“El Tigre del Pedregal”, un asesino posrevolucionario

Historia de Isaac Mendicoa Juarez, bandolero posrevolucionario que atemorizo el sur de la Ciudad de Mexico con crimenes, asaltos y brutal violencia

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Retrato de Isaac Mendicoa Juárez, conocido como “El Tigre del Pedregal”, bandolero posrevolucionario que sembró terror en el sur de la Ciudad de México durante la década de 1920.Excélsior / Archivo histórico

En la segunda década del siglo XX surgió un delincuente que dominó la nota roja durante varios años, atemorizó al sur de la ciudad mientras cabalgaba con cuchillo en mano y una pistola calibre 44 enfundada.

Isaac Mendicoa Juárez, nació en Santa Úrsula, Coapa, en la Ciudad de México en 1900. Su padre, era un español dedicado a los textiles, mientras que su madre trabajaba en la milpa. A los nueve años abandonó su hogar para nunca regresar.

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Fotografía histórica que muestra una escena de violencia con armas de fuego al interior de una habitación, captada por la prensa en México durante la primera mitad del siglo XX.Excélsior / Archivo histórico

Desde muy joven, Mendicoa se convirtió en asaltante de caminos, principalmente en la zona del sur de la Ciudad de México y su colindancia con Morelos y el Estado de México. 

Más tarde, se unió como guerrillero a las fuerzas de Francisco I. Madero y Emiliano Zapata, desde puntos específicos de operación ubicados en el Valle de México. Aunque no desempeñaba un papel preponderante en la causa revolucionaria, su labor periférica radicaba en el robo y contrabando de armas.

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Retrato de Isaac Mendicoa Juárez, apodado “El Tigre del Pedregal”, uno de los criminales más violentos del México posrevolucionario, según registros de la prensa de la época.Excélsior / Archivo histórico

Con el fin de la lucha armada tras la caída de Zapata en 1919 y la llegada del régimen obregonista al poder, la actividad delictiva de Mendicoa se incremendó en demarcaciones como Tlalpan, Coyoacán o Xochimilco, entre otras. Su astucia y crueldad atemorizó a campesinos, comerciantes, así como a la población en general.

Una vez que cometía un acto ilícito corría a refugiarse a su escondite en una cueva ubicada en El Pedregal, lo que le valió el mote de “El tigre del Pedregal”. El amplio complejo de cuevas estaba equipado con todo lo necesario para la manutención de sus ocupantes, entre una gran variedad de salidas, el espacio ofrecía comodidad para el grupo de criminales. 

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Portada del diario Excélsior del 26 de noviembre de 1925 que documenta la comparecencia de Isaac Mendicoa, conocido como “El Tigre del Pedregal”, ante el jurado popular en el Distrito Federal.Excélsior / Archivo histórico

Durante cinco años, sin tregua alguna, se dedicó a desafiar a las autoridades por medio de sus arteros crímenes cometidos en compañía de un nutrido grupo de bandoleros a su servicio, entre quienes destacaban su amigo Ignacio Bolaños y su medio hermano, Pedro López, conocido como “El perro”.

Las crónicas de Excélsior describen a “El tigre del Pedregal” como un hombre de “cuerpo mediano, moreno, de facciones bien cortadas, de rudimentaria educación, carácter de hierro, aventurero por excelencia, sanguinario y de marcado temperamento sadista”.

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Retrato publicado por Excélsior de Isaac Mendicoa, conocido como “El Tigre del Pedregal”, quien en noviembre de 1925 enfrentaría al jurado acusado de diversos delitos en el Distrito Federal.Excélsior / Archivo histórico

Casi siempre vestido con traje de charro, cargaba entre sus ropas una pistola calibre 44, además, tenía un fiel acompañante que lo seguía a todos lados: un afilado cuchillo, mismo que se aseguraba de limpiar directamente de la ropa de sus víctimas luego de atacarlas ferozmente. Desde asaltos a mano armada, hasta cruentos asesinatos sin motivo alguno, eran parte del día a día de Mendicoa. 

Entre sus crímenes se encuentra el asesinato a sangre fría de un árabe comerciante de telas a quien apuñaló sin miramientos antes de robarle solamente un costoso cargamento de manta. En otro caso, le quitó la vida a un vendedor de tunas sorprendiéndolo por la espalda para cortarle el cuello. Luego, arrastró al moribundo hombre hasta las higueras donde, con el cuchillo todavía ensangrentado, cortó y comió tunas al lado del cuerpo.

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Portada del periódico Excélsior del 28 de noviembre de 1925 que reporta la aprehensión de Isaac Mendicoa Juárez, “El Tigre del Pedregal”, tras intentar evadir a la policía luego de un sangriento enfrentamiento.Excélsior / Archivo histórico

El grupo delictivo frecuentaba cabarets de donde sustraían mujeres secuestrándolas para someterlas a todo tipo de abusos, con el pretexto de que “pagaban” con dinero cada vejación a las que eran sometidas. 

Otra historia que gira en torno a Mendicoa es la de una joven llamada Virgen García, conocida como “La virgencita del Pedregal”, luego de que esta habría rechazado las propuestas amorosas del afamado bandolero, un caso singular ya que ninguna mujer se atrevía a negarse al oriundo del Pedregal dado su nivel de peligrosidad y violencia desenfrenada.

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Portada del periódico Excélsior del 27 de noviembre de 1925 que informa la sentencia dictada por el jurado popular contra Isaac Mendicoa Juárez, conocido como “El Tigre del Pedregal”, por diversos crímenes cometidos en el Distrito Federal.Excélsior / Archivo histórico

La suerte de la desdichada mujer estaba echada: el despiadado asesino secuestró a García torturándola hasta la muerte. El caso generó indignación entre la sociedad que pedía la pronta captura del afamado caudillo que gustaba de pasearse a caballo entre las calles y cuya sola presencia infundía miedo entre quienes lo veían pasar. 

Finalmente, fue detenido al ser señalado como responsable de la muerte de su amante, Rafaela Sierra, el 24 de noviembre de 1925. La policía logró interceptarlo para ser sentenciado a más de doce años de prisión. Su condena se redujo significativamente y salió absuelto casi cinco años después.

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Portada del periódico Excélsior del 25 de julio de 1933 que informa la muerte de Isaac Mendicoa Juárez, conocido como “El Tigre del Pedregal”, abatido por la policía tras intentar fugarse.Excélsior / Archivo histórico

Ya en libertad, el peligroso criminal continuó con su actividad delictiva hasta que fue recapturado y juzgado por diversos crímenes. Al ser cuestionado por la prensa y por las autoridades sobre porqué robaba, dijo “de algo tenía que vivir”. De acuerdo con testimonios, no todo el tiempo cometía ilícitos para tratar de despistar a la policía, “hay que trabajar; pero trabajar bien, a fin de tomarse después largas vacaciones”.

EL 24 de julio de 1933, mientras era trasladado a una casa donde señalaría a la policía la ubicación de una parte de su botín, Mendicoa fue ultimado a tiros al intentar fugarse del vehículo en el que era conducido por los agentes, así quedó registrado en los informes policiales.

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