Padecen despojos de cuello blanco en el Valle de México
Cambian la propiedad de los inmuebles gracias a juicios amañados en los que presentan documentos y testigos apócrifos

En el Valle de México existen tristemente célebres casos de despojos de inmuebles y terrenos a través de la invasión, pero también se extienden los casos en los que se emplea el cambio de nombre en la boleta del pago de impuesto predial y servicios como agua y luz, así como los juicios amañados para cambiar el nombre del dueño en el Registro Público de la Propiedad.
Escogen situaciones en las que el dueño del inmueble ya falleció, y aunque en muchos casos heredó la propiedad a un familiar, éste no ha podido hacer los trámites para ponerla a su nombre.
Los delincuentes fingen vivir en la propiedad, buscan testigos que certifiquen que la adquirieron del dueño original.
Una de las víctimas de este despojo de cuello blanco es Guadalupe Moreno, quien vive en la calle Elvira número 5, en la colonia Nativitas, en un predio que fue propiedad de su abuela, Amelia Ibáñez de Moreno, quien lo compró en la década de los años cuarenta del siglo pasado.
El predial siempre había llegado a nombre de su abuela, así que cuando a principios del año pasado llegó a nombre de otra persona, Guadalupe de inmediato supo que algo andaba mal.
“Yo ya sufrí un despojo en el Estado de México, me tardé 15 años en recuperar esa casa, así que sé cómo operan haciendo trampas en juzgados, en el Registro Público de la Propiedad, para cambiar al propietario”, dijo Guadalupe a Excélsior.
Con esa sospecha en mente, hizo una búsqueda en el Registro Público de la Propiedad y se encontró con que su casa ya no estaba a nombre de su abuela, Amelia Ibáñez de Moreno, sino de un tal J. Refugio Gómez Robledo.
Además, descubrió que fueron puestos a nombre de la misma persona los tres predios que colindan con su casa: calzada de Tlalpan número 960, 958 y 956.
Guadalupe encontró que ante el Juzgado 24 de lo Civil de la Ciudad de México, Enrique Heredia Gómez realizó un juicio para prescribirse de la casa ubicada en la calle de Elvira número 5.
“¿Qué pretende esta gente? Me temo que pretenden desalojar los predios que suman más de 600 metros cuadrados para hacer condominios de lujo (…). Sobre Calzada de Tlalpan se pueden hacer edificios de departamentos de veintitantos pisos. Además es una zona donde están construyendo muchísimo ahorita”, consideró la entrevistada.
Guadalupe investigó cómo fue que Enrique Heredia Gómez logró poner a su nombre la casa que estaba a nombre de su abuela.
“Para que una persona se prescriba una propiedad tiene que tener la posesión plena, pacífica (…). Resulta que Enrique Heredia Gómez dijo (en el Juzgado 24 de lo civil) que vivía en mi domicilio desde los años 70 (del siglo pasado) y dijo que mi papá le vendió la casa y llevó a dos testigos al juzgado, a dos adultos mayores, que dijeron conocer a mi papá y haber estado en el momento de la compra venta”, expresó Guadalupe.
Ese juicio empezó en el 2020 en plena pandemia “y el juez determinó que ya con esos testimonios y en vista de que mi padre no se presentó, se iba en rebeldía el juicio y la persona (Enrique Heredia Gómez) se adjudicó la propiedad”.
Era imposible que el padre de Guadalupe se presentara ante el juez, pues había muerto 20 años atrás.
En 2021 terminó el juicio y Heredia Gómez se adjudicó la propiedad y la vendió a J. Refugio Gómez Robledo en febrero de 2025, como consta en las escrituras públicas.
En marzo del año pasado, por primera vez, ya no llegó el predial a nombre de la abuela de Guadalupe, sino a nombre de J. Refugio Gómez Robledo.
Temor al despojo
Ante el temor de un despojo, Guadalupe contrató policías que vigilan su casa las 24 horas del día y se mantiene en alerta constante, pues “el 6 de octubre del año pasado se metieron invasores a Tlalpan 958 (uno de los predios contiguos); entre ellos Karen Gómez, que dice ser hija del dueño”.
Además, los invasores de Calzada de Tlalpan 958 “por dentro hicieron un boquete de barda a barda para intentar meterse al predio de Calzada de Tlalpan 956”, pero no pudieron lograrlo.
Otro vecino que vive en calzada de Tlalpan narró a este diario que en octubre del año pasado llegaron inspectores de Invea a la maderería ubicada en el número 956 de esa avenida, que ya también está a nombre de J. Refugio Gómez Robledo, a pedir papeles y documentos. Cerraron el lugar y pusieron sellos porque aparentemente les faltaban permisos.
“A la media hora de que habían cerrado la maderería llegaron seis tipos en una camioneta y varias mujeres y trataron de meterse a la maderería, pero los trabajadores se encerraron con cerrojo”, relató.
Guadalupe afirmó que lo más urgente es “que las autoridades nos ayuden a regularizar de una forma rápida y eficaz los predios para ya no ser víctimas de este delito”.
Planteó que para un ciudadano como ella, que heredó su casa, “implica muchísimos trámites y costos” poner a su nombre una propiedad, lo que no sucede con los delincuentes.
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