#SanarAMéxico. Por una #NuevaRepública.
Hace tiempo que las distorsiones de nuestro colapsado sistema político se evidencian fácilmente en el ámbito estatal. Con Fox, los gobernadores se entronizaron como virreyes, luego con Calderón se rompió la confianza (¿recuerdan el “michoacanazo”?). Durante el sexenio de Peña Nieto, los escándalos de corrupción en Veracruz, en Quintana Roo o en Nuevo León (aunque fueron doce estados en total) dieron claros ejemplos de la forma en que se sistematizó el hurto de recursos públicos para que aquel grupo llegara al poder. Hoy, las acusaciones contra Rocha Moya actualizan el deterioro estructural de nuestro maltrecho federalismo.
Se adelantaron los tiempos, no obstante, las fechas fatales siguen ahí. La elección de noviembre en Estados Unidos enmarca la necesidad de acciones contundentes de Trump para jalar la atención de los votantes. Los republicanos lo saben, por esa razón, inmediatamente tomaron el tema “Rocha Moya” como bandera de guerra. No será el último en ser señalado. Hay muchos nombres posibles, no obstante, una hipótesis sería que articulen noticias in crecendo, primero contra actores locales para terminar contra figuras nacionales relacionadas con los cárteles, ya sea por tráfico de Fentanilo o por huachicol fiscal.
¿Acaso la decisión de ir contra gobernadores podría enmarcarse como parte de la estrategia electoral? No es casualidad que Sinaloa haya sido la primera judicialización. Aquél estado es el más identificado por los votantes estadunidenses en la narrativa del “terrorismo fentanilista”. ¿Quién seguiría? ¿Baja California, por las ondas expansivas hacia las ciudades de California, hoy gobernada por los demócratas? ¿Tamaulipas, por las implicaciones hacia las ciudades fronterizas de Texas? ¿Michoacán, con una fuerte comunidad migrante en Illinois? Caben, incluso, hipótesis más creativas para “atraer electores”, como ir contra La Barredora que azotó a Tabasco y Chiapas. ¿Y si de pronto hubiera una escandalosa aprensión del exgobernador que hoy trabaja como cónsul mexicano en Miami, Florida?
Por lo pronto, la Presidenta acudió a Palenque a una gira relámpago. No hay que ser adivinos para saber qué fue a hacer team back con su antecesor. Desconozco cuál fue el tono de la conversación, no obstante, creo que Sheinbaum avanzó de alguna forma en el estrecho espacio que tiene. Al final del día, el mandatario pidió licencia. Hasta Arturo Saldívar ya salió de oficioso a proclamar que no tiene fuero. ¿Podrá negociar Claudia que el sinaloense se quede en suelo mexicano? No lo creo. ¿Alguien en su sano juicio cree que ahí quedará la cosa frente a Trump? Sería ceguera pura. Simplemente, Sheinbaum ganó tiempo.
Cabe recordar que el embajador Johnson dijo en Topolobampo, frente al propio Rocha Moya, que “la corrupción, la extorsión y la falta de seguridad” son obstáculos directos que frenan la inversión extranjera en México. Puntual, enfatizó que esto “eleva los costos, debilita la competencia y erosiona la confianza”. Tras las duras declaraciones que Trump ha sostenido, pretender que los estadunidenses no mantendrán una escalada contra la narcopolítica imperante, sería ingenuo.
Difícil situación nacional. La revisión del T-MEC en nuestro momento más vulnerable. Sin embargo, en tiempos tan complejos, no sólo alarman las posiciones oficialistas, sino especialmente el tamaño de oposición que tenemos. Chiquitita, ínfima. Cientos de voces articuladas para criticar y desgañitarse contra temas públicos y evidentes que antes, jamás, quisieron o pudieron señalar con solidez.
Generan ternura quienes reenvían videos de Peña Nieto para “destacarlo” como estadista. Olvidan que la convivencia con el crimen organizado ha sido como el alcoholismo, una enfermedad progresiva y mortal. Inició sembrada y alimentada por el régimen priista para ordeñarla. Después, se transformó en una asociación que llegó hasta García Luna durante el panismo. Hoy, la izquierda en el poder ha encumbrado la jefatura de esa actividad sobre las autoridades.
¿Qué hacer? No cabe envolverse en la bandera. Eso sólo serviría para encubrir a los políticos que hayan actuado mal y traicionado al país. Habría que apoyar a Claudia si viniera —como creo que ocurrirá— una andanada contra su antecesor. Ella —independientemente de su vena partidista— tendrá que decidir entre su impulsor político y la viabilidad del país. Pienso que, por supervivencia personal —aun en contra de su credo interno—, decidirá lo segundo. Frente a la convocatoria de movilización social que pudiera iniciar AMLO (para intentar salvarse a sí mismo, aunque dirá que es para “salvar a la patria”) y con una velada intención por removerla, no debemos dejarla sola.
