De Juan Manuel Márquez para Manny Pacquiao: un golpe para enmarcar
Hoy se cumplen tres años del nocaut del mexicano sobre el filipino que puso el desenlace de su fuerte rivalidad. Los actores de la pelea relatan lo sucedido

CIUDAD DE MÉXICO.
Fue un golpe para la hemeroteca. No había otro modo de convencer al mundo. O Juan Manuel Márquez noqueaba o acabaría su carrera en el intento. Iba contra su bestia negra, aquel monstruo que por varios años lo estuvo persiguiendo. Manny Pacquiao, en otras tres ocasiones, se le había ido de las manos.
Me hizo justicia la Revolución”, comienza a rememorar Juan Manuel Márquez. “Creo que después de tres peleas ya era el momento de que me tocara ganar sin dudas. Es la mejor victoria de mi vida. Fue un contragolpe, pero verlo en la lona hizo que cobrara sentido todo lo que trabajé. Fueron ocho años de estar persiguiendo esta victoria”.
El impacto en cuestión fue brutal, hizo crujir la quijada de Pacquiao y el corazón de los filipinos. Era el 8 de diciembre de 2012 en Las Vegas, la Disneylandia de los adultos que tienen al box como uno de los atractivos principales. Fue un golpe con una herradura, comprobado por estudios de la cadena televisiva ESPN. Es como si hubiera asestado Márquez con un mazo de 4.5 kilogramos. En términos científicos, la fuerza de fricción: detener el movimiento de un cuerpo con otro cuerpo. Eso hizo el mexicano que, junto a su manager Nacho Beristáin, planificó a detalle la pelea.
De entrada, sabía que Manny Pacquiao iba a salir muy agresivo”, dice Márquez al que difícilmente se le borran escenas de la cabeza; no sólo de la cuarta pelea y su gran victoria, sino de la primera riña en 2004, cuando cayó tres veces en el primer round pero levantado como Lázaro. Para el segundo asalto le dejó en claro al filipino que esa sería una larga noche que terminó en un dudoso empate. Le pasa el refractario recuerdo de perder en 2007 el título superpluma por decisión dividida con controversia incluida y la tercera batalla en 2011, en donde a todas luces le quitaron el triunfo “Esa última fue un robo atroz”, comenta Beristáin, el manager de la sabiduría y los éxitos. “A todos lados a dónde hemos ido, desde Asia hasta Sudamérica, nos dicen lo mismo: robo”.
Practicaron dos meses el mismo movimiento en el Gimnasio Romanza, una vez que vieron que Pacquiao tiraba un par de jabs y luego un cruzado de derecha. Modificaron la guardia y empezaron con el movimiento de cintura y en ese punto de equilibrio, Márquez no sólo ocupó su propia fuerza sino la de su rival. Crujió la quijada de Pacquiao y se elevó del ring un espectro de injusticia que había rondado esta rivalidad que paradójicamente se convierte en amistad, porque Márquez y Pacquiao son dos cordiales tipos cada vez que se encuentran.
Márquez pone un mosaico de escenas en el aire para revivir el momento. “En el tercer round le dí un volado de derecha que lo mandó a la lona, pero decidí no ir por él porque me arriesgaba a que me conectara alguno y me tirara. A pesar de todo, Pacquiao pega muy fuerte y pausé la contienda. El siguiente round hay un intercambio importante de golpes, pero en el quinto lo vi venir como un toro embravecido contra mí, me quería matar de un golpe”.
Acota Beristáin al instante: “lo supo manejar bien Juanma, mantenerlo a distancia. Incluso al finalizar ese round se va Pacquiao dolido de las costillas, porque le entraron dos ganchos. El sexto round salió con un odio que daba miedo”.
Y el corazón de los mexicanos vibró. Juan Manuel tenía un corte en la nariz “más escandaloso que otra cosa. Era un corte no profundo, pero como era en el tabique sangraba mucho. Sin embargo, Juan Manuel respiraba bien. Aún hoy en día hay quien dice que estaba mal físicamente y no es cierto”, cuenta Beristáin.
