El sueño de los Reyes Magos vive en la Alameda Central
Hay colores por todos lados, luces que compiten con el atardecer y esa sensación de que, al menos por unas horas, la ciudad baja la velocidad

En la última semana el Centro de la Ciudad de México empieza a cambiar de ritmo, sigue el tráfico, pero hay algo distinto en la zona, familias enteras, pequeños que corren, globos multicolores, padres con café en mano y miradas cómplices.
Es el anuncio inequívoco de que la magia del Día de Reyes volvió a instalarse, esta vez con un escenario que vio nacer la tradición de la foto en la Alameda Central hace 85 años.
La tradicional romería de los Reyes Magos reaparece como uno de los rituales más entrañables del cierre decembrino. Niñas y niños buscan el momento exacto para acercarse a Melchor, Gaspar o Baltazar. Algunos cargan cartas dobladas con cuidado, otros ensayan sonrisas para la foto que quedará guardada en el celular y, con suerte, en la memoria.
Una foto depende del personaje y sobre todo de cómo vaya; es decir, en un calendario te puede salir en 250 pesos o con un marco en 350 pesos, aun así, la tradición sigue viva.

La alegría del retorno
Para Daniel Adolfo Chapa Caballero, fotógrafo Reyes Magos la herencia que le dejó su abuelo, desde hace 85 años le trae recuerdos y satisfacciones al ver a decenas de niñas y niños emocionarse con los personajes que crean sueños.
“La verdad, se siente muy bonito, porque bueno aparte de que vemos la alegría, desde los más pequeños hasta de los más grandes, porque nos encontramos una señora de este lado y fue lo que nos comentó: ‘Yo iba desde chiquita a tomarme la foto y es una alegría, volver aquí y poderme tomar otra vez la foto con ustedes, la foto de los Reyes Magos’”.
Por años habían cambiado de sede: Monumento a la Revolución, alcaldía Cuauhtémoc, no importaba el lugar, siempre buscaban estar presente en las romerías para poder compartir esa magia que solo diciembre trae consigo.
“Hemos estado de un lado a otro, ahora que regresamos a la Alameda, es como regresar a casa, se ve en la emoción de las familias que vienen y se quieren tomar la foto, esa foto que puede quedar en el álbum y se puede enseñar a los nietos”.

La magia de la romería
Aquí en esta parte de la ciudad, el tiempo parece detenerse, no hay prisa, todos disfrutan lo que se puede ver, juegos mecánicos, frituras, algodones multicolores o quesadillas de queso, que para los extranjeros son un verdadero manjar y no se preocupan para saber si las quesadillas deben ser de queso o no.
Steven, es un turista proveniente de Canadá con un español corto, muy precario pero entendible, le pide a Doña Maricela dos quesadillas, una de queso y otra de chicharrón con queso.
Sin apartar la mirada, observa la preparación. Se nota que traía antojo. Se sienta a esperar mientras se la entregan y, junto a su esposa, conversa con calma. Cuando por fin toman las quesadillas, da la primera mordida con los ojos cerrados, como si quisiera atrapar el sabor y guardarlo un momento más.

“Es fantástico, muy rico, me gusta…el queso, yo el chicharrón, los dos son muy rico”, se le entiende en su poco español.
Durante años, la explanada del Monumento a la Revolución fue el punto de encuentro. Ahí se mezclaron risas, villancicos improvisados y filas eternas. Hoy el festejo cambia de aire y se muda a las inmediaciones de la Alameda Central.
El espacio es más amplio, más abierto, pensado para que el flujo de familias sea más cómodo y con menos impacto vial, tras acuerdos con autoridades capitalinas y vecinos de la zona.
Pretexto para pedir deseos otra vez
El cambio de sede no altera el fondo. La romería conserva ese ambiente que huele a algodón de azúcar y suena a música infantil. Hay colores por todos lados, luces que compiten con el atardecer y esa sensación de que, al menos por unas horas, la ciudad baja la velocidad.

Para muchas familias, esta visita no es solo una salida más: es tradición pura. Un plan que se repite cada diciembre y se estira hasta los primeros días de enero. Un pretexto para creer, para volver a pedir deseos, aunque sea en voz baja.
La Alameda Central se convierte así en el nuevo hogar temporal de una celebración que se niega a perder su esencia. Y eso, en una ciudad que cambia todos los días, ya es decir mucho.
*DRR*