Maestro

Con la llegada de la temporada de arcilla se ha reanudado el dominio de Rafael Nadal en esa superficie. El oriundo de Mallorca conquistó de manera brillante su decimoprimer título en el Masters 1000 de Montecarlo, pasando por encima de todos sus rivales, incluyendo el ...

Con la llegada de la temporada de arcilla se ha reanudado el dominio de Rafael Nadal en esa superficie. El oriundo de Mallorca conquistó de manera brillante su decimoprimer título en el Masters 1000 de Montecarlo, pasando por encima de todos sus rivales, incluyendo el triunfo en la final sobre Kei Nishikori.

El español lleva años de ser el rey en la llamada tierra batida, me atrevería a decir que nunca en la historia un jugador ha sido tan dominante en una superficie como él. Con lo hecho en el principado llegó a 36 sets ganados de forma consecutiva y durante ese tiempo ningún oponente le ha podido ganar más de cuatro juegos en un parcial.

Con este nuevo trofeo obtenido ayer, llegó a 76 torneos ganados en su extraordinaria carrera (colocándose a uno de John McEnroe, quien se ubica en el cuarto lugar de la tabla histórica de ganadores), de los cuales, 31 han sido en eventos Masters 1000; récord máximo de todos los tiempos superando por el momento a Novak Djokovic con quien compartía esa distinción.

Con todos esos récords es fácil entender lo especial que es Nadal, un atleta de excepción que ha marcado una época junto a otras dos leyendas del tenis, Roger Federer y el propio Djokovic. Razón por la que sus éxitos cobran un valor especial, ya que los ha conseguido compitiendo ante dos de los principales exponentes que el deporte blanco nos ha ofrecido.

Agregando que, aunque en la arcilla es donde más cómodo se siente, ganando ahí la gran mayoría de sus títulos (entre ellos diez en Roland Garros), también ha obtenido otros seis Grand Slams, ganando por lo menos una vez cada uno de los principales eventos del planeta. Adaptando su estilo de juego también a las canchas rápidas, que se utilizan en la mayoría de los torneos del circuito ATP.

Destacando, por supuesto, que ya no es un jovencito y que tras su calvario con las lesiones en 2016 parecía que sus mejores momentos ya habían pasado. Pero tras lo hecho el año pasado, regresó a la élite con triunfos importantes, destacando los conseguidos en el Abierto de Francia y en el U.S. Open.

Con bríos renovados, gracias a su relación laboral con Carlos Moyá, reinventándose gracias al trabajo con su buen amigo Nadal, ya no es aquel jugador que llevaba su cuerpo al límite, hoy es muy inteligente en la manera en que enfrenta cada partido y ha trabajado de manera incansable en ser más preciso con sus tiros para así poder recortar los puntos. Por supuesto que sigue siendo un tenista que deja todo en la cancha, aunque sabe administrar muy bien su esfuerzo.

Ya es imposible encontrar más calificativos para el carismático mallorquín, quien se ha ganado el respeto de sus colegas, periodistas y aficionados al deporte, gracias a su sencillez al igual que con su profesionalismo, que sirven de ejemplo para los niños, así como para las nuevas generaciones de tenistas, que ven en él a un ídolo accesible y no a una estrella inalcanzable.

Por fortuna, parece que habrá Nadal para rato, por lo que seguiremos disfrutando de este maestro del tenis.

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