Orlando Meléndez representa a Latinoamérica
Para el jugador de los Harlem Globetrotters, el basquetbol es sólo uno de los sueños que persigue

CIUDAD DE MÉXICO.
Jugar basquetbol profesional parece un trabajo de tiempo completo, pero para el puertorriqueño Orlando El Gato Meléndez, jugador de los Harlem Globetrotters, es sólo una de sus múltiples facetas que complementa con la música y el diseño de interiores.
El sueño de todo joven basquetbolista está en llegar a la NBA, pero no todo el mundo puede cumplirlo. Orlando descubrió eso al salir de la Universidad de Carolina del Norte. Después de que no recibió ninguna oferta en la mejor lista de baloncesto, volvió a Puerto Rico para jugar profesionalmente.
Siete años después, su vida cambió de manera radical. En 2008 fue invitado para probarse con los legendarios Harlem Globetrotters.
Me encontré con Sam Warthen, quien entrenaba a los Washington Generals y había dirigido a la selección de Puerto Rico. Me preguntó por qué no me probaba. Viajé a Arizona a hacer la prueba y cuando iba de regreso a Puerto Rico me llamaron para decirme que me quedé y tuve que tomar un vuelo de regreso a Arizona. Ésa fue la primera prueba de aguante para los constantes viajes”, relata el basquetbolista de 2.03 metros de estatura.
Orlando encontró en los Globetrotters a su equipo ideal. Además de poder jugar basquetbol y viajar por el mundo, le permitió involucrarse en distintas causas sociales en todo el planeta.
Nos permite hacer actos filantrópicos, visitamos escuelas y hospitales en todos lados. Ahora, los Harlem Globetrotters traemos un mensaje en contra del bullying, son cosas que quizá en la NBA no iba a poder hacer igual”.
Lo único malo, dice, es el poco tiempo que uno le puede dedicar a la familia. “Uno está viajando ocho o nueve meses del año, por eso le quiero enseñar a los más jóvenes cómo mantener su trabajo y vida privada”.
Cuando tenía seis años comenzó a practicar el basquetbol. Mientras que otros niños en Puerto Rico elegían el beisbol, Orlando se decidió por el deporte ráfaga.
Puerto Rico es beisbolero; de niño en Navidad te llegaba un bat, una bola y un guante sin pedirlos. Pero mi papá se dio cuenta que tenía ganas de jugar basquetbol, por las caricaturas y los juegos que veíamos en televisión. Entré a las Ligas Menores y empecé a subir”.
El Gato, apodo que adquirió desde pequeño, se fue a Estados Unidos para su último año de preparatoria y llamó la atención de Universidades como UCLA, Kentucky y USC, pero fue la Universidad de Carolina del Norte la que lo atrapó. “Crecí siendo fan de Michael Jordan y era mi sueño llegar a la universidad en donde jugó. En cuanto llegué me robaron el corazón y me quedé los cuatro años”.
En ese tiempo con UNC jugó dos veces en el Final Four al lado de jugadores como Vince Carter y Antawn Jamison.
Aunque su oportunidad en la NBA nunca llegó, aseguró que esto no lo desalentó a seguir jugando.
La NBA no es para todo el mundo”, reconoce Orlando, quien dice que no quería irse a la Liga de Desarollo y mejor volvió a Puerto Rico para jugar.
Años después llegó su oportunidad con Globetrotters. “Han pasado casi 10 años y he visitado más de 70 países”.
Pero convertirse en un trotador del mundo no fue fácil, después de tantos años de jugar a un nivel de competencia alto, brincar al entretenimiento tuvo sus dificultades. “Tuve que aprender a enfocarme más en la parte de entretener. Antes eran 40 minutos competitivos, aquí juegas dos, tres minutos y después tienes que deleitar a la fanaticada”.
Además de perfeccionar los trucos. Al principio eran clavadas pero ahora, con 37 años, ya no puede saltar como antes.
Su especialidad es girar dos balones al mismo tiempo sobre sus dedos y luego pasarlo por detrás de la espalda. Ahora trabaja en otros más complicados.
Orlando sabe que el retiro está cerca y tiene un plan para cuando llegue ese momento.
Siempre he estado involucrado con la música. Desde hace dos años he comenzado a aprender a ser DJ, es algo que puedo compaginar con los viajes, además en Puerto Rico fui a la escuela de arquitectura. Me pagaba la Universidad con lo que ganaba jugando”.
Ese amor por el diseño lo llevó a participar hace un año en un show de televisión llamado Love it or list it, en donde una pareja tenía que decidir si se quedaba con su casa renovada o si preferían comprar una de las propiedades que un vendedor le había mostrado. “A la gente le gustaban nuestros diseños”.
Cariño latino
Lo que más emoción le provoca a Orlando es saber que tiene una gran responsabilidad como el primer puertorriqueño con los Globetrotters y el único latinoamericano actualmente en el equipo.
Para mí es algo lindo, regresar aquí como latino y como puertorriqueño. Me da mucho sentimiento y orgullo representar no sólo a Puerto Rico sino a toda Latinoamérica. Me he encontrado latinos en todos lados, hasta en China gritándome ¡Boricua! Significa mucho para mí”.
Orlando disfruta ver a los papás que crecieron con los Globetrotters transmitirle el cariño a sus hijos.