Glorias mexicanas: Daniel Aceves logra su gran anhelo

Creció con la ilusión de ser luchador y ganar una presea olímpica; en Los Ángeles 1984 conquistó ese sueño

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Foto: Salomón Ramírez

CIUDAD DE MÉXICO.

En una granja del Estado de México Daniel Aceves jugaba con sus hermanos a que ganaba una medalla olímpica cuando eran niños. Hijo del luchador Bobby Bonales, Daniel forjó sus sueños en busca de provocar el toque de espalda del oponente, ése que llegó el 2 de agosto de 1984, pero el juez, él afirma, decidió no marcarlo y quedó en segundo lugar.

Desde niño me visualicé como medallista olímpico”, afirma Aceves, medallista de plata en -52kg de la lucha grecorromana. “Con mis hermanos Roberto, Norma y Cristina organizábamos unos juegos en los que las monedas de a peso las pintábamos de oro, plata y bronce. Hacíamos competiciones de salto de longitud y carreras, había la visualización de querer ser medallista, sin duda que cuando pensaba en los Juegos Olímpicos me veía como medallista”.

Aceves, actualmente funcionario público, recuerda que su inspiración llegó al ver la perfección de Nadia Comaneci en la gimnasia y el dominio de Daniel Bautista en los 20 kilómetros de marcha, ambos campeones olímpicos en Montreal 1976. Ocho años más tarde, luego de tres días de competencia en el Anaheim Convention Center, consumó ese anhelo de la niñez.

Hay fechas que quedan tatuadas en tu existencia; una de ésas es el 2 de agosto de 1984, a las 19 horas”, evoca, antes de narrar el momento de drama frente al japonés Atsuji Miyajara. “En el primer tiempo hubo un toque de espalda muy claro, la regla no ha cambiado y con un sólo segundo que los homóplatos toquen el colchón se acaba el combate, pero los jueces no quisieron marcarlo, a pesar de que ese toque duró más de 10 segundos”.

Aceves ganó una presea histórica, la primera para un hispanoparlante en este deporte y  la única de México en esa disciplina.

Mi familia estaba en la Ciudad de México. Cuando gané la semifinal ante Finalandia hice una llamada por cobrar a mi papá. Me dijo que lo acababa de ver en la televisión. Mi mamá estaba trabajando, vendía ropa en algunas tiendas y se enteró por algunas conocidas”.

Seis mil mexicanos lo ovacionaron en el escenario abarrotado con 10 mil asistentes. “Cuando izaron la bandera los aficionados entonaron el Himno mexicano, por supuesto que el himno oficial fue el de Japón, pero ese acompañamiento y ese aplauso no se olvida”.