La final contada, aquella vez que Cruz Azul no falló
A 18 años del último título de Liga de La Máquina, varios campeones reviven el juego en el Nou Camp

CIUDAD DE MÉXICO.
Siete de diciembre de 1997: Cruz Azul enfrenta al León, que dirige Carlos Reinoso, en el Estadio Nou Camp. El árbitro es Arturo Brizio.
El sol era espantoso. Ellos tenían un equipo fuerte, muy peligroso: con Medford, Missael Espinoza y Ángel David Comizzo. En el Azul, en la ida, los arrollamos. Por una suerte increíble no pudimos meterles más goles que el penalti”, describe Lupillo Castañeda, entonces lateral derecho de La Máquina.
La ventaja la puso Benjamín Galindo, tres días antes. “Enfrentaba a uno de los porteros más ágiles y más vivos de ese tiempo. Era un partido aparte: tenía que saber a dónde tirarle, para que no hubiera dudas. Le pegué arriba, a su derecha, y entró. Fue el más importante de mi carrera”, añade el Maestro.
El marcador se mantuvo hasta el inicio del segundo tiempo, en el juego de vuelta. Entonces, Missael remató de volea un centro de Med-ford, venciendo al Conejo Pérez.
En el descanso, nos echaron humo con una manguera. No hubo charla técnica, porque no se veía nada en el vestidor. Tuvimos que hacerlo en la cancha. Hubo mariachi toda la noche y nos tocaban las puertas de las habitaciones en el hotel de concentración”, narra Agustín Morales, que hacía pareja en el medio campo con Carlos Barra.
Todo mundo tosía”, recuerda Omar Rodríguez, el lateral derecho. “Fue una de esas bombas apestosas, como les dicen. Sabíamos cómo era Carlos Reinoso, hasta pensábamos que algo le podía meter a la comida. Era muy tramposo”.
Pero, volviendo al partido, el gol del León se dio en la única jugada que tuvieron”, interviene Lupillo. “Palencia falló una sin portero, que pudo definir las cosas. Físicamente los superamos”.
Fue precisamente Castañeda quien salvó a La Máquina, en la siguiente jugada: Batrovic burló al Conejo y Lupillo llegó para sacar su remate a tiro de esquina.
Si ese balón entraba, según Billy Álvarez (presidente del equipo), Axel Bierbaum (preparador físico) y Mario Carrillo, la final estaba perdida”, refiere. “Después vino el penal”.
Juan Reynoso decía que prefería recibir un gol, a reventar una pelota. Esa era su personalidad. Como sus compañeros en la defensa, teníamos la certeza de que, si nos superaban, él estaba ahí, cuidándonos las espaldas. Además, el carácter de Sixtos y Castañeda eran fundamentales”, menciona Rodríguez, gemelo de Johan.
Terminado el tiempo regular, siguieron los tiempos extras.
El empate hizo crecer al León, pero Tena, en el banco, te mostraba confianza y creía en nosotros”, apunta Galindo, quien saldría de cambio por Agustín Morales. “Teníamos jugadores de mucho peso y personalidad. Eso facilitó las cosas”.
A los cien minutos, en una jugada en el área, Brizio marca una falta: penal para Cruz Azul. Comizzo, que en principio salió a despejar, se llevó en el camino a Hermosillo y le cortó la ceja de una patada.
En ese momento, yo estaba en el túnel”, sostiene Lupillo. “No vi la patada, porque 10 minutos antes me expulsaron junto a Flavio Davino. Llegué al vestidor, donde había un monitor: allí estaban viendo el partido. Justo cuando voy en el pasillo, a oscuras, el utilero grita “¡penalti!” Corrí a preguntar: ‘¿qué pasó?’ y vi la repetición”.
Carlos no estaba contemplado para jugar”, indica Morales, también lesionado de las costillas. “Clínicamente el doctor Zarur le había dicho que no, que era muy complicado hacerlo. Al final, Tena lo llevó a la banca y esa fe que le tuvo, nos la transmitió. El tirador oficial era Héctor Adomaitis”.
Galindo, que metió el 1-0 en la ida, coincide con ambos: “Para Carlos fue algo soñado. Pidió el balón desde el inicio”. “Un final de película”, complementa Rodríguez.
Ese torneo, el del Invierno 97, Cruz Azul ganó su último título de Liga; después, perdió siete. “Cuando dimos la vuelta, Palencia nos dijo: ya tenemos colchón de otros 17 años para ser campeón. Lo decía de broma...”, concluye Lupillo.