Hace unos días, en una comida con amigos, un exfuncionario de la Secretaría de Hacienda, un hombre que ha visto pasar muchos presupuestos y muchas crisis por su escritorio, decía, con una mezcla de preocupación y realismo técnico, que México se encuentra hoy ante un nudo ciego que pocos se atreven a diagnosticar en público.
Durante la charla, diseccionó una hipótesis que explicaría el escaso crecimiento del PIB en los últimos siete años: la economía mexicana se ha mantenido por debajo de su potencial para evitar un ajuste aún mayor en el nivel de precios.
La política salarial de la actual administración ha caído en su propia trampa. El planteamiento es, en esencia, sencillo pero demoledor: se ha aumentado el salario mínimo de forma acelerada sin mover un ápice la productividad nacional, generando una presión estructural donde la variable de ajuste ha terminado siendo, trágicamente, el incremento del PIB.
Para entenderlo sin tecnicismos, imaginemos una pequeña panadería de barrio. Si por decreto el dueño debe pagarle más a su panadero, pero éste sigue produciendo el mismo número de bolillos porque no tiene un horno mejor, el dueño busca trasladar ese costo al precio del pan. Sin embargo, en esta historia hay un tercero: el banco central y el mercado. Para evitar que el pan suba demasiado, se mantienen tasas de interés altísimas que encarecen el crédito y un tipo de cambio que castiga la competitividad. El resultado es que el panadero gana más, pero el dueño no puede ampliar la panadería ni hacer otra contratación. La panadería no crece; sobrevive a medias en un equilibrio precario.
La metodología para probar esta idea reside en analizar la brecha entre el Salario Medio de Cotización y el Índice de Productividad Laboral. Al agotarse los márgenes de utilidad de las empresas, la economía mexicana ha entrado en una zona donde el crecimiento se mantiene deliberadamente por debajo de su potencial para no disparar el Índice Nacional de Precios al Consumidor. Es decir, el control de la inflación hoy no es fruto de la eficiencia, sino de un freno de mano puesto a la inversión mediante la política monetaria y cambiaria.
Si proyectamos esta hipótesis hacia el futuro, nos encontramos con tres escenarios que definen la profundidad de esta “trampa”. En el Escenario A, de estancamiento crónico, el gobierno insiste en aumentos salariales mientras Banxico se ve obligado a mantener tasas restrictivas por tiempo indefinido; la economía se “enfría” tanto que el desempleo empieza a subir, anulando el beneficio social inicial. El Escenario B, de desalineación cambiaria, ocurriría si el tipo de cambio deja de ser un ancla; entonces, la presión de costos acumulada se desbordaría en un ajuste de precios violento que los salarios no podrían alcanzar. Finalmente, el Escenario C, el de la ruptura del potencial, se daría si la falta de inversión degrada a tal punto la infraestructura y el capital humano que el país pierde la capacidad de crecer incluso si las tasas bajaran, dejando al salario mínimo como un trofeo de papel en una vitrina vacía.
La conclusión de la plática con el exfuncionario fue amarga. La política salarial, concebida como un acto de justicia, ha chocado con la realidad de una estructura productiva estática. Para salir de la trampa del bienestar no basta con repartir una riqueza que no se está multiplicando. Mientras la productividad sea la gran ausente y el crecimiento siga siendo el sacrificio necesario para contener los costos, el salario mínimo seguirá siendo un perro que intenta morderse la cola: corre en círculos en una pista que cada vez se hace más pequeña.
BUSCAPIÉS
*En lugar de responder ante alguna autoridad por los múltiples señalamientos en su contra, el senador Adán Augusto López Hernández se irá a hacer lo que él llama “trabajo territorial”. Es decir, mientras se quedan sin explicación la historia de su relación con Hernán Bermúdez y las inconsistencias entre sus declaraciones patrimonial y fiscal, entre otros señalamientos, el tabasqueño se dedicará a algo para lo que no le paga el contribuyente: hacer campaña para Morena.
