Con careta y cubrebocas, el obligado retorno del Congreso CDMX

Previo a la entrada de los legisladores, el edificio se sanitizó y sólo se permite ingresar a quienes realicen labores esenciales

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Con careta y cubrebocas, el obligado retorno del Congreso CDMX

CIUDAD DE MÉXICO. 

Cubre su rostro con una careta transparente y un cubrebocas blanco, quizá un N95, para protegerse contra el Covid-19. De pie en las escalinatas que conducen a la entrada del Congreso de la Ciudad de México, el diputado Jorge Gaviño Ambriz expresa: “Era nuestra obligación”.

Tenemos que venir, si vienen los médicos a la calle, los enfermeros, los policías, nosotros tenemos que hacerlo también”, dice antes de entrar a la sesión ordinaria presencial convocada para este martes.

El retorno a las actividades legislativas del Congreso local es inusual, la vida legislativa se ha alterado. No hay abrazos ni besos cuando los diputados se saludan; no existe el secreteo, ese acercamiento cuando los legisladores traman su estrategia parlamentaria; los legisladores están alejados unos de otros, no comparten el mismo espacio, sino que las curules están distribuidas entre el Pleno, balcones, palcos y Salón Colosio.

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En el edificio ubicado en el cruce de las calles Donceles y Allende, en el Centro de la Ciudad de México, se respira el temor ante el Covid-19 aunque previo a la entrada de los legisladores se sanitizó el recinto. El acceso está restringido sólo a quienes realicen actividades esenciales: legisladores, asesores, personal de seguridad, administrativo y limpieza, así como medios de comunicación.

Las instrucciones son claras y contundentes: portar cubrebocas, careta y guantes, además de mantener la ya conocida sana distancia.

El Congreso de la Ciudad de México suspendió sus actividades casi durante dos meses, desde el 21 de marzo hasta el 18 de mayo; luego de la declaratoria de emergencia sanitaria por la presencia del Covid-19 los legisladores pararon las actividades: las reuniones de las comisiones, las sesiones ante el Pleno y cerraron el edificio de Donceles.

De manera extraordinaria, el pasado 3 de abril los diputados sesionaron de manera virtual para reformar el Artículo 4 de la Constitución y así elevar a rango constitucional los programas sociales del gobierno federal, lo cual fue considerado por algunos diputados como ilegal, porque iba en contra de la Ley Orgánica del Congreso de la Ciudad de México y su reglamento.

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Es necesario encontrar el esquema en que el Congreso de la Ciudad pueda funcionar y no se quede atascado, como estábamos. Entonces, en la medida que esto siga avanzando y logremos consensuar un esquema de trabajo que nos permita legislar de una manera electrónica”, dijo la diputada Gabriela Salido, antes de entrar a la sesión legislativa. 

Los dos guardias que están en el primer filtro del edificio se mueven para permitir el paso a la legisladora Circe Camacho, quien viste un vestido negro largo y un cubrebocas negro. Le dan gel antibacterial, le toman la temperatura y ella coloca las zapatillas oscuras en un limpiador, luego camina al segundo filtro de acceso, en la que le entregan una careta y un par de guantes para poder ingresar al Pleno.

Pero adentro, los legisladores rompen los protocolos sanitarios y se acercan a discutir algún tema del orden del día, donde lo primordial es aprobar las sesiones virtuales. La vida parlamentaria no es como antes, ya fue trastocada por el coronavirus que también ha modificado la vida de millones de personas en todo el mundo.

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