedicarme a escribir. Eso no es menor”.
La presentación del libro se realizará este jueves 19 de febrero de 2026, a las 19:00 horas, en el Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México, con la participación de Enzia Verduchi, Alejandro Paniagua y Ernesto Reséndiz. La portada (una imagen de El Greco elegida por el autor) refuerza la atmósfera nocturna del volumen.

“Invito a que lo lean sin buscar respuestas cerradas”, y concluye Miravete:
La poesía no te dice qué pensar. Te coloca frente a una herida y te pide que la mires. Que no apartes la vista. Si el libro logra eso, aunque sea un momento, ya hizo su trabajo”.
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