Honey Deuce, el coctel rosa que factura millones en el US Open
La bebida insignia de Flushing Meadows, recauda 13 mdd al año y eclipsa incluso a las estrellas que pisan la pista

Carlos Alcaraz puede raparse la cabeza y sacudir tendencias en redes sociales, pero en las gradas del US Open hay un fenómeno más rentable, más fotografiado y, sobre todo, más embriagador: el Honey Deuce, un coctel color rosa pálido que se ha convertido en el verdadero símbolo del torneo.
Su receta es sencilla —vodka Grey Goose, limonada, un toque de Chambord y tres bolitas de melón honeydew que imitan pelotas de tenis—, pero su efecto es monumental. Con un precio de 23 dólares por vaso, la bebida genera cada verano alrededor de 13 millones de dólares en ingresos, un rendimiento por encima del premio de campeón en la rama femenil y varonil que es de cinco millones.
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Lo que comenzó en 2006 como un experimento de hospitalidad se ha convertido en un ritual de verano. Los vasos de plástico que lo contienen, impresos con los nombres de campeones pasados, se coleccionan como si fueran trofeos. Algunos fans acumulan decenas, otros incluso los convierten en decoración casera.

EL COCTEL HA TRASCENDIDO AL DEPORTE BLANCO
El fenómeno trasciende al tenis. Taylor Swift, Jason Sudeikis, James Corden e incluso Serena Williams han posado con el cóctel en mano. En 2024, la bebida se viralizó cuando un empleado fue grabado sacando bolas de melón a toda velocidad para poder satisfacer la demanda: se vende un Honey Deuce cada 1,5 segundos.
El negocio es tan lucrativo que Grey Goose convirtió la “temporada Honey Deuce” en una campaña de ciudad. En Nueva York, bares de renombre como Dante ofrecen su versión del cóctel en las semanas previas al torneo, y hasta Grand Central tiene un bar efímero para que los viajeros puedan probar un trago del Open sin boleto. En Times Square, Frances Tiafoe aparece en espectaculares levantando un vaso de la bebida.
LA DEMANDA DEL HONEY DEUCE HA PROVOCADO ALGUNOS CONTRATIEMPOS
Claro, el éxito también ha generado problemas. Durante años, preparar cada cóctel uno por uno causaba filas de 45 minutos que hacían perder puntos y hasta sets completos a los fanáticos. La solución llegó en 2024: un sistema de grifos de cóctel que ya sirve Honey Deuce premezclado. El Chambord aún se añade al final para conservar el efecto visual, pero el flujo se agilizó.
Lo interesante es que cada Grand Slam presume su propio trago: Wimbledon tiene la Copa Pimm’s, Roland-Garros su champán Moët & Chandon y Australia lanzó en 2025 el Lemon Ace, un cóctel cítrico con maracuyá. Sin embargo, ninguno se acerca al impacto cultural y económico del Honey Deuce.
El cóctel nació inspirado en el Mint Julep del Derby de Kentucky, donde el vaso se convirtió en recuerdo indispensable. El US Open logró replicar esa tradición con un giro millennial y estival: el rosa para Instagram, el vodka premium para presumir y el precio elevado para reforzar la idea de lujo.
Así, entre raquetazos, pelotas que rozan la línea y nuevas modas de cortes de cabello, el verdadero ganador del US Open no está en la pista ni en el vestidor. Está en cada vaso frío de Honey Deuce, la bebida que convirtió a un torneo de tenis en un negocio de coctelería que recauda millones de dólares.
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*mcam
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