Fernando Quirarte salvó el honor de México en el Mundial del 86

Un gol suyo permitió que ‘El Tri’ asegurara el primer lugar del grupo B

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Frente a Irak, el defensa Fernando Quirarte anotó su segundo gol del Mundial de México 86. Foto: Archivo Excélsior

CIUDAD DE MÉXICO

En el Mundial de México 1986 Fernando Quirarte, Javier Aguirre, Tomás Boy y Hugo Sánchez asumieron el control del vestidor del Tricolor, aunque de ellos, los dos primeros correspondieron a esa jerarquía cuando se suponía que todos contaban con un temperamento infalible. Fue una buena copa para el Vasco, pero todavía mejor para el Sheriff, autor de dos tantos que pusieron de cabeza al país.

Hugo no respondió como se requería y se esfumó llevado por las múltiples críticas que surgieron tras fallar un penalti que pudo significar la victoria ante Paraguay; el capitán Boy resintió sus 35 años y Aguirre, que jugó como volante en vez de zaguero, cumplió bien. Quirarte, en cambio, se convirtió en la figura mexicana de la primera ronda. Insiste en que su padre Fausto, que falleció cuatro meses antes del inicio del Mundial, lo iluminó.

Desde el primer juego ante Bélgica, Quirarte estuvo por encima del rendimiento grupal. No sólo acomodó al representativo desde la zona baja, sino que también demostró su capacidad para agregarse al ataque, apoyado en la dupla que consolidó junto a Félix Cruz en la central y que le daba la libertad para hacerlo. Anotó el primer tanto de México en el Mundial. En las concentraciones y entrenamientos  puso el toque de humor para aminorar la presión y el tedio.

Sin embargo, fue ante Irak cuando Quirarte se echó al bolsillo a la afición mexicana. El 11 de junio de 1986, en un Estadio Azteca abarrotado con 108 mil 600 espectadores, anotó su segundo tanto dentro del certamen, en un partido que se había hecho espeso y que había llevado a los aficionados a lanzar un sonoro abucheo al medio tiempo.

Corría el minuto 54 cuando se agregó al frente en un cobro de falta que lanzó Manuel Negrete. El balón cruzó el área, la zaga iraquí no pudo despejarlo y cayó a los pies del Sheriff, que marcó con un derechazo el único tanto del duelo.

Al día siguiente, Excélsior destacó que “la decepcionante victoria de México frente a Irak por 1-0 arrojó dos conclusiones: la confirmación del primer lugar del Grupo B y la pobreza de un juego especulativo, insulso e impreciso que puso al descubierto varias limitaciones para sobrevivir en la etapa de eliminación directa”.

Después del encuentro, el propio Fernando Quirarte comentó: “Antes de los gustos personales está  el triunfo del equipo para que pase a una etapa crítica de vida o muerte. Si se combina el espíritu de grupo y las ganas de hacer algo notable habrá amplias posibilidades de llegar a lo máximo”.

El primer tanto ya se lo había dedicado a su padre y el segundo fue para su madre, que se encontraba en las tribunas que quedaban frente a los banquillos del Azteca.

“Por eso corrí hacia ese lado, sabía que estaba ahí mi madre y le grité mi emoción”, comentó a la prensa el también licenciado en administración de empresas.

Quirarte mostró múltiples facetas que engrandecieron su andar por el seleccionado nacional. No sólo puso a vista el respeto que tenía por sus compañeros, sino también, y muy especialmente, el que sentía por su papa Fausto, un exportero del Guadalajara, sus hermanos, esposa y madre, a quienes dedicó cada paso. “Ellos son mis ángeles”, ha dicho el hombre que cargó con el sueño de todo un país.