Encuentro en el Vaticano; rezos azules

Frente a la basílica de San Pedro, Óscar ha pedido ayuda divina para revertir la crisis que vive Cruz Azul desde hace 19 años

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CIUDAD DE MÉXICO.

En la casa de Óscar, el único equipo del que llegan noticias es Cruz Azul. Así pasaba desde que era pequeño, cuando de su papá heredó el gusto por el futbol y los partidos de La Máquina. En el Invierno de 1997, Óscar vio por primera y única vez el resultado de una final de Liga a su favor. Tenía 12 años. Aquel gol de penalti de Carlos Hermosillo contra el León lo siguió desde la tele, aunque sin mucha conciencia. 

Con el tiempo, los cambios de técnicos, directivos y las finales perdidas, el valor de ese juego creció para Óscar. Están por cumplirse dos décadas desde entonces, en diciembre de este año. Lo último que se le ha ocurrido para poder ayudar al equipo a cambiar las cosas es llevar su camiseta hasta Roma y visitar el Vaticano.

En esta aventura lo acompañó su esposa, responsable de esta foto que ha rondado los caminos de las redes sociales. De frente a la basílica de San Pedro, Óscar juntó las manos y pidió ayuda divina, entre otras cosas para ser campeón.

Sin señal telefónica, este aficionado, de 32 años, cuenta sus motivos a través de mensajes, por correspondencia electrónica, en una ida y vuelta de ocurrencias, encuentros imaginarios con el papa Francisco, y supuestas maldiciones.

La camiseta la llevo a todos lados, mientras se pueda. Aprovechando que iba a conocer el Vaticano, me la traje.  Ya estando ahí, le pedí a mi esposa que me tomara la foto, para aprovechar el momento. ¿Que tal que pega? (se ríe). Nada perdemos con recurrir al alto mando”, comparte, desde Italia.

Para él, el futbol no pasa de ser un deporte: “Lo más importante entre las cosas menos importantes”, como decía Jorge Valdano. No obstante, si tuviera algo que pedirle al papa Francisco, ya lo tiene preparado.

Le diría que, como futbolero que es, voltee para este lado y nos eche una manita. No creo en maldiciones ni fantasmas. Sí en que Cruz Azul debe enfocarse y divertirse dentro de la cancha, y no bajar los brazos hasta que se pite el final de los partidos. Eso de ‘cruzazulear’ nos lo hemos ganado a pulso”, agrega.

A la falta de títulos en el torneo mexicano, se ha sumado un nuevo riesgo para los aficionados celestes: el del descenso. Por ello, Óscar considera que todos tienen parte de responsabilidad.

Muchas veces, incluyéndome, culpamos a Billy Álvarez (presidente del club) o al entrenador en turno. Pero Billy no estuvo en la cancha en el gol que metió Moisés Muñoz en el 2013; fue Alejandro Castro el que desvío el balón. Los entrenadores tampoco han tenido la culpa, cuando los delanteros fallan solos frente a la portería. Esto pasa por un tema mental, los jugadores estan presionados, al final de los partidos se comienza a sentir una presión por no regarla y por eso se cometen tantos errores”, explica.

De todo esto se habla en casa de Óscar, cuando llegan los partidos. Sin embargo, a veces también el enojo juega su parte. A diferencia de quienes han cambiado de equipo o renunciado a seguir yendo al Estadio Azul, prefiere esperar y seguir en el barco.

Los más duro de ser aficionado de Cruz Azul es no poder ver a tu equipo campeón. Darte cuenta que antes se quedaba muy cerca y ahora lucha por no descender. No poder terminar de ver un partido con tranquilidad, porque sabes que falla la concentración y nos cambian el marcador. Pero uno no se baja de este barco por más que nos enojemos, mentemos madres, nos ilusionemos o desilusionemos. Es futbol y, al final de cuentas, se disfruta”, describe.

Las vacaciones por el Vaticano terminan para él y su esposa en unos días. Óscar es creyente de la religión católica. Si hay o no una respuesta divina, lo deja para los meses que vienen.

Nadie me obligó ni me impuso irle a este equipo. En el 97, recuerdo que vi el partido en la casa con mi papá. Para ser sinceros, no lo disfruté por estar tan niño, por eso esas ganas de ser campeón y gritar en el Ángel de la Independencia”, confiesa. Mientras Óscar sigue de viaje, La Máquina pelea por mantenerse en la Primera División. Es Semana Santa, el tiempo en el que se esperan los milagros.