Sirena tricolor, Fabiola Ramírez
La nadadora mexicana competirá en las pruebas de 100m estilo libre y 50m dorso en los Juegos Paralímpicos

CIUDAD DE MÉXICO.
Fabiola Ramírez descubrió la libertad en el agua, porque dentro de ella se dio cuenta que le iba a dar un plus a su vida, reconocimiento ante la familia y ante la sociedad.
Yo quería que me reconocieran como Fabiola, la nadadora, y no como la abogada; al concluir mi carrera participé en unos Juegos Paralímpicos y eso ha sido para mí muy importante. El deporte me ha hecho crecer social y profesionalmente”, dice a Excélsior Fabiola Ramírez, conocida como la Sirena Hidrocálida y quien representará a México en pruebas de 100 metros libres y 50 metros dorso en los Juegos Paralímpicos de Río 2016.
Fabiola jamás podría estar sin el agua, es un pececito, es una ranita; ahora soy una sirena. Empecé de poquito en poquito hasta que me transformé. No puedo estar más de tres días sin estar en la piscina”, comparte la deportista.
Fabiola sonríe, disfruta a sus compañeros y contesta el teléfono celular. Concede la entrevista después de cuatro horas de entrenamiento en la alberca y antes del desayuno en las instalaciones del Centro Paralímpico Mexicano.
Mientras se arregla, habla de lo que todos miran pero que nadie imagina el significado y valor que tiene para ella: su cuerpo.
Yo me quedo con mi cuerpo tal cual está; a veces les digo a mis papás: ‘ay, yo siento que si fuera convencional, sería fea’ -ríe-, por eso estoy chuequita. No sé si sea Dios, el universo, (pero) para mí, las manos así como las tengo me son muy útiles y son como todas. Ellas me han hecho sentir y con ellas he recibido medallas, flores que me dan, disfruto de mis anillos, y ahorita pues no traigo mis uñas pintadas, pero no perdono el manicure -se carcajea-. La vida de los atletas paralímpicos llega a ser monótona, dice, pero con satisfacciones personales invaluables.
He llorado de coraje, tristeza y sentimiento como cuando no fui a Londres (a los Paralímpicos de 2012). Fue algo muy fuerte que me marcó, porque gracias a eso, volví a surgir y entonces me dije: si no se va dar que vaya a Río, no será por los tiempos, sino porque yo no quiera ir y ahora estoy aquí, a base de tanto trabajo, esfuerzo, de pelear conmigo misma tanto con el agua, como con mi fuerza de voluntad, porque cuando no tienes una motivación, la mente no te ayuda, sabes, no te responde, es muy difícil afianzarte aquí”.
¿Has llorado de felicidad?
Sí, hace poco. Fue en un selectivo, normalmente, aunque mejoraba mis marcas, yo no lloraba, decía: ¿por qué voy a llorar si es algo lindo?; y en ese selectivo en Montreal hice 1:13, recuerdo que mi entrenador me dijo: “escuincla, volaste, no te mediste” y abracé a mi mamá y le dije: este llanto es de felicidad, ahora sé lo que es llorar de emoción”.
En México existen un millón de personas con capacidades diferentes y sólo cinco por ciento del territorio urbano cuenta con instalaciones adecuadas para ellos. No sólo tienen que lidiar con esa dificultad, sino también con el morbo y discriminación que a veces terminan de hacer poco notable su grandeza deportiva. Para Fabiola su familia ha sido su gran apoyo; son quienes le brindan fortaleza y apoyo para afrontar su diario andar.
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