Mar de historias entre el Zócalo y Ciudad Universitaria

El que sólo ve sombras, el de los 35 maratones, el que pide matrimonio, el de muletas, la del llanto...

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Miguel Vargas tiene 70 años y ha corrido los 35 maratones. Foto: JC Vargas

CIUDAD DE MÉXICO.

Francisco Javier Estrada perdió la vista del ojo derecho y del izquierdo nomás alcanza a ver sombras. Sin embargo, la voz de Carlos Urquidi le ayuda para armar rompecabezas de imágenes que se atraviesan por su paso en el maratón urbano. Pancho no mira la meta, pero la siente. Su guía le grita: “¡ya llegaste, cabrón. Acábalos!”

Vencedor en tierra de ciegos (categoría), escucha gritos, cánticos y el llanto de muchos. El que llega a la meta y suelta un Goya a todo pulmón, el que llega con una máscara plateada y jura que tiene poderes mágicos, aquel Chapulín Colorado y la Adelita con sombrero de charro.

Escucha a lo lejos a Marcelo Peirano, el peruano que llegó a México con el único capricho de correr su maratón 58 en compañía de su novia Yiriane. Dice que correr los 42.195 kilómetros le ha servido de pretexto para trotar por el mundo.

El vestido de Picapiedra, el Supermán, el tatuado por todo el cuerpo, el acalambrado, el Kalimán que vence en la recta al Hombre Araña, el que toma el celular, marca un número y suelta un sincero “te amo”.

Miguel Vargas tiene 70 años y ha corrido los 35 maratones chilangos. Le tocó el número 40 mil, el último. Se recuerda de 35 años, con tenis baratos y en un México ochentero. Tenía cabello y la curiosidad de probar un maratón. Hoy ya piensa en el número 36 consecutivo.

La mamá vestida de Wonder Woman, el que se encuentra un billete de 20 pesos en la meta, el niño que pierde a sus papás, las que llegan con tutú rosa, los que corren sin número, la que vomita en el tartán.

Francisco Carrasco es chileno y hace tiempo que le quiere dar una sorpresa a su novia mexicana llamada Gisela Avelar. Ayer terminó los agotadores 42.195 kilómetros con una sortija colgando del cuello. Apenas se paró en Ciudad Universitaria y la buscó entre la gente que espera abajo del pebetero. Le pidió matrimonio. Ella lloró y dijo que sí.

El que sólo corrió cinco kilómetros y festejó como los demás, la que bailó.

Fernando Vargas era atleta y perdió la pierna izquierda en 1992, en un accidente en un camión. Hoy suma 28 maratones corriendo con muletas.

La que cumple 20 años y festeja con llanto, el que le habla a Dios. El que llegó al último.

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