Brasil, pentacampeón en Corea-Japón 2002
Tras el fracaso en 1998, Ronaldo deslumbró al mundo en la copa celebrada en Corea-Japón

CIUDAD DE MÉXICO.
¿Ven a ese jovencito?”, pregunta Mario Zagallo a los representantes de los medios de comunicación que se dan cita a uno de los entrenamientos de la selección de Brasil en la Copa del Mundo de Estados Unidos. “En el próximo Mundial (Francia 1998) va a ser la estrella. Recuerden su nombre, se llama Ronaldo. En el futuro todos hablarán de él”, agrega, ante la incredulidad de los presentes.
Zagallo, auxiliar técnico de Carlos Alberto Parreira en el Mundial de 1994, está convencido de que el joven de 17 años se convertirá en un referente cuando haya madurado física y mentalmente. Se cumplió. El nacido en Río de Janeiro se convertiría, por unos años, en el máximo anotador en las Copas del Mundo, con 15 tantos acumulados, con su cúspide en Corea-Japón 2002, hasta antes de la irrupción del alemán Miroslav Klose (16 goles totales).
El Fenómeno jugó todo el Mundial de 1998 infiltrado por una tendinitis en las rodillas y acabó marcado por ataque de epilepsia que sufrió en la víspera de la final que Brasil perdió ante Francia. Entonces prometió redimirse, sin imaginar los complicados años que estarían por llegar.
A partir de 1999 el atacante resiente el trabajo físico que ha acarreado desde su niñez, especialmente el que realizó en el PSV Eindhoven, club en el que desarrolló una musculatura incompatible con la estructura ósea de las rodillas. El 21 de noviembre, durante un Inter-Lecce, se rompe un tendón de la rodilla derecha para comenzar un calvario que se prolongará durante dos años.
Ronaldo regresa a la actividad el 12 de abril del 2000 para disputar siete minutos frente a la Lazio en la final de la Copa Italia, en la jornada que más especulaciones desata. Se cae al suelo, grita, llora... La rodilla claudica nuevamente. La imagen le da la vuelta al mundo y lleva a pensar que su carrera se ha terminado. Debe entrar a quirófano.
Participa de nuevo en un partido oficial el 19 de septiembre de 2001, juega 27 minutos ante el Brasov en la Copa de la UEFA, aunque las buenas sensaciones se difuminan ocho días después. En el juego de vuelta ante el equipo rumano sufre un estiramiento del bíceps femoral y debe parar otra vez.
El atacante entonces encuentra una inspiración en el amor que tiene por el futbol y en el apoyo de su familia para intentar retomar su sitio. Lo logra. En diciembre ya es titular con el Inter y marca su primer gol en un juego oficial después de dos años. Es tiempo de ilusionarse con jugar en otro Mundial.
Con Rivaldo, Cafú, Roberto Carlos, Lucio y los incipientes Ronaldinho y Kaká, Ronaldo cuenta con armas para triunfar con Brasil. El técnico Luiz Felipe Scolari delineó su parado con él en la punta, sin importar las críticas que pudiera acarrearle. Prefiere no llamar a Romario y sí a un futbolista proclive a las lesiones. La decepción en territorio galo tiene su recompensa en el Mundial de 2002.
El Fenómeno marca ocho tantos en la justa para convertirse en el campeón de goleo. En la primera ronda hace uno frente a Turquía, otro ante China y dos sobre Costa Rica. En los octavos mete uno más ante Bélgica. En la semifinal aumenta su marca contra Turquía y en la final, frente a Alemania, es el encargado de arrodillar a sus rivales con un doblete para dejar el marcador 2-0.
Zagallo acertó en su presagio de que Ronaldo sería una gran figura de futbol. El alumno de Jairzinho correspondió a su palabra. Desde entonces, Brasil presume en sus vitrinas cinco Copas del Mundo, lo que nadie más



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