Con el filipino en pleno hervor arrancó el sexto round. Pacquiao se quedó sin alma por unos segundos, quizá vio una luz. Cayo rígido y sus manos se contrajeron hacia su cintura. Su mujer lloró y Beristáin mismo antes de celebrar procuró ver que el filipino viviera. “Es que fuera del cuadrilátero, Pacquiao es una gran persona, podría decir que hasta un buen amigo”.
Estuve preparándome para este momento por muchos años”, menciona Márquez exultante. “Pac-quiao fintaba y tiraba el uno-dos. En una de esas, hace la finta, me muevo a su derecha y me cuelo en su guardia con la rapidez suficiente para aprovechar su propia velocidad y la mía. Entonces, si el impacto que di iba con potencia, agarró el doble porque él se me venía encima. Sentí en mi mano los huesos de su quijada y lo vi caer. Me sorprendió verlo azotar así, pero me emocioné al escuchar el conteo final. Ya después, me di cuenta que no reaccionaba, fueron momentos de expectación grave en la arena”.
Mi novia es médico y en ese momento pensó que Pacquiao estaba muerto, me lo dijo después en casa”, reconoció el mánager de Manny, Freddie Roach. La esposa de Pacquiao, Jinke, trató de llegar hasta la plataforma de boxeo, pero con tal cantidad de sorprendidos aficionados en ringside apenas pudo andar unos pasos hasta que fue retenida por el promotor Bob Arum y esperar con ansioso nerviosismo las noticias de salud del filipino.
Han pasado tres años del golpe brutal que recibió. Manny Pacquiao apenas tuvo actividad boxística en cuatro ocasiones, ganando tres y perdiendo una, la última contra Floyd
Mayweather dando ventajas en el peso. Fuera de ese ambiente, se postuló para el Senado de Filipinas.
Creo que me siento un mejor boxeador. A partir de esa derrota corregí muchas cosas en que fallé. Ahora sé que debo tener paciencia, no debí salir en un round a mitad de la pelea con ganas de noquear, el nocaut nunca debe forzarse por mucho que veas a tu rival lastimado. Tuve la pelea en ese momento pero decidí mal y con Márquez no se puede hacer eso”.
El final de la pelea fue un caos. Obsesionado como estaba Márquez con Pacquiao y viceversa, el desenlace no aparece con ese nocaut. “Hay que limpiarse muchas cosas por dentro”, afirma Nacho Beristáin. “Me metí a bañar porque el sudor de una esquina del ring es muy apestoso, el sudor del boxeo huele a miedo y ése es difícil de quitar aun cuando te laves. Normalmente me metía a escuchar ópera o leer, pero esa vez era imposible por la cantidad de personas que estaban en la suite de Juan Manuel”.
Aún con toda la adrenalina, Beristáin y Márquez tuvieron que pedir pizzas y cervezas para atender a los actores de cine, televisión y cantantes que se metieron a festejar el triunfo. “Era mucha gente que no estaba antes, pero ya se lo dije, él sabrá lo que hace. A mí me gustaba escuchar a los aficionados gritar por los pasillos de los hoteles”, relata el manager.
Juan Manuel, ya sin presión, asegura que no había otra forma de demostrar su valía que con un nocaut. “En otras ocasiones nos habían robado la pelea y en ese sentido, la gente de pantalón largo le hace mucho daño al boxeo. Entonces de alguna manera le ganamos también a los viejos que fungen como jueces de Las Vegas y se van con el peleador que genera más dinero”.
Juan Manuel peleó en cuatro ocasiones más ganando tres y perdiendo ante Timothy Bradley. A los 42 años tiene en el entrecejo hacer una contienda de retiro. Parece que no le alcanza el tiempo, tan metido como está en la política y aspirando a la enrarecida federación de boxeo.
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