- EN EL SIGLO PASADO
¿Sería posible que me presentara una comparación de cómo andaba nuestra economía hace 40 años y cómo anda ahora, en relación a otros países, hemos mejorado o no?
R. En 1980, México aparecía entre las diez mayores economías del mundo, impulsado por el auge petrolero, la industrialización sustitutiva de importaciones y una inserción creciente en el comercio internacional. Aunque compartíamos rango con países como Canadá, Italia o el Reino Unido, la economía arrastraba vulnerabilidades profundas en finanzas públicas, tipo de cambio y sistema bancario que derivaron en la crisis de deuda de los ochenta. Ese quiebre marcó el fin del crecimiento acelerado de la posguerra y abrió una larga etapa de ajustes y reformas. Desde entonces, el país recorrió un camino de apertura y modernización. La adhesión al GATT, la firma del TLCAN y luego del T-MEC consolidaron a México como plataforma exportadora manufacturera integrada a la economía de EU. La estabilidad macroeconómica, la inflación controlada y un sistema financiero más sólido evitaron los colapsos recurrentes que afectaron a otras economías latinoamericanas. Gracias a ello, México se mantuvo de forma relativamente estable entre los puestos once y quince del ranking mundial de producto. Pero el desempeño no fue suficiente para escalar de manera clara al grupo de las diez principales economías ni para seguir el ritmo de países que en 1980 eran similares o más pobres. Corea del Sur y China aprovecharon estrategias industriales agresivas, fuertes inversiones en educación y tecnología, y estados más eficaces para impulsar saltos de productividad que México no logró igualar. Persistieron una productividad baja, alta informalidad, competencia limitada en sectores clave y una fuerte dependencia del ciclo estadunidense. Visto desde México, la historia de las economías líderes entre 1980 y 2025 es ambivalente. El país evitó el declive de otras economías de la región, como Argentina, pero tampoco alcanzó el despegue de los gigantes asiáticos. El reto hacia adelante es transformar tamaño en dinamismo, cerrando brechas de productividad, innovación e instituciones que aún limitan su ascenso en la jerarquía económica global.
- INDÍGENAS
¿Cuáles serían los indígenas más destacados en la historia de nuestro país?
R. En México solemos hablar de identidad como si fuera una pieza fija, un objeto que se hereda y se guarda en un cajón. Pero basta mirar las figuras indígenas que han marcado la vida pública del país para entender que la identidad es, más bien, una fuerza en movimiento. No es un recuerdo del pasado, sino una presencia que sigue empujando hacia adelante. Ahí están los nombres que ya forman parte de la memoria colectiva. Benito Juárez, el niño zapoteco que caminó kilómetros para estudiar y terminó reescribiendo la idea misma del Estado mexicano. Rufino Tamayo, que llevó el color zapoteco a los museos del mundo sin necesidad de proclamas. Yalitza Aparicio, cuya sola aparición en pantalla obligó a un país entero a mirarse en el espejo. Ana Gabriela Guevara, con ascendencia yaqui, que corrió contra el reloj y contra los prejuicios. Marichuy, que convirtió la palabra indígena en un acto político contemporáneo. No son excepciones. Son recordatorios. Cada una de estas figuras demuestra que los pueblos originarios no son un capítulo cerrado, sino una conversación viva que atraviesa el arte, el deporte, la política y la cultura. Su presencia incomoda a quienes prefieren un país uniforme, pero inspira a quienes entienden que la diversidad no es un adorno, sino una forma de inteligencia colectiva. En un país que a veces olvida su propia profundidad, estas voces recuerdan algo esencial. México no se explica sin sus raíces indígenas, pero tampoco sin quienes las llevan al presente con dignidad, talento y una terquedad luminosa. Son ellos quienes mantienen abierta la posibilidad de un país más amplio, más honesto y, sobre todo, más verdadero.
