‘¿Un obsesivo? Sí, pero campeón’, dice Salvador Bilardo

El director técnico de Argentina en México 86 recuerda para Excélsior anécdotas, partidos, detalles y dichos de sus opositores 30 años después del título contra Alemania

Diego Armando Maradona y Carlos Salvador Bilardo, jugador y técnico de la selección argentina, respectivamente, durante un entrenamiento para el Mundial de México 86, en las instalaciones del América, en Coapa. (Foto: Archivo Excélsior)
Diego Armando Maradona y Carlos Salvador Bilardo, jugador y técnico de la selección argentina, respectivamente, durante un entrenamiento para el Mundial de México 86, en las instalaciones del América, en Coapa. (Foto: Archivo Excélsior)

CIUDAD DE MÉXICO.

Treinta años atrás, en el Estadio Azteca, Carlos Salvador Bilardo (Buenos Aires, 1939) ganó la Copa del Mundo con Argentina. Maradona, Valdano, el 3-5-2, la obsesión por el trabajo y los detalles, el partido contra Alemania... “al final, teníamos razón, ¿no?”, dice Bilardo, desde Buenos Aires. “Todo era futbol: domingo, miércoles, domingo, miércoles. Por eso campeones del mundo no hay muchos”.

¿Cambió su visión del futbol?

Sigue siendo igual, con las disposiciones tácticas que obligan el juego. Usted fíjese que ya en el 86 y el 90 jugábamos sin wines. Que querían wines, wines... jugábamos sin ellos. Después, los mediocampistas andaban por todo el medio campo. No había derecho o izquierdo, jugábamos con líbero y estoper. Los laterales ya no eran marcadores de punta.

¿No habrá demasiada teoría?

Yo creo que se trabaja bastante. ¿Sabe dónde?, con los chicos de seis, siete, ocho, nueve, diez años. Yo voy a verlos. Hablan de táctica, pero yo digo que primero hay que enseñarles técnica. A esa edad opinan los padres, la madre, los amigos... opinan todos, buscan que ganen. Yo busco que aprendan, que se diviertan y, a medida que pasan los años, que sepan lo que es ganar y perder.

¿Y también jugar bien?

Si usted no gana, no puede salir campeón. Con los chicos me pasa frecuentemente: salen campeones universitarios, pero no todos juegan en la liga mayor. Algunos ni llegan ni saben lo que es un equipo. Los mejores siempre ganan, si tienen un orden.

¿Por qué se asocia el bilardismo con el juego defensivo?

Porque a los periodistas no les convenía que ganara Estudiantes de la Plata. Hoy, que estoy en Radio La Red, lo entiendo: había que tener rating. No se enojen, les digo. Para mí, en Argentina hay que transmitir a Boca y a River, todos los partidos. Hace poco, justo transmitieron un amistoso de Boca. Mira vos cómo es la vida... Lo dijimos hace más de 10 años. El que pone publicidad la pone en el equipo que vende.

¿Se lleva mal con Menotti?

No. No hablé nunca más y él tampoco. Hablamos cuando a mí me tocó dirigir a la selección argentina, me defendí de las cosas que decía. Y hasta ahí llegué. Después, nunca más habló de mí ni yo hablo de él.

¿Por qué tanta oposición a la Argentina del 86?

Porque el periodismo no entendía lo que quería. Hoy, los periodistas dicen: “¡Qué bien el gol de córner!” A nosotros nos preguntaban: “¿Qué es eso?” Entrenamiento y nada más. Un gol de tiro libre de costado, que le pegaba bien Burruchaga, decían: “No, eso es laboratorio, no sirve”. ¡Bah! Está bien. Nosotros pensábamos en aquella época: si en el golf se pasan cinco-seis horas entrenándose, como Roberto de Vicenzo, hay que hacerlo. Tal vez no tanto, pero sí 20-30 minutos tirando córners, tiros libres y sabiendo quién va a cabecear.

¿Qué me dice del 3-5-2?

En ese Mundial lo usamos. Acá en Argentina, usted sigue escuchando la formación de los equipos y dicen: “los cuatro de atrás serán..., los de en medio serán... y los delanteros serán...”, y nombran tres. Todavía sigue. Imagínese 30 años atrás, eso no lo querían creer. Ya pasó, salió bien, después en los clubes que me tocó dirigir hice lo mismo. También salió bien. Por eso pienso que  teníamos razón. Ahora, cuando usted escucha la formación de cualquier equipo por radio o la ve por televisión o en los periódicos, dicen: “los cuatro de atrás...” ¿Para qué quieren cuatro atrás, si los delanteros son dos? Hay que partir de ahí. Hace 30 años cambiamos todo.

¿Es un hombre obsesivo?

¿Obsesivo? Sí. Se lo tengo que agradecer a los profesores que tuve. En historia, yo recuerdo en primer año en la secundaria: a ver, un general había tenido una guerra en 1720. Si usted decía 1740, le pedían que se fuera. Había que decir justo el año, no el día. En eso le pedían no equivocarse. Para ir a la Facultad de Medicina tenía que tomar un colectivo. Siempre escogía el segundo vagón, no otro. Tenía que ser ahí, hasta Corrientes. Si no, me volvía loco.

