Roma-Condesa: boom inmobiliario bajo la sombra de los sismos

A pesar de que el corredor roma-condesa ha sido afectado en los sismos del 85 y 17, sigue siendo una zona atractiva para el hospedaje de extranjeros

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El inmueble ubicado en la esquina de Nuevo León y Tamaulipas, en la alcaldía Cuauhtémoc, fue unos de los edificios que resultaron dañados por el sismo de 1985. Fotos: Archivo Excélsior

Una de las zonas más atractivas de la capital en términos inmobiliarios es el corredor Roma-Condesa, pero los norteamericanos, europeos y asiáticos que llegan a vivir allí poco o nada saben de los sismos de 1985 y 2017, los cuales convirtieron a estas colonias en una zona cero de rescate y desastre.

La atracción por ese polígono ha desatado un boom por la renta de espacios a través de plataformas como Airbnb, al grado que el gobierno ha tenido que intervenir para tratar de regularlas.

A la par se ha fraguado una edificación o adaptación de inmuebles para alquilarlos bajo ese esquema, pero no necesariamente cumpliendo con las normas para garantizar que no se repita una tragedia ante un nuevo sismo.

Lo más importante en la zona es una revisión de las estructuras, porque se han hecho muchos cambios a los edificios y nadie ha verificado que todo esté bien”, advierte Luis Eduardo Pérez, exdirector de Análisis y Gestión de Riesgos del Centro Nacional de Prevención de Desastres de 2012 a 2018.

Destaca que, con el negocio de los departamentos en renta mediante plataformas, a los dueños se les ha hecho fácil quitar un muro por aquí y modificar una columna por allá, “sin consultar antes con un director responsable de obra si aquel muro que quitaron era de carga y esa puede ser la diferencia entre que una edificación así, sobreviva o se derrumbe en un sismo”.

El especialista consideró que la zona de la Roma-Condesa sí amerita una revisión a fondo, tanto por parte de los dueños de los edificios, como por parte de la autoridad.

Excélsior publicó el viernes que en 2023 el Instituto para la Seguridad de las Construcciones emitió la Norma Técnica Complementaria para Evaluación y Rehabilitación Estructural de Edificios Existentes.

LLAMAN A APLICAR NORMATIVA

Naxhelli Ruiz, investigadora de la UNAM, señala que, aunque ya existe la norma para la rehabilitación de edificios, lo que falta es que el gobierno capitalino la aplique.

Se evalúa qué sistema constructivo se siguió, en qué zona de la ciudad está, cuál es su estado físico y da unos parámetros muy específicos”, explicó.

A partir de esa información, se decide si el edificio requiere reforzamiento y de que tipo.

Además, Ruiz propone que, como en otros países, se exija una inspección estructural obligatoria al momento de comprar una propiedad, para que el comprador tenga la certeza de que su vivienda es segura.

En tanto, Trinidad Godínez, quien fue damnificada en el sismo del 2017 en la colonia Hipódromo Condesa, insiste en que la población, tanto local como extranjera, no está preparada.

La gente no sabe cuál es la zona más segura de su casa, ni tienen un plan familiar para enfrentar un sismo”, apuntó.

DAÑOS EN 1985 Y 2017

La zona Roma-Condesa y Jael Elizabeth Castillo Gutiérrez han enfrentado en dos ocasiones tragedias por sismos.

En 1985 vivía con su familia en un departamento rentado en la calle de Chiapas, en la colonia Roma, y desde su ventana vio el colapso del multifamiliar Juárez.

En los alrededores de su hogar, muchas construcciones se colapsaron y el edificio de Jael tenía cuarteaduras en las paredes.

La primera noche las autoridades nos dijeron que si queríamos pasar la noche ahí a un lado del multifamiliar Juárez, pero la verdad no entraba en nuestra cabeza. ¿Cómo querían que nos quedarnos allí? Cuando que mucha gente decía que se oían los gritos de la gente abajo de los escombros pidiendo ayuda”, recordó.

Ella y su familia se quedaron sin hogar y, ante la nula ayuda de las autoridades, se refugiaron en casa de familiares.

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Dieciocho años después, ya con un departamento en la Hipódromo Condesa, el sismo de 2017 la volvió a confrontar con el miedo.

Sentí que se podía caer el edificio”, dice. Tras el temblor, se enfrentó a un nuevo desamparo: la falta de información oficial sobre el estado de su inmueble.

Yo vivía en la en la colonia Hipódromo Condesa y, por el movimiento tan fuerte, sentí como que se podía caer el edificio”, contó.

Tras el temblor, se enfrentó a un nuevo desamparo: la falta de información oficial sobre el estado de su inmueble.

A través de la organización Damnificados Unidos, Jael luchó por meses hasta lograr la rehabilitación de su edificio, aunque tuvo que ceder ante la redensificación.

Yo tuve que ceder, porque era el único camino, si cuatro querían reconstrucción y sólo dos vecinos queríamos rehabilitación, pues no íbamos a llegar a ningún punto”, explicó. 

Trinidad vivió una historia similar. En 2017 sintió el sismo con gran intensidad y, al salir, vio cómo el edificio de al lado, Ámsterdam 25, se derrumbaba.

El peregrinaje para lograr la reconstrucción de su edificio, Ámsterdam 27, duró cuatro años, en lo que Trinidad y sus vecinos tuvieron que manifestarse y cerrar vialidades para ser escuchados.

El edificio fue entregado en 2021, pero no sin un gran costo: su madre y una vecina fallecieron durante el largo proceso.

PIDEN PARTICIPAR EN RECONSTRUCCIONES

A 40 años del sismo de 1985, Tlatelolco sigue lidiando con una “fractura social” que no ha sanado, a pesar de que la reconstrucción de los edificios se completó.

En el marco de la conmemoración, especialistas y damnificados exigieron que los procesos de reconstrucción en la Ciudad de México sean participativos, con voz y voto para los afectados desde la planeación hasta la entrega de las viviendas.

Participar no es sólo elegir entre A o B, sino involucrarse desde el análisis estructural hasta la construcción misma, lo que puede tardar más tiempo, pero garantiza mejores resultados”, señaló Cuauhtémoc Abarca, damnificado de 1985 e integrante del Comité de Reconstrucción de Tlatelolco.

La especialista Isadora Hastings, de la asociación civil Cooperación Comunitaria, coincidió en que los procesos de reconstrucción, como el de las más de tres mil viviendas pendientes del sismo de 2017, deben asegurar el acceso a una vivienda digna y “reforzar la identidad comunitaria para evitar la fragmentación social”.

-Hilda Castellanos

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