Ayrton Senna y el vuelo final de su cuerpo a Brasil, así lo recuerda su amigo Josef Leberer
Josef Leberer, amigo y fisioterapeuta de Ayrton Senna, fue uno de los pocos que viajó en el avión de Varig junto al cuerpo del fallecido piloto donde dio el adiós a su amigo.

Las 06:12 horas del 4 de mayo de 1994 fue el instante en que Brasil comenzó a llorar en su territorio la muerte de su ídolo Ayrton Senna, fue ese el instante cuando el vuelo 723 de la desaparecida aerolínea Varig aterrizó en Sao Paulo para iniciar el funeral del tricampeón del mundo de la F1.
El vuelo procedente de París, Francia, trasladaba el cuerpo de quien hasta unas horas antes había liderado el Gran Premio de San Marino sobre Michael Schumacher, en una carrera donde las carencias de su Williams eran suplidas por el talento del sudamericano, pero al final, la curva Tamburello cobró su vida cuando aspiraba a lograr su primer triunfo del año.
La imagen del coche estrellado y el cuerpo de Senna dieron la vuelta al mundo rápidamente tanto en televisión como por la radio, el medio más popular en el país del astro y que cada fin de semana de competencia reunía a decenas de personas para escuchar sus proesas.
En el paddock nadie creía lo que pasaba, en especial su fisioterapeuta: el austriaco Josef Leberer: “quería que solo fuera un mal sueño”.
“Recuerdo haber visto el accidente. Estaba mirando la pantalla, no tengo memoria si yo estaba en el motorhome o en el garaje”, expresó quien fungió años después en el mismo papel con Sergio Pérez y Esteban Gutiérrez en una entrevista concedida a Excélsior hace unos años.
“Vi cuando movió la cabeza, él la estaba moviendo y yo pensé 'Diós mío, no creo que esto salga bien'. En ese instante pensé que había fallecido, algo me decía que algo malo había pasado. Desafortunadamente tenía razón. El profesor Syd Watkins (médico de la FIA), me dijo después que fue llevado con vida, pero que sería difícil que sobreviviera porque había un daño cerebral muy grande”.
La muerte fue confirmada horas después y entonces comenzó una nueva carrera, la de llevarlo desde Boloña, Italia, de regreso a su natal Brasil, una misión en donde su familia confió en Leberer para acompañarlo hasta ‘su hogar’, porque además de ser su fisio, era su amigo, una persona que conocía la otra faceta del piloto, desde el intenso competidor que exigía lo mejor de cada uno hasta “el hombre que siempre quería ayudar a su país”.
“Todos sabían cómo era dentro del coche: fuerte comprometido, pero era una persona divertida, fuera de la pista era increíble, muy honesto una persona muy especial, pero a la vez tenía que ser duro. Tenía una gran relación con sus padres y conmigo. Me quería igual que a un hermano”.
El traslado del cuerpo de Ayrton Senna de Italia a Brasil
Fue así como desde las altas esferas del gobierno de Brasil e Italia intercambiaron llamadas para agilizar los trámites y el 3 de mayo inició el viaje para Sudamérica. El ataúd fue colocado en clase ejecutiva del avión de Varig de donde se retiraron las tres filas centrales para acomodar el féretro. Encima la bandera brasileña en honor a un héroe nacional, mientras que a su lado un grupo de apenas cinco personas que lo escoltarían en lo que Leberer definió como “el último vuelo. El último viaje a casa, algo especial”.
Las cortinas se cerraron para el resto de los pasajeros creando una atmósfera de solemnidad donde Leberer considera dio el último adiós.
“No pude dormir nada en ese vuelo. Solo caminaba, me sentaba. Hablaba conmigo mismo, hablaba con él. Fueron 11 horas que me parecieron largas, pero a la vez, fue un largo tiempo para decirle adiós a él, a mi amigo, para rezar por él, para hablar con él. Pensaba que era un mal sueño, tuve el tiempo para meditar en cómo había pasado, orar por su alma y también para agradecerle por todo lo que vivimos. Me senté a lado de él por muchas horas”, expresó el ahora retirado fisioterapeuta quien reconoce al inicio la relación no fue sencilla, pero con el tiempo ambos encontraron el respeto mutuo.
La última charla de Josef Leberer con Ayrton Senna el fatídico 1 de mayo de 1994
Para el austriaco, lo sucedido ese 1 de mayo no se ha olvidado y por su mente aún pasa la película de cómo fue esa jornada antes del accidente, pero donde Senna estaba dolido por la muerte de Roland Ratzenberg acontecida un día en la misma pista durante la calificación y que fue el primer dardo de lo que aún se conoce como el fin de semana más negro de la historia de la F1.
“No hablamos mucho ese día (1 de mayo). Él estaba muy triste por el accidente del día anterior, estaba precavido, no tuvimos mucha conversación esa ocasión, era una persona diferente”, menciona Leberer quien admite “aún duele hablar de esto”.
Luego de su aterrizaje, Leberer dejó todo en manos de su familia y del gobierno quienes le realizaron homenajes, un recorrido por las calles de la capital que paralizó a una nación que pasaba por un difícil momento económico, pero como ellos mismos admitían, Senna les daba esa alegría que necesitaban. Para su amigo, las visitas no terminaron porque el cementerio de Morumbi albergó algunas conversaciones después durante estos 30 años de la partida del tricampeón.
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