¿Le sirvió ser médico en su carrera como entrenador?

Debido a las exigencias, sí. Tuve profesores que eran bravísimos en medicina. Y tenían razón: “No se equivoque en una dosis, porque lo echan”, me decían. En el futbol, igual. Cuando entré, lo primero que me dijeron fue: “No te equivoques, porque acá te equivocás, perdés y fuiste. A otra cosa”. Lo trasladé a mi vida.

¿Qué tal su primera operación?

Era un anciano. Había que estar en todo. Primero colaboraba: el cirujano siempre te ponía esto y aquello. Tenía que estar atento desde que comenzaba a abrir hasta que cerraba. No todos cierran. En algunos casos, sutura el ayudante o el cirujano. Después, eso fue parte de mi vida. Estar atento desde el primer minuto hasta el último. Me toque dirigir o no, me toque operar o no.

¿A qué conclusiones llegó después del Mundial de 1986?

Que para llegar, hay que trabajar. En todo orden. Si querés ser buen médico, hay que estudiar. Si querés ser buen ingeniero, hay que estudiar. En cualquier profesión, hay que trabajar, y mucho. Ahí se verán los triunfos. Algunos podrán y otros no, pero, intentando, a la larga se llega. Eso es lo que siempre fomentamos. Si es sábado a la tarde, ¿qué tiene que ver? Hay que estudiar igual. No interesa que sea sábado, domingo, lunes, martes... eso también pasa en medicina. Si usted es médico, no puede decir: hoy es domingo, no atiendo. ¡Estudiá otra cosa entonces, no medicina!

¿Cómo vivió la final contra Alemania?

Con muchos nervios. La gente de México nos recibió muy bien, especialmente en la sede del América, donde concentrábamos. Eso favoreció. La gente del América hacía fuerza por Argentina.

¿Qué pasó con las playeras albicelestes?

Teníamos el escote redondo, porque la firma que nos proveía las camisetas hacía el cuello así. Nosotros le decíamos que no, que fuera escote en V, por el calor que hacía. No lo quisieron hacer. Entonces, tomamos unas tijeras y se hizo el cuello V antes de entrar a la cancha. Se enojaron. Les explicamos por qué y después las hicieron. Ellos decían que no les convenía, porque no era negocio. Si no era negocio, nosotros estábamos jugando la final de la Copa del Mundo.

¿En algún momento de la Copa del Mundo dudó?

No. Con Inglaterra tal vez. Ahí se puso difícil; después, no. Con Alemania fue un partido de ida y vuelta, pero con los ingleses estábamos bien y nos complicamos. Barnes, el delantero inglés, nos trajo muchos problemas.

¿Y en el primer gol de Diego?

Cuando terminó el partido, salí a la conferencia de prensa. Un periodista me preguntó: “Bilardo, ¿qué opina del gol con la mano?” Le dije: “¿Cuál gol con la mano?” “El de Maradona”. No lo vi. Después fui y le pregunté a Diego: “Diego, ¿fue con la mano?” Y me dijo: “No, Carlos, no fue con la mano”. Fue así. Yo estaba parado sobre la banda. Luego me enteré.

¿Era buena su relación con él?

Muy buena. Ya nos conocíamos de mucho tiempo antes. Charlábamos en la eliminatoria, en los entrenamientos. Yo iba mucho a los lugares donde estaban los jugadores: a Barcelona, a Roma, a Milán. Siempre a algunos iba a ver. Entre ellos, Diego.

A Messi también lo tuvo de cerca. ¿Se diferencian en algo?

Y... en la época. Le hablo de época, ¿eh?, no de quién fue mejor jugador que otro. Di Stéfano fue antes. Después Pelé, Maradona y hoy es Messi.

¿Por qué en Argentina se le cuestiona tanto?

Porque es el mejor. Lo tengo grabado hace cuatro años: no critiquemos a Messi, porque este pibe un día se enoja, no viene más, y lo vamos a tener que ir a buscar de rodillas. Así lo dije esa vez y sigo pensando igual.

¿Algún punto de comparación?

Comparaciones no hago ¿Sabe por qué? Porque es fácil. ¿Usted se acuerda cuando hacían edificios de ocho, diez, quince pisos? Uno decía: “¡Uy, qué bárbaro, qué edificio!” Después se hicieron de 40 y nadie dijo nada. Antes, pasaba lo mismo con un coche Fórmula 1, de 120 kilómetros por hora: “¡Uh, mirá vos, que se van a matar!” ¿Y qué pasó? El futbol también cambió, por eso no se pueden comparar. A Messi lo han visto jugar en todo el mundo. A Maradona, no.

¿Es cierto que en Colombia conoció a Pablo Escobar?

Sí, era gente de futbol. No intervenía en nada, pero estaba ahí. Todo lo que platicábamos tenía que ver con el juego, tanto en Cali como en Medellín, donde también estaba Miguel Rodríguez (Orejuela). Conmigo nunca se metieron ni con los jugadores. Eran presidentes del club.