Argentina 78, un Mundial que dejó cicatrices
Pilar Reyes y Pedro Soto, porteros de México, recibieron la metralla de la selección de Alemania, que venció 6-0, marcador que arrojó una anécdota emblemática

CIUDAD DE MÉXICO.
Sucedió hace 40 años. El 6 de junio de 1978, México enfrentaba a Alemania en el Estadio Olímpico de Córdoba. Las cosas no iban bien para el cuadro nacional y mucho menos para el portero José Pilar Reyes, quien en 38 minutos sumaba tres goles en contra, cortesía de los Müeller (Dieter y Hansi) y el legendario Karl-Heinz Rummenigge.
La cosa se puso peor, pues en la última anotación Rummenigge se barrió con los tachones de frente y le provocó un par de heridas en una rodilla al guardameta vencido, por lo que éste tuvo que refugiarse en la enfermería. Su lugar sería ocupado por su compadre Pedro Soto.
Localizado en San Luis Potosí, ya con 63 años y con las huellas (de 10 centímetros cada una) de aquel encontronazo con Karl, José Pilar Reyes lo cuenta a su manera.

Pedro Soto y Pilar Reyes, porteros en Argentina 78 y compadres.
Me estaban suturando la rodilla, sin anestesia, y en la enfermería no había televisión, por lo que no sabía qué estaba ocurriendo en la cancha. Sólo escuchaba gritos y rezaba por que fueran buenos augurios. De pronto comenzaron a pasar jugadores como Tena, Cuéllar, Hugo, López Zarza, Gonini y los demás. Cuando se asomó Pedro Soto, le pregunté: ¿Qué pasó, Pedro? ¿Cómo nos fue? Él, muy serio, me dice con su acento chilango: ‘¡Empatamos, Piluco!’ Yo casi me voy de bruces al escucharlo. ¿Cómo? ¡No puede ser! Pedro se sigue de frente y me suelta un ‘¡Fueron tres a ti y tres a mí!’”.
Soto recibiría metralla de Heinz Flohe (44’ y 89’) y de Rummenigge (73’). Un Mundial del 78 para el olvido, donde México perdió ante Túnez por 3-1, ante Alemania por 6-0 y al final 3-1 en derrota ante Polonia. Pilar Reyes y Pedro Soto regresarían con seis goles cada uno.
A la distancia, José Pilar Reyes recuerda la anécdota y confiesa una larga amistad con Pedro Soto.
Con el tiempo, Pedro puso un negocio de guantes de portero y cada vez que pasaba por Aguascalientes me visitaba para regalarme un par. De inmediato le preguntaba cómo nos fue ante Alemania y él, siempre con su acento de barrio, me respondía: ‘¡Empatamos, Piluco!’. Hace 18 años que vivo en San Luis Potosí y hasta acá se asomó Pedro para darme más guantes. La última vez que nos vimos fue hace unos 10 años”.
De aquel Mundial guarda las cicatrices y la camiseta de Karl-Heinz Rummenigge.
Las cicatrices me sirvieron para mostrarlas a aquellos que dijeron que me fui del partido porque tuve miedo. La playera de Alemania fue un lindo gesto de Rummenigge, quien se acercó acabando el partido para disculparse. Un detallazo”. Recuerda el portero que la Selección Mexicana tuvo un mal recibimiento, de regreso a casa.
Yo jugaba en Tigres y en Monterrey no le vendían carne a mi familia. Del aeropuerto nos sacaron por la puerta de atrás. Aunque fuimos último lugar, tuvimos el privilegio de jugar una Copa del Mundo”.
-¿Va a ver el partido México-Alemania?
-Claro, usted sabe que tengo seis hijas y ya me tienen preparado el agasajo para el Día del Padre y mirar el juego con todo y la playera de México.
-¿Cuál es su pronóstico?
-No esperamos un buen augurio.
-¿Otro empate?
-(¡Ja, ja, ja!) Esperemos que no sea para tanto.
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