El oro rojo del verano: Diablos Rojos produce jonrones y millones
La organización escarlata cerró el primer semestre de 2025 con ingresos por 241.4 millones de pesos y gastos por 130.2 millones

En un atardecer cualquiera, el Estadio Alfredo Harp Helú se enciende como una catedral roja. Desde la explanada, donde la gente se retrata frente a un trinche de acero gigante, hasta las butacas altas que ofrecen panorámicas de los volcanes, todo vibra con la sensación de que el beisbol volvió a convertirse en el espectáculo de masas de la capital. Los vendedores de cerveza avanzan a paso rápido, las familias buscan tacos y palomitas en los pasillos, los niños esperan a los jugadores para un autógrafo. La postal podría ser de Los Ángeles o Nueva York, pero ocurre en la Ciudad de México, donde los Diablos Rojos han hecho de la pelota un negocio tan sólido como su historia deportiva.
Ese fenómeno tiene hoy números concretos. Tras debutar en la Bolsa Mexicana de Valores, el club comenzó a rendir cuentas como cualquier empresa que cotiza ante inversionistas. Los datos correspondientes al primer semestre de 2025 son reveladores: los Diablos ganaron 111 millones de pesos netos, una utilidad menor a los 126 millones del año pasado, pero que confirma la capacidad del equipo para transformar la pasión por el beisbol en rentabilidad financiera.
El desglose de ingresos muestra el viraje de un negocio que ya no depende de un sólo rubro. El boletaje se desplomó 32.9 por ciento, al no repetirse la visita de Yankees de Nueva York que en 2024 abarrotó el estadio y disparó las entradas hasta niveles récord. Diablos Rojos reportó que la visita de los Bombarderos del Bronx generó 78 millones de pesos en taquilla con 41,359 localidades vendidas en los dos compromisos. Sin ese imán, el boletaje en el primer semestre de 2025 produjo 82.4 millones de pesos, frente a los más de 122 millones del año previo.
Pero donde se cerró una puerta se abrieron dos ventanas. La primera, en los pasillos del estadio, donde el olor a hamburguesas y el vaivén de vasos de cerveza se convirtieron en caja registradora: la venta de bebidas dejó 81.7 millones de pesos, un crecimiento de casi 24 por ciento. Cada visita al Harp Helú se parece menos a una jornada deportiva y más a una experiencia de consumo colectivo.

El beisbol en la capital se volvió un ritual social, una forma de convivencia que ya no se mide sólo por las carreras anotadas, sino por la cantidad de cervezas vendidas.
La segunda ventana fueron los patrocinios. En medio de un escenario donde el equipo capitalino no sólo presume tradición sino también campeonatos, el número 17 conseguido en 2024 rompió una sequía de 10 años, las marcas encontraron un escaparate atractivo. Los convenios crecieron casi 49%, hasta alcanzar 77.3 millones de pesos en la primera mitad del año. Esa confianza corporativa refleja que los Diablos son un producto de mercado capaz de hablarle a públicos diversos y no comunicarse con el idioma del beisbol.
En total, los ingresos sumaron 241.4 millones de pesos, apenas 0.3% por encima del año pasado. El estancamiento podría interpretarse como un freno, pero en realidad es el reflejo de la transición: menos boletos, más consumo dentro y más publicidad afuera. El beisbol, una vez visto como espectáculo de nicho en la Ciudad de México, encontró un modelo de experiencia total.
Los gastos, sin embargo, también crecieron. El campeonato de 2024 tuvo un precio. Retener talento y reforzar la plantilla elevó la nómina deportiva en más de 25 por ciento, hasta los 58.7 millones de pesos. Los seguros médicos de jugadores subieron un tercio, y el gasto en material deportivo se duplicó. Hubo, además, una inversión considerable en publicidad y mercadotecnia, 58% más que en 2024, para mantener al equipo en la conversación pública.
El club no ocultó estas erogaciones: en su reporte a inversionistas explicó que se trata de una apuesta deliberada para mantener el liderazgo tras el título Diablos Rojos terminó con el mejor récord de la campaña. Ganar, en el beisbol, no sólo cuesta en el diamante: también se paga en las hojas de Excel.
Aun así, el balance dejó un colchón de más de 111 millones de pesos en utilidades. El margen fue menor al del año pasado, pero suficiente para enviar una señal inequívoca: los Diablos han convertido su casa en Iztacalco en un motor financiero.
El Estadio Alfredo Harp Helú fue inaugurado en 2019 como la joya arquitectónica del beisbol mexicano. Se pensó en su momento como un capricho de millonario, pero seis años después demuestra ser una fábrica de dinero y una herramienta de resurrección cultural. Los capitalinos, que en los años noventa veían el beisbol como un deporte en extinción, hoy llenan el recinto como si se tratara de un concierto. La asistencia de 433 mil aficionados en seis meses, un crecimiento de 15.6 por ciento respecto al año pasado, confirma la tendencia.

La paradoja es evidente: aunque los boletos vendidos generaron menos ingresos, más gente asistió al estadio. Los precios, sin el sobreprecio de encuentros especiales como el de Yankees, fueron más accesibles y permitieron ampliar la base de aficionados que ahora se divierte en el beisbol
La transformación de los Diablos es, en muchos sentidos, la transformación de la ciudad. En un país donde el futbol acapara las pantallas y los titulares, el beisbol logró abrirse paso con una combinación de nostalgia, infraestructura moderna y marketing inteligente.
El Harp Helú dejó de ser un estadio para convertirse un laboratorio para convertir la pasión deportiva en un espectáculo masivo que puede competir con los grandes teatros de entretenimiento urbano.
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