Paraíso, otra vez

Hace dos semanas escribí en este espacio sobre las familias de Paraíso, Tabasco, que llevan meses exigiendo la reubicación de dos escuelas ubicadas a metros de la Refinería Olmeca. Señalé que las variables incompatibles con el proyecto simplemente no entraban en la ecuación, y el martes 17 de marzo, a las seis de la mañana, un incendio en la zona perimetral de Dos Bocas mató a cinco personas y confirmó, con una precisión que da vértigo, todo lo que aquella columna sostenía.

Lo que siguió al incendio es tan revelador como el incendio mismo. Pemex atribuyó el siniestro al desborde de aguas aceitosas provocado por lluvias intensas. 

El alcalde de Paraíso dijo que fue un rayo. Una versión periodística apuntó a un cortocircuito en un vehículo con trabajadores de una empresa contratista. La presidenta Claudia Sheinbaum lo situó en el exterior de las instalaciones, cerca del puerto. Esa misma noche, la Fiscalía General de la República abrió una carpeta de investigación por un incendio registrado, según su propio comunicado, en el interior de la refinería. Cuatro versiones, ninguna verificada, y la investigación en curso. 

Hay en todo esto un problema que va más allá de los hechos y que tiene que ver con cómo el lenguaje del poder cataloga y, en consecuencia, produce consenso o incertidumbre según sus intereses. 

Ejemplo de ello, en la conferencia mañanera del miércoles 18, la Presidenta no mencionó el incendio espontáneamente. Lo hizo cuando una reportera se lo preguntó, en el marco del acto por el aniversario de la Expropiación Petrolera, rodeada de la retórica de la soberanía energética, sin mencionar a las víctimas. 

Cuando finalmente habló, usó la palabra “parece” tres veces. Claro que corresponde a la fiscalía determinar las causas tras el peritaje, pero la elección de esa palabra antes del peritaje opera en varios niveles. Sitúa al evento en el terreno de lo contingente e impredecible; transfiere la responsabilidad de la certeza; y blinda cualquier afirmación de ser considerada como tal, volviéndola inmune a la contradicción, pues quien dijo “parece” nunca afirmó nada. El más revelador de esos niveles es quizá el último: si el incendio representara una amenaza real a la gobernabilidad, Sheinbaum habría tomado el control de la narrativa. Cederla es, en sí misma, una clasificación.

Manuel Castells argumenta que quien controla el relato controla el poder y que, en una crisis, la narrativa es constitutiva de la respuesta política. Me parece que ese argumento requiere un añadido y que lo ocurrido en Paraíso sugiere algo más fino. 

Cuando un gobierno construye una verdad en torno a un evento, aunque sea parcial o interesada, reconoce que el hecho tiene suficiente peso como para requerir una versión. Cuando, en cambio, deja que las versiones proliferen —que el alcalde diga rayo, que Pemex diga lluvia, que la prensa diga cortocircuito—, lo que surge es la duda legítima sobre ¿por qué no vale la pena gobernar este relato?, así como un consenso implícito sobre su irrelevancia, tras su abandono a la incertidumbre. 

Solíamos creer que la era de la información democratizaría la verdad, que sería el arma para enfrentar a las “versiones oficiales”. Pero la multiplicidad se ha impuesto como reto ante ésta, ahora caduca, creencia, y parece que la pugna por el control de la narrativa, más que permitirnos leer los hechos, nos permite conocer la lectura que se hace sobre ellos.

Y ¿cómo parece haberse leído?… el incendio ocurrió a las seis de la mañana, dos horas antes de la entrada a clases. Las lluvias habían acumulado 322 milímetros en ese punto, dejando los caminos anegados, en un lugar donde ninguna autoridad ha informado a los vecinos sobre protocolos de emergencia. Si el incendio hubiera ocurrido dos horas después, con medio millar de alumnos adentro y las vías de acceso inundadas, no habría forma de evacuar. Pero no fue así. 

Queda la confirmación insuficiente de que todo está bajo control, aunque los riesgos no entraran en el relato, y las advertencias de 2008 tampoco. Igual que no entraron los oficios de las madres desde noviembre, ni la solicitud entregada directamente a la Presidenta una semana antes de que lo que sea que ardió, ardiera.

A mis lectores: a partir de la próxima semana, Abro hilo se publicará los lunes. Nos leemos en unos días.