La historia real del boxeador que huyó a México con su padre narcotraficante
Blair Cobbs vuelve al ring este sábado con un récord modesto, pero una vida de película de Hollywood

Blair Cobbs tenía 14 años cuando empujó la puerta de la mansión donde vivía en Beverly Hills y encontró sólo las sombras de una vida que ya no existía. El silencio le pareció más filoso que los cristales rotos. La casa estaba abierta y casi todos los muebles fuera de lugar. Ropa sobre las escaleras. Papeles por el suelo. Cajones volteados. En la alfombra, las huellas de las botas que habían provocado el caos. El escudo del SWAT lo tenía marcado en la mente cuando caminó hacia la sala y entendió que su padre no iba a regresar esa noche ni las siguientes.
Volví de la escuela y no había nadie”, recordó Cobbs en una entrevista con The New York Times. “Todo estaba revuelto. No entendía nada”.
Unos días antes nadie imaginaba ese colapso. Eugene Cobbs, su padre, había levantado vuelo desde Compton en un bimotor cargado con más de 200 kilos de cocaína. El aterrizaje fallido en Virginia Occidental lo había empujado a una fuga que pronto se volvería nacional. La casa cateada era la primera señal de que la vida que incluía autos de lujo, aviones, motocicletas y ropa de diseñador había sido financiada con dinero del narcotráfico.
Este sábado Blair Cobbs vuelve a subir al ring en Leeds, Inglaterra para enfrentar al invicto Elliot Whale. Cobbs tiene 35 años, un modesto récord de 18-1-1, pero una vida que supera la ficción de muchos guiones.
Tuve que dejarlo todo y en el boxeo me encontré a mí mismo”, suele decir cuando se le pregunta sobre su adolescencia.
La vida a la fuga que terminó en un gimnasio de Guadalajara
Durante días, Blair no supo si debía ir a la escuela o empacar una mochila. Antes de cumplir 15 años recibió una llamada: su padre había cruzado a México huyendo del FBI y otras autoridades que lo buscaban por tráfico de drogas y vuelos ilegales. Podía arreglar que él y su hermana lo alcanzaran en Guadalajara.
Eligió seguirlo. No tenía otra opción. Su madre había muerto unos años antes en un accidente de yate donde el monóxido de carbono asfixio a varios de los tripulantes.
Cuando llegó a México no encontró un domicilio como el de Beverly Hill. No había alberca, ni autos caros, sólo identidades falsas, historias inventadas y una regla de supervivencia que le dio su papá: no llamar la atención. El problema es que Blair era un adolescente afroamericano con un afro tan voluminoso que resultaba imposible ignorarlo. Ese cabello terminó siendo lo único que se negó a entregar cuando el mundo le pedía desaparecer.
Era lo único que me conectaba con quien había sido”, dice.
Mientras trataba de adaptarse a su nueva vida al sur del río Bravo, encontró un gimnasio en Guadalajara y, con él, algo parecido a una patria. En el ring se ganaba el respeto. Se ganaba con golpes y con el gesto de volver al día siguiente. Los veteranos lo apodaron Apollo Creed. Pronto peleó en lugares pequeños y arenas improvisados. De hecho Cobb recordó en una publicación que hizo en sus redes sociales que protagonizó un combate en una cartelera en donde también actuó el Canelo Álvarez.
Me ponían como evento principal porque era diferente”, recuerdó The Flair, quien rechazó cortarse el pelo al darse cuenta que era lo único que lo ataba con su pasado en Estados Unidos.
Debido al miedo que le provocaba que el FBI encontrara a su padre, Blair empezó a contar el tiempo no por cumpleaños sino por grandes carteleras del boxeo mundial. Todo lo relacionaba con el momento en el que se dieron combates como Floyd Mayweather Jr contra Óscar De La Hoya, Ricky Hatton vs. Floyd Mayweather Jr, por decir algunas.
Mientras tanto, la búsqueda federal seguía su curso. Cobbs cumplió 16, luego 17. Siempre con un nombre falso en el bolsillo y el miedo de que una patrulla marcara el fin de ese refugio.

El regreso a Estados Unidos y un futuro que no esperaba
Cuando cumplió 18, una salida apareció. Su madrastra lo invitó a Nueva York para regularizar sus papeles. Salió de Guadalajara sin despedidas. No sabía que en ese movimiento trazaba su única ruta posible hacia una identidad real.
Meses después, en 2008, la redada federal atrapó a Eugene Cobbs en un fraccionamiento en Zapopan como contó Pittsburgh Post Gazzette. Fue extraditado y sentenciado en 2010 a más de 12 años por conspiración de drogas y operación de aeronave sin licencia.
Blair se mudó a Filadelfia para mantener su carrera en el boxeo. Los costales y peras se volvieron su refugio. En un gimnasio del norte de Filadelfia llamó la atención de un entrenador que había visto demasiadas historias caer antes de tiempo. Blair corría sin descanso, lanzaba golpes sin pausa, saltaba y volvía a empezar.
¿Quién es este chico?”, preguntó el entrenador.
Era el mismo adolescente que años antes había peleado en Guadalajara con Canelo en preliminar. El mismo que había inventado historias frente a policías migratorios. El mismo que había cometido un acto silencioso de resistencia al no cortarse el pelo para no perder lo último que lo ataba a sí mismo.

El sábado camina hacia el ring sin más máscaras, sin identidades falsas, sin la sombra de autos sin distintivos escuchando llamadas. Esa entrada, para él, vale más que cualquier récord.
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