A los 30 años se juega mejor en Europa
La ciencia y los datos cambian la definición de vejez en el futbol

LONDRES
En el Manchester United, durante un tiempo, cuando los jugadores cumplían 30 años, Alex Ferguson, el entrenador en ese entonces, les concedía un día adicional de descanso después de cada partido con la esperanza de que el reposo pudiera calmar sus cuerpos achacosos.
Arsène Wenger del Arsenal lo matizaba un poco más. Una vez que los mediocampistas y delanteros alcanzaban los 32 años, tenía todo preparado para ofrecerles extensiones contractuales de sólo un año. Alguna vez mencionó: “Ésa es la regla aquí. Después de los 32, vas de año en año”. Hacía una excepción con los defensas centrales: ellos podían firmar contratos que se extendieran hasta los 34 años.
No obstante, aunque la edad límite precisa siempre ha sido subjetiva, el consenso general dentro del mundo del futbol toda la vida ha sido que ronda esa cifra. En cierto punto, pocos años después de cumplir los 30, los futbolistas cruzan el límite que distingue el verano del otoño, el presente del pasado. Además, tan pronto como lo hacen, empiezan a ser considerados viejos de manera oficial.
Desde hace tiempo, esa delimitación ha influido tanto en las estrategias de reclutamiento de jugadores como en las de retención de jugadores en toda Europa. La gran mayoría de los clubes han adoptado como regla un principio sencillo: compra joven y vende viejo.
Por ejemplo, la adquisición del mes pasado del Tottenham del mediocampista croata de 33 años Ivan Perisic fue la primera vez que el club firmó a un jugador (que no fuera portero) de más de 30 años desde 2017. El Liverpool no lo ha hecho desde 2016. El Manchester City no ha pagado una cuota por un jugador de más de 30 años que no sea arquero desde hace casi una década. Los guardametas, que tienen una mayor longevidad, son los únicos futbolistas con los que se hace una excepción.
En cambio, los jugadores que se acercan al ocaso de sus carreras son vistos como cargas. Un ejemplo: el Bayern Múnich transfirió al Barcelona a Robert Lewandowski, de casi 34 años, e intentó ungir (sin éxito) a Erling Haaland, más de una década más joven.
Mientras tanto, el Liverpool ha comenzado la labor de separar a su alabado tridente ofensivo para reemplazar a Sadio Mané, de 30 años, con Luis Díaz, de 25, e incorporar a Darwin Núñez, de 23, para que sea el sucesor de Roberto Firmino, quien cumplirá 31 en octubre. Debido a que busca renovar su equipo, el Manchester United se deshizo de una variedad de jugadores (Nemanja Matic, Juan Mata y Edinson Cavani, entre ellos) que están en un mercado ya de por sí saturado de veteranos, que incluye a Gareth Bale y Ángel Di María.
El razonamiento detrás de esto es muy sencillo. Robin Thorpe, un científico del desempeño que pasó una década en el Manchester United y ahora trabaja con la red de equipos de Red Bull, comentó: “Las exigencias del juego están cambiando. Ahora hay un énfasis mucho mayor en el esprint, la aceleración y la desaceleración de alta intensidad”.
Se considera a los jugadores más jóvenes mejor equipados para soportar esa carga que los futbolistas de mayor edad.
No obstante, reclutar a jugadores más jóvenes promete “un mayor retorno de la inversión cuando deseas revenderlos”, según Tony Strudwick, un excolega de Thorpe en el United que también ha trabajado en el Arsenal.
Los clubes pueden recuperar su inversión (tal vez obtener ganancias) con un jugador adquirido pocos años después de haber cumplido 20.
Aquellos que tienen unos diez años más de esa edad son considerados, en un estricto sentido económico, activos en rápida depreciación.
Por supuesto, esas dos ideas están relacionadas y, por ello, es significativo que al menos una de ellas pueda tener sus raíces en una lógica obsoleta.
Según datos de la firma de consultoría Twenty First Group, cada año están jugando más minutos en la Champions futbolistas mayores de 32 años. La temporada pasada, los jugadores mayores de 34 años (prácticamente ancianos, conforme a la manera de pensar tradicional del futbol) tuvieron más minutos en las cinco ligas más importantes de Europa que en cualquier temporada previa de la cual haya datos.
Lo más significativo es que no ha habido ningún costo notable en su desempeño.
Dani Alves, el exdefensa del Barcelona, de 39 años, quien está determinado a continuar su carrera, declaró a The Guardian este mes: “La edad tiene sus pros y sus contras. Ahora tengo una experiencia que no tenía hace 20 años. Cuando hay un juego importante, los de veintitantos años se ponen nerviosos y se angustian. Yo no”.
Los datos de Twenty First Group confirman lo dicho por Alves. Aunque los jugadores de 20 años presionan más que los de 30 (14.5 acciones de presión en 90 minutos contra 12.8), esa reducción se compensa de otras maneras.
Tanto en la Champions como en los torneos más importantes de Europa, los jugadores de mayor edad ganan más duelos aéreos, completan más dribles, pasan el balón con mayor precisión y anotan más goles. Ahora hay más del doble de jugadores mayores de 30 años en la clasificación de Twenty First Group de los 150 mejores jugadores en el mundo de los que aparecieron en la misma lista hace una década.
Los datos indican, de forma muy clara, que alguien de 30 años no es tan viejo como se creía.
Desde una perspectiva de ciencia del deporte, eso no es ninguna sorpresa. La idea de los 30 años como un umbral inmutable del envejecimiento es anterior a la época en que el futbol se interesó por el acondicionamiento físico: Strudwick señaló que la generación actual de jugadores de treinta y tantos años podría ser la primera en “haber sido expuesta a todo el rigor de la ciencia del deporte desde el inicio de sus carreras”.
El hecho de que parece que los clubes no se han dado cuenta de que a los jugadores de más de 30 años (con raras excepciones) todavía se les considera una carga en lugar de una bendición, ahora es un tema exclusivamente económico, en opinión de Strudwick.
“El ciclo de vida de un jugador tiene forma de una U invertida, pero las expectativas salariales son lineales”, aseguró Strudwick.
Un enfoque más científico aplanaría la curva descendente de la gráfica de desempeño de los futbolistas o incluso retrasaría su aparición, pero no podría eliminarla.
En algún punto, los jugadores ingresan a lo que Strudwick llamó la “fase de descenso”. La única cosa que ningún club quiere costear es pagarle a un jugador un sueldo de élite cuando ese momento llegue. Eso es lo que motiva a los clubes a creer que el umbral llega a los 30: no lo que los jugadores pueden contribuir, sino lo que cuestan.